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‘Luminescent Creatures’ de Ichiko Aoba: Caprichos de otro mundo

Por Renata Velásquez Romo

Hay una cualidad acuática en la música de Ichiko Aoba que cuesta explicar, como flotar en el agua y sentir que se tapan los oídos ligeramente. Mirar hacia arriba y ver solo celeste a través de un sol cegador. Una seguridad que te mece y te permite cerrar los ojos y dejarte ir. Todo esto engloba la música de ‘Luminescent Creatures’. 

El oceánico contexto de Ichiko Aoba

En su octavo álbum, Aoba adentra su chamber folk de lleno, hundiéndose en un sonido que lleva años cultivando, sin dejar al lado la innovación. Desde sus inicios ha sido acompañada de la guitarra acústica, que ha estado a su lado desde ‘Kamisori Otome’ (2010) hasta el presente. En 2020, con ‘Windswept Adan’ se comenzó a escuchar un sonido nuevo para la cantautora, experimentando con la instrumentación en una forma que no se había visto en su discografía hasta ese momento. Timbres, flautas y violines lograron pintar con sombras y relieves la antes pura y sencilla obra de la japonesa, creando un sonido aireado y húmedo que marcó un punto de inflexión en su discografía. 

Contrastar canciones como «i am POD (0%)» de ‘0’ (2013), llena de melancolía y una contundente pero solitaria guitarra como único pilar para la versátil voz de Ichiko; con «Porcelain», que rebalsa con instrumentos y ambiente, nos permite crear una más concreta imagen del cambio en la era musical en que se encuentra la artista de Kyoto. 

Y esta era no está solo empezando, sino que Ichiko Aoba profundiza en este sonido con total certeza. La peculiar elección de progresiones musicales en la obra de Aoba es un arte que ha cultivado a lo largo de su carrera, que complementa su dulce y aireada voz que solo se ve enriquecida de estas. Desde la portada del álbum podemos ver un juego con el agua, que, siendo ella de origen japonés, juega un rol importante dada la geografía del país y las distintas islas que lo conforman. 

Canción a canción

Abrimos con «COLORATURA», donde un canto de sirena nos sumerge por completo en un mundo monótono, guiado por una misma tecla del piano. La tensión crece hasta explotar en una delicada flauta y violines de ensueño. La cinematografía puede lograrse simplemente a través de la música –esto puede haber nacido del mismo trabajo de Ichiko Aoba en el soundtrack de ‘Amiko’, película del 2022–, con cambios marcados pero no abruptos que solicitan la total devoción del oyente al arte que crea la nipona.

Taketomi, Okinawa. «24°03’27.0″N 123°47’07.5″ E», el primer interludio de ‘Luminescent Creatures’ nos lleva allí, una pequeña isla al sur de Japón, que forma parte de las inspiraciones de la nipona al construir su octavo disco. Una nota constante y un canto inquietante estabiliza esta corta melodía. La guitarra y la voz de Aoba como destellos en un cielo oscuro, que se ven con claridad desde el pastizal sobre el cual se sitúan las coordenadas que dan nombre a este track.

«mazamun» es dulce y gentil, una canción de cuna que crece lentamente y se alimenta del xilófono, con una calma que caracteriza a Aoba y permite descansar la oreja en este track, con confianza de que todo estará bien, como un abrazo de mamá. Belleza constante que calienta los intestinos.

«tower» sigue la misma línea delicada y refinada, pero “whimsical”, como sacada de un cuento de hadas o un mundo lleno de elfos. Maestra instrumentación y una bella voz, con las creativas y a veces inesperadas progresiones que caracterizan a Ichiko. Una cierta melancolía se siente inminente en tower, un aspecto siempre presente que solo hace crecer la expectación e incertidumbre que empuja a escuchar más. 

«FLAG» trae un tempo más rápido de lo usual para Aoba, mezclado con su siempre presente guitarra acústica. Encapsula un sonido que no escuchábamos de ella desde ‘q p’ (2018), pero con un giro que sólo la experiencia y el tiempo puede dar. Es bueno volver a lo básico y revisitar las cosas que hacíamos en el pasado, hacerlas con los conocimientos del presente nos permite crear algo bello, y «FLAG», uno de los tres sencillos de ‘Luminescent Creatures’, demuestra esto. 

«Cochlea» es como un móvil de conchas, gira y crea brillos con el paso del viento, y cómo interludio nos deja un descanso antes de los últimos cuatro tracks del álbum. 

«Luciférine», claramente referenciando a lo malvado de Lucifer, no suena malvado en lo absoluto. De hecho trae una luz casi fuera de lugar, pero que marea como la marea fuerte, te mece de forma violenta de un lado a otro y descansa. Son estos contrastes los que nos muestran lo malo y lo bueno en una pelea, constante y cambiante entre estos mareos y descansos que permiten el avance de esta canción.

«pirsomnia» destaca entre el resto de las canciones de ‘Luminescent Creatures’. Un sampling vocal acompañado de instrumentación que suena como si estuviera siendo transmitida a través de una radio vieja muestra un sonido único en el octavo álbum de Ichiko Aoba, con cortes abruptos que constrastan completamente con el resto de su orgánica y lisa. Un vistazo de lo que podría llegar a ser un futuro proyecto creativo. 

«SONAR» es amorosa como la noche, zancudos que no muerden y solo crean contraste con la luz de la luna y generan atmósfera y cariño. Un dulce piano acompaña la igualmente dulce voz de la cantautora y adornan un cielo con colores cálidos y pasteles. 

«Wakusei No Namida» es como un coro en una catedral vacía, el eco creando una nueva canción en si misma, despidiendo ‘Luminescent Creatures’ con lo que trajo a Aoba al punto en que se encuentra en su carrera: su siempre presente guitarra, que, aún en un lugar solitario, le permite crear música que resuena en todo lugar, hayan o no hayan personas.

El octavo álbum de Ichiko Aoba nos muestra que la artista, a pesar de tener una ya larga carrera, tiene caminos por recorrer. Con elementos nuevos que permiten pintar con más colores, logra crear escenas extremadamente envolventes, llegando al fondo del corazón y haciéndolo latir, aunque sea, un poquito más rápido. 

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