Escrito por Catalina Figueroa
Durante años, hablar del REC fue hablar de rock. Pero mirar la parrilla de Festival REC 2026 nos hace actualizar la lectura: el rock sigue ahí, en los platos fuertes del festival, pero ya no basta para explicar la identidad del evento que, a día de hoy, es el más grande de Chile en su formato.
La programación de esta edición evidencia la transformación del Festival REC que se viene consolidando hace rato; hoy se construye desde una mezcla mucho más amplia, donde conviven el pop, el urbano, el folclore, el reggae, el metal, el funk, el jazz, la electrónica. Si bien, Concepción sigue siendo para muchos “la cuna del rock”, hoy parece funcionar como una vitrina más compleja, más abierta y, sobre todo, más representativa de la escena musical.
La raíz que se mantiene
Es un hecho que las guitarras y la música pesada siguen presentes en propuestas del cartel como JET, Travis,Cuarteto de Nos y Tronic. A ellos se suman proyectos como Los Jaivas, que desde hace décadas desbordan cualquier etiqueta simple al mezclar rock psicodélico y progresivo con sonidos andinos, o León Gieco, cuya trayectoria pasa por folclore y rock. Y es que incluso dentro de ese núcleo, el Festival REC ya no exhibe una sola forma de rock, sino varias.
La amplitud se vuelve todavía más evidente cuando se observan sus extremos. Holocausto, desde el thrash metal, y Anomie, con una propuesta entre el black metal y el post rock, expanden el mapa hacia sonidos más duros y de nicho. Animales Exóticos Desamparados, por su parte, también tensiona esa raíz con una mezcla de rock y post-hardcore instrumental.
La apertura del cartel
Pero donde el cambio se vuelve más claro es en los géneros que antes habrían parecido secundarios dentro del relato dominante de Concepción como “la ciudad del rock”. Por un lado Young Cister instala con fuerza la música urbana, mientras Teorema aparece desde el rap y Jaimo UFO mezcla hip hop, jazz y electrónica, llevando el cartel hacia territorios que hace algunos años no eran centrales en este tipo de programación. En esa misma línea, Martín Acertijo cruza folclore y urbano, una combinación que resume bastante bien cómo se está moviendo hoy buena parte de la música chilena: menos rígida, menos purista y mucho más experimental.
El pop también aparece Kudai y Supernova, trayendo consigo una memoria generacional ligada al pop rock, mientras Nico Ruiz se mueve desde el pop latino y Niebla Niebla explora un lugar más difuso entre el pop experimental y el shoegaze.
Gondwana instala el reggae, Titae 4 Funk se mueve entre el funk, soul y jazz, Lali de la Hoz propone una puesta marcada por la percusión y lo tropical, y Ala Vorágine mezcla folclore, pop y rock. Más que una suma de géneros aislados, lo que aparece en REC 2026 es una lógica de convivencia: un festival que ya no se define por una sola tradición, sino por la capacidad de reunir varias.
Quizás ahí está uno de los cambios más interesantes del REC, pues no abandona su raíz rockera. La expande. Y en ese gesto, más que perder una identidad, parece haber encontrado una más honesta y, tal vez, más coyuntural, adaptándose al curso natural que ha tomado la escena.
Si alguna vez el REC fue, literalmente, leído como “Rock en Conce”, hoy su valor parece estar en otra parte. No solo se trata de un cambio de nombre, sino también de comprender que la identidad musical de la ciudad –reconocida hace ya 3 años como “Ciudad creativa de la música” por la UNESCO– ya no se defiende desde una sola etiqueta, sino desde la posibilidad de seguir vigente integrando la pluralidad sonora local, nacional e internacional.
