Escrito por Amelia Maffei
En el Aula Magna de la UACH se da por inaugurada esta 33ra versión del FICValdivia con la última entrega de la aclamada cineasta argentina María Aparicio, A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, protagonizada por Roger Koza y Eva Bianco. La obra forma parte de la sección Gala del festival, espacio otorgado pocas veces a talentos tan jóvenes como el de Aparicio, quien en los últimos años se ha ido instaurando como una presencia recurrente en FICValdivia. “María es la Milo J del cine argentino” – clamó Koza en el estreno.
Roger Koza es un referente de la crítica cinematográfica en latinoamérica, y además de ser académico en la vida real lo es también interpretando al historiador Dante, sorprendiéndonos con una performance cálida y colmada de sutilezas. A estas alturas Eva Bianco se corona como la musa absoluta de Aparicio, habiendo colaborado con ella previamente en Las cosas indefinidas y en Sobre las nubes. Eva acapara la pantalla personificando a una cineasta homónima, de mirada severa y lengua afilada.
Madrid funciona como fugaz escenario para el encuentro entre estos dos cordobeses en tránsito. Eva viene de estrenar en un festival de cine en Francia y visita la ciudad por unos días, mientras que Dante se encuentra instalado hasta que se culmine su beca de investigación, que lo tiene estudiando obsesivamente la obra del español Juan Bialet Massé sobre las luchas obreras de principios del siglo XX en Argentina.

Eva y Dante comparten el dolor por una patria que los tiene adormilados de rabia. “¿Para qué tantos libros, tanto estudio y tanta película?” – espeta Eva chispeando amargura – “Ganó Milei y el mundo está poblado de genocidios. (…) ¿Por qué estudiar un texto de 1904 y arrogantemente juzgar la infelicidad de los trabajadores?
“¿Por qué no enfocarnos en el presente mejor?” – Eva no es formalmente una académica, pero viene de estrenar en un festival de nicho en Francia atendido por un puñado de cinéfilos europeos. Con sus palabras no solo busca incomodar a Dante, sino que encarna una frustración compartida en toda latinoamérica con el alza de la ultraderecha y la progresiva pérdida de derechos sociales por los que ha costado tanto luchar. Su monólogo viene de la impotencia y la autocrítica.
El cine y la academia comparten un lazo complejo, se alimentan mutuamente pero se repelen también. El cine tiene la capacidad de llegar a grandes masas, mientras que la academia habita muchas veces burbujas insondables para quienes no forman parte de ella. El mundo se desmorona y hay que hacer algo. ¿Pero cuándo ese algo será suficiente para generar un verdadero cambio? Ni Eva ni Dante tienen la respuesta, pero comparten las mismas frustraciones.
A veces me entra la tristeza, a veces la rebelión es un verso de la canción Milonga de un peón de campo de Atahualpa Yupanqui. A veces la rabia y el dolor nublan la acción y otras la movilizan. Aunque pareciera ser fútil a ratos el estudio del pasado, un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro. Aparicio enfoca su última entrega en la importancia de accionar esa memoria y no dejarla abandonada en un libro.
