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Sepultura en Chile: Despedida con real significado

Escrito por Juan Pablo Ossandón

Fotos por Andie Borie

Más allá de la validez narrativa que una porción del público metalhead busque dar de la despedida de Sepultura, incluso si han pasado 30 años, la verdad es que los hechos dictan que la realidad de la agrupación brasileña de metal es mucho más rica y amplia que sus discos clásicos. Sería fácil para Andreas Kisser y compañía remitirse a su discografía únicamente hasta el ‘Roots’ (1996) y listo, pero hay que concederles que llevar el nombre de forma oficial demanda un compromiso con sostenerlo durante el tiempo y no ser meros intérpretes, sino que creadores; de lo contrario sería un mero acto de nostalgia y eso sí que sería problemático. Quien sabe, hasta esos mismos metaleros que se queja por la formación actual de los de Belo Horizonte hubieran sido los primeros en lanzar la piedra de haber sido el caso. Bueno, no lo fue.

De hecho, lo que esta primera despedida puso sobre la mesa es, justamente, celebrar la vida a través de la muerte. Como un guiño a ese peculiar fenómeno de “ver pasar toda la vida ante tus ojos” cuando los seres humanos se encuentran en sus últimos momentos, Sepultura quiso hacer lo mismo, pero claro, de forma consciente, voluntaria y con un claro control sobre ello. Salió bien, y el Teatro Coliseo, repleto, estalló en su primera noche de dos.

La agrupación de metal mapuche Mawiza fue la encargada de oficiar como acto de apertura, tarea que se aseguraron de dignificar al máximo nivel. Y es que, para alguien que les ha visto repetidas veces a lo largo del tiempo –de incluso cuando se hacían llamar Nunca Seremos Dichosos–, la banda cada vez brinda mejores shows. Llega a ser ridícula la consistencia y el crecimiento que se vislumbra en lo que hacen, y esta vez no fue la excepción, incluso si sólo tenían media hora para demostrarlo.

Empezando el show con una performance escalofriante y muy celebrada de “Mür”, un corte percutido que ve parte de sus bases estilísticas en el dark folk, Mawiza rindió un set muscular que reventó la cancha a punta de circle pits que se nutrían de la consigna de resistencia indígena y mapuche de los músicos, sonando con suma fuerza cortes como “Wingkawnoam”, el hit “Mawiza Ñi Piwke” o una notable rendición de “Battery” de Metallica apropiada al mapuzungún. Hasta wall of death hubo, simplemente no fallan.

Lo de Sepultura fue un show bastante completo, y el propio ritmo del concierto proponía sumergirse en la historia de los brasileños. El vamos lo dio la bomba que fue “Inner Self”, sentando un caos celebratorio que superaba la entrega del público de visitas pasadas –o al menos la gran mayoría–. Hay un ejemplo bien gráfico y concreto de eso: el moshpit jamás consiguió ser un circle pit que girara en “orden” como suele ser lo usual en bandas de este tipo. No, más bien parecía una reacción azarosa motivada únicamente por estímulos venideros directamente desde las vísceras. Entre mosh y pogo, diría. Y lo que el suelo resbaloso por las cervezas lanzadas permitía, también.

Otra demostración de lo anterior es que la segunda canción que presentaron, “All Souls Rising”, es del último EP que publicaron tan sólo en abril pasado. Esta dupleta sentó el tono: de nostalgia nada, porque el arte no se queda en los laureles. Así, tras la vertiginosa explosión que significó “Desperate Cry”, vinieron varios cortes de la era clásica de Derrick Green, como “Against” o “Kairos” –que igual califica–, la respuesta del público no decepcionó. De hecho, si en algún momento los asistentes mostraran algo que se pudiera describir como tibieza, fue solamente en los cortes del último EP, por un tema de novedad.

Y bueno, los momentos. El violento corte de la etapa más temprana y silvestre de Sepultura, “Escape to the Void”, el averno desatado, pero sólo había rostros sonrientes. “Kaiowas”, y la aparición de Mawiza en la percusión. Para la foto. La enmarcaría. Además, el contraste con la acelerada “Dead Embryonic Cells” levantaría a cualquier muerto.

Las ovaciones estaban a la orden del día, y aunque el Coliseo ya se había convertido en toda una caldera, los ánimos no mermaron en lo más mínimo. La influencia e importancia de Sepultura simplemente es demasiado grande, y su llegada a Chile incluso aún más, idea que Kisser hizo notar en un par de veces al declarar que el público chileno fue clave a la hora de apoyar a la banda a lo largo de los años, sin importar la etapa.

Todo ese cariño, recíproco, encontró una salida en los armatostes de hits que tiene el conjunto: la excelencia groove que es “Territory”, el pulso veloz y tribal de “Refuse/Resist”, la sorpresa con bengalas incluidas de “Slave New World”, el grito salvaje brasilero de “Ratamahatta”, todas muestras de un legado imperecedero. Y si cualquiera de los argumentos erigidos no son convincentes, la experiencia es determinante: basta con ver como cada presente saltó con “Roots Bloody Roots”. Conciertazo.

 

Setlist de Sepultura en Chile:

  1. Inner Self
  2. All Souls Rising
  3. Desperate Cry
  4. Kairos
  5. Means to an End
  6. Attitude
  7. Against
  8. Choke
  9. The Place
  10. Escape to the Void
  11. Kaiowas
  12. Dead Embryonic Cells
  13. Convicted in Life
  14. Beyond the Dream
  15. Territory
  16. Refuse/Resist
  17. Slave New World
  18. Arise
  19. Drum Solo
  20. Ratamahatta
  21. Roots Bloody Roots

Juan Pablo Ossandón

Director de Expectador.

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