Escrito por Felipe León
El inmenso aporte de Sonic Youth se traduce en tres décadas de fructífera vanguardia musical, quedando constatada en discos que, en mayor o menor medida, impactaron en el panorama general más independiente. Por ejemplo, la segunda mitad de los 80’s quedó marcada por una seguidilla de trabajos que mostraron la mejor versión del proyecto, coronada con un ‘Daydream Nation‘ (1988) que hasta la fecha sigue sonando revelador.
Tras abandonar su anterior sello SST Records, el grupo firmó con Enigma Records, siendo una oportunidad que les brindaría mayor visibilidad. Y no hubo mejor momento para hacerlo, considerando el alto nivel creativo que Kim Gordon, Thurston Moore, Lee Ranaldo y Steve Shelley evidenciaban en los lanzamientos de aquella época, y que francamente explotaría con este monumental muestrario de ruidoso rock alternativo.
Una escuela ligada al noise rock, con toda la experimentación palpada desde atípicas formas de tocar sus distorsionadas guitarras, abrazaría una creciente accesibilidad que en ‘Daydream Nation‘ se posicionó con radicalidad. La crudeza de lo caótico y abstracto sellando una alianza con temáticas sobre alienación, ansiedad, apatía y adolescencia, expuestas al límite por un grupo acostumbrado a romper con lo establecido.
En parte su fórmula radica en destruir cualquier limitación, apostando como fue costumbre durante toda su carrera, a desplegar su propia visión compositiva; a la Sonic Youth. Terreno idóneo para crear realidades sónicas desde el comienzo con «Teenage Riot», pasando por «‘Cross the Breeze», «Total Trash«, «Silver Rocket», «Candle», «Hey Joni», «The Sprawl», hasta el cierre con «Trilogy». Simbólicamente, un punto cúlmine de todo un espíritu nacido en las marginalidades del rock.
