Discos

‘Vaho’ de Asia menor: Radical flujo de lo abstracto

Escrito por Felipe León
Foto por José Pedro Downey

A costa de evitar los caminos obvios, Asia menor ha elaborado su propio lenguaje musical como resultado de la libre asociación entre sus partes, con músicos capaces de construir y desarmar a su antojo. Se trata de una filosofía artística destinada a caminar en laberintos de lucidez, con salidas discográficas al exterior que suelen ser preciadas anomalías como ‘Vaho‘, su segundo álbum.

Asintomático a las tendencias, el grupo de Temuco responsable de ‘Enola gay‘ (2023) radicaliza en su segundo álbum la idea que existe tras su interpretación. La trépida ansiedad guiada por un post-rock de salidas art punk se torna más reflexiva y existencialista, como si la decepción de lo inevitable mutilara cualquier posibilidad futura de emancipación/realización. Entonces lo común es notar aires de incongruencia y confusión en estos relatos, más asemejados a los de un hablante lírico que a los de un cantante.

Entregarse a una creación más salvaje perfila de un modo sostenible lo abstracto, bajo condiciones especialmente densas que dinamitan los ánimos hasta volverlos solubles. Flotante e impredecible la propuesta responde a una intuitiva curiosidad, que funciona como balanza entre los impulsos más ruidosos que carcomen la música de Asia menor, y la estela de etéreas sensaciones que subyacen su escucha angustiante, asfixiante, acuática, tensa y emotiva.

Radical flujo de lo abstracto

Sobre todo ‘Vaho‘ es un álbum para escuchar una y otra vez, se deja reposar, de esos que siempre tienen algo nuevo que contar. Aún así este esfuerzo algo resistido o desconcertante para parte de su audiencia, no es más que otra muestra de la habitual posición incómoda a la que suelen poner a sus oyentes, pese a que los temas de su antecesor  en el contexto de la banda sí que eran algo más armados, hasta «hiteros».

En cambio los límites se vuelven difusos, pero tras la neblina se esconden detalles que no serían lo mismo sin la producción que hay detrás. De partida la decisión de enterrar un poco más la voz en la mezcla elimina cualquier intento de volver Asia menor coreable, lo que funciona dentro de este afiebrado ambiente, tal como detallan canciones como la inquieta y resbalosa «Vi al diablo«, o «Metal» que de seguro pondría orgulloso a Mark Hollis de Talk Talk.

Del comienzo con «Lo bueno que tiene, lo malo que ignoro» se resume el tono post-rock imperante a lo largo del disco, tanto por la construcción de intensidad como exploración de atmósfera. Pese a que esta sonoridad se percibe en variados pasajes, es al final cuando se culmina con mayor profundidad esta búsqueda de climácicas consecuencias en «Mehuín» y «Calor«, ambas en compañía de Narval Orquesta.

Dentro de la crudeza de «Seis lagunas«, las referencias al Age of Empires II en «Cartas» y la consistencia de «Luego, también«, arraigadas a un art punk de tonalidades math y prog, descansa el resto de ‘Vaho‘. En el futbol existe una palabra para describir a Asia menor: crack.

 

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