Escrito por Franco Ascui Fuenzalida
Fotos por Aarón Castro Pino
Tras años de espera, LANDMVRKS por fin debutó en Chile con un show en la Sala Metrónomo, marcando además el término de su primera gira en tierras latinoamericanas. El quinteto de Marsella llegó al país como uno de los nombres más consolidados del metalcore europeo actual, con cuatro discos de estudio en su haber y un recorrido que los ha llevado a compartir escenario con bandas como Bring Me The Horizon y Sum 41.
Los orígenes de LANDMVRKS se remontan a 2014, cuando el vocalista Florent Salfati y el entonces baterista Nicolas Soriano fundaron el proyecto bajo el nombre Coldsight. Salfati, que en un principio solo pensaba tocar la guitarra, terminó asumiendo la voz principal tras no encontrar a un cantante que calzara con su visión. Con la incorporación de Rudy Purkart en el bajo y Nicolas Exposito en la guitarra líder, la banda cambió su nombre a Landmarks —estilizado más tarde como LANDMVRKS— y debutó discográficamente con ‘Hollow’ en 2016, para luego consolidar su sonido en ‘Fantasy’ (2018), ‘Lost in the Waves’ (2021) y su más reciente LP ‘The Darkest Place I’ve Ever Been’ (2025).

Un debut explosivo
La expectativa era bastante antes de que los franceses subieran al escenario. Con un atraso de 30 minutos, LANDMVRKS hizo esperar a su público que ya estaba cansado de escuchar otra cosa que no fueran los himnos modernos que poco a poco se han hecho un espacio en la escena del hardcore mundial. La ansiedad desaparece con el inicio de la base de rap de “Creatures” y el tan característico flow francés de esta banda que a partir del primer minuto tenía en su mano al público chileno.
Personalmente, hace mucho mucho tiempo que una banda en vivo no me impresionaba tanto como LANDMVRKS. Hace meses que no me metía a un mosh, no porque me faltaran oportunidades, sino porque hace tiempo que una banda no me contagiaba su energía como lo hicieron los franceses. No conocía casi nada a la banda, sin embargo, los riffs aplastantes de guitarras y los cambios de ritmo son muy intuitivos y la calidad vocal de cada uno de sus miembros es irreal.
Harta tinta y titulares digitales se han dedicado a reforzar la idea de que el metal es un arte forjado en fuego y es sinónimo del poder. Qué los demonios. Qué la velocidad y blah blah blah. Pero realmente lo que siento que une al metal en todos sus sub géneros es la actitud. Valor que LANDMVRKS tiene de sobra.

Flow europeo y tradición hardcore
El ritmo del show de los europeos no flaqueó en ningún momento. Pausas relativamente cortas entre canciones y un derroche de energía increíble en canciones como “Death”, “Blistering” y la potente “Sulfur” para cerrar el primer bloque.
El único momento de paz momentánea fue cuando Florent tomó la guitarra acústica para versionar la primera parte de “Suffocate”. Un jengibre auditivo para limpiar la cabeza después de un constante martilleo de guitarras tipo djent. El público, por su parte, jugó un rol fundamental en el éxito de LANDMVRKS en Chile. Con barrera de idioma de por medio o no, la música de los franceses transmite un lenguaje que se puede entender por emos, metaleros y punkis por igual.

Para la parte final, “Lost In a Wave”, “Requiem” y “The Darkest Place I’ve Ever Been” fueron los puntos altos en la mezcla rapera/metalera de los europeos. Me saco el sombrero especialmente con lo que agrega Paul Cordebard en la labor de guitarra rítmica por su energía y desplante, pero, lo que me dejó con el mentón desencajado fue la potencia de sus guturales. Parte del sentimiento de vapuleo sonoro constante es gracias a las múltiples voces que tiene LANDMVRKS.
Cordebard, por su parte, no es ningún extraño a la escena, siendo miembro fundador de la banda de “easycore” Chunk No, Captain Chunk!

Para rematar un show redondo, LANDMVRKS se despide con “Self-Made Black Hole” para dejar la pista de baile de la Sala Metrónomo echa una piscina de sudor. Florent, ya en éxtasis por el feedback de la gente, se acercó a cantar el final de “Black Hole” en un acto clásico del hardcore punk. Una práctica que debió haber realizado más veces en verdad. Hubo crowdsurfing, pasos prohibidos en el pit y solo faltaba tener a nuestro nuevo amigo francés más cerca, cantando cara a cara.
