Live Reviews

Los Fabulosos Cadillacs, Fishbone & Chico Trujillo en Chile: Definiciones de música popular

Escrito por Matías Astorga

Fotos por Damián Ceitelis

Aún me zumban los oídos, la garganta quedó para la historia y el cuerpo me está pasando la cuenta, pero qué pedazo de noche se vivió ayer en el Santander Arena. Cuando un recital te deja doliendo hasta los tobillos de tanto saltar y cantar, sabes que valió cada maldito peso.

Ver a Chico Trujillo abrir la jornada con el recinto junto a una congregación notable fue una locura. El Macha y sus compañeros salieron sin rodeos a armar la fiesta; en un par de compases tenían a toda la cancha y las plateas bailando apretados, con ese calor de fiesta de barrio que te suelta las piernas y te hace reír con el desconocido del lado. Esa vibra cálida, de pura cumbia y aguante chileno, dejó la pista hirviendo.

Y de golpe, la patada en la nuca: Fishbone. Qué banda más desquiciada y qué manera de sonar en vivo. Angelo Moore es un animal de escenario. Nos metieron en una juguera de funk repleto de groove y un ska clásico que mantuvo el pogo andando en la cancha. No había tregua: era empujar, saltar, bailar al son del ska, y dejar la primera mitad del aire de la noche.

Para cuando se apagaron las luces y salieron Los Fabulosos Cadillacs, la adrenalina estaba al tope. Arrancaron con «El genio del dub» y «Mi novia se cayó en un pozo ciego», y el Santander se vino abajo; fue como si un camión nos pasara por encima. Flavio en el bajo es pura actitud y Vicentico no necesita moverse mucho para tener a todo el mundo en el bolsillo. Cantar a todo pulmón «Manuel Santillán, el León», «Mal bicho» y saltar descontrolados en «Matador» fue una gran pasada. En los bises, cuando invitaron a Aníbal Rigozzi y cerraron con «Yo no me sentaría en tu mesa» intercambiándose los instrumentos, la cancha entera era una sola masa abrazada cantando el coro.

Salí empapado en sudor, con la polera pegada y el pecho inflado, pero con ese bicho que siempre le pica a los más fanáticos al revisar mentalmente el repertorio. Porque se mandaron 22 canciones al hilo, sí, pero ¿dónde quedó el ska callejero de «Silencio Hospital»? ¿Y el coro desgarrador de «Gitana»? Ni hablar de una joya como «Basta de llamarme así», que nos dejó a varios con las ganas atravesadas en la garganta.

Y ahí es donde me queda la duda dando vueltas… Hoy tienen la fecha de gala en el Teatro Coliseo, un formato mucho más íntimo. Capaz que ahí se saquen el pillo y toquen «Gitana» o desempolven alguna de las joyas que dejaron fuera, porque en un teatro tienen que meter alguna sorpresa sí o sí. Si alguien va hoy, avise qué onda, porque esa intriga me va a carcomer todo el fin de semana.

También puede gustarte...