Escrito por Hernán Carrasco
Ante la inminente visita de Katatonia de este próximo 18 de marzo en Sala Metrónomo –entradas por PuntoTicket–, es menester indagar en la importancia del grupo europeo en el mundo del metal, siendo una fuente de leyes estéticas para el metal alternativo desde una arista distinta a la de lo estadounidense.
El metal alternativo de los 2000 suele pensarse como un fenómeno meramente estadounidense. Claro, bandas que construyeron una reputación inigualable como Deftones, Tool o System of a Down fueron claves para el desarrollo del género, todas ellas tomando una identidad marcada por la tradición del rock y el metal alternativo de los 90: riffs densos pero dinámicos, expresividad visceral e íntima y una estética sonora definida por contrastes entre pasajes experimentales y otros más texturales.
Sin embargo, esta narrativa deja fuera una vertiente igualmente importante que se desarrolló en Europa durante la misma década. En esto entra Katatonia, una banda sueca que venía haciendo música desde los noventa con un enfoque más centrado en el death/doom y el metal gótico. La tradición europea de bandas como The Gathering o My Dying Bride hizo eco en una época dedicada a explorar los matices más sombríos del metal; incluso bandas suecas como Tiamat, que esbozaban atmósferas ominosas y ocultistas, compartían con Katatonia un impulso por llevar el metal hacia territorios introspectivos y melancólicos. Esta tradición europea fue el caldo de cultivo para el “cambio de switch” de Katatonia en los 2000, en pleno auge de la segunda oleada del metal alternativo, desarrollando un enfoque emocionalmente más complejo e introspectivo.
Podría considerarse una herejía no mencionar el hito de la segunda oleada del metal alternativo, pues White Pony (2000) supo distinguir el cambio de milenio con un disco sumamente ecléctico, introspectivo y textural. En este sentido, Katatonia no se aleja de la virtud de White Pony, sino que la nutre con la tradición europea ya mencionada. Las melodías en discos como Viva Emptiness (2003) o The Great Cold Distance (2006) se mantienen apegadas a la densidad y melodía del metal gótico europeo, mientras la voz de Jonas Renkse aporta una emocionalidad austera y profunda que traduce la melancolía europea al lenguaje del metal alternativo de su época.
Katatonia consolidó así una vertiente europea del metal alternativo, marcada por la introspección, la densidad emocional y la coherencia atmosférica. Su enfoque sirvió de modelo no solo para bandas europeas, sino también para grupos norteamericanos como Junius y A Pale Horse Named Death, evidenciando un traspaso de influencias de Europa a Estados Unidos. Estas bandas aprendieron de Katatonia cómo combinar melodía, densidad y atmósfera sin perder emotividad. De este modo, la banda amplió los horizontes del metal alternativo y dejó un legado de sofisticación emocional y estética europea que sigue siendo un referente en la escena contemporánea.
