Escrito por Nicolás Merino
Fotos por Gabriel Rivera
El pasado domingo, Santiago volvió a recibir a la banda de punk californiana Samiam. A veces, terriblemente teorizada. Otras, no tanto. Pero siempre es atendible su aporte a la cultura del punk rock de los noventa, así como también a la cristalización de nuevas formas de integrar el emocore en sonidos más modernos a la propia constitución del género (cuando este mismo ya había inspirado no solo un montón de formas de punk, sino también de rock). Son aportes innegables. Y es un lujo que la banda a quienes se le pueden adjudicar dichos avances siga tocando en vivo a lo largo y ancho del mundo.
Sobre Invierno
Invierno, la banda de midwest emo nacional, estuvo encargada de abrir la jornada. Es una banda canónica. No solo eso, sino también una que ha sabido actualizarse. Sus únicos dos álbumes publicados hasta la fecha, aún con una década de distancia en el medio, son lo suficientemente distinguibles y sólidos como para establecer una celebrable carrera que ha sabido mantenerse a lo largo del tiempo.
Indiferentemente de ciertos problemas de sonido menores, Invierno supo levantar una gran presentación. Repasaron toda su carrera y adelantaron algunas canciones nuevas. Como suele pasar con este tipo de bandas chilenas, el público responde según su conexión individual con las canciones. La mayoría de las veces, con respeto. Otras tantas, con un poco más de entusiasmo. De nuevo, una banda tan inserta culturalmente como Invierno inevitablemente termina generando nexos implícitos con los entusiastas de su respectivo género. Y para el contexto de un concierto pequeño y celebrado durante un fin de semana largo, es natural que rápidamente se establezca una tónica hogareña.

Sobre Samiam
Este artículo es un buen espacio para aclarar algunas mentiras que han esparcido los medios chilenos sobre música. Muchos salieron a decir que Samiam logró combinar el punk rock con “el emo” (lo escriben así, como si esa terminología respondiese a un género musical concreto, cuando hace años que se superó esa idea en circuitos de discusión musical seria). En estricto rigor, el aporte de Samiam a la historia del punk fue imprimir punk rock y emocore en el mismo disco. Y varias veces, con excelentes resultados.
Sin embargo, es pertinente apuntar que no fueron ni los primeros, ni los únicos, ni los mejores. Se puede decir con bastante seguridad que Hot Water Music llevó esas mismas ideas a puertos más ambiciosos e interesantes (y eso sin considerar las adyacencias al post-hardcore y al hardcore melódico en algunos discos de Hot Water Music, que por definición la transforman en una banda diametralmente más atrevida que Samiam).

Tampoco se puede desconocer que la banda eventualmente tomó otra dirección que poco tenía que ver con ese sonido. Y eso fue hace varios discos atrás. Esta vez mucho más cerca de la cultura adyacente al emo pop que los rodeó desde un principio, que de cualquier tratamiento creativo que le pudieron haber dado al punk rock -o, para estos efectos, en cualquier forma de punk- en sus comienzos.
Más allá de pelear imaginariamente con otras líneas editoriales deliberadamente descuidadas, la verdad es que una correcta lectura y clasificación de los géneros impresos a lo largo de la discografía de Samiam tiene una utilidad real a la hora de revisar sus presentaciones en vivo. No solo para no errar en la terminología aplicada, sino para explicar algunos de los más obvios problemas de cierta etapa de su carrera. No hay ningún problema en el hecho de que Samiam haya apostado por una época más próxima al rock que al punk. Los problemas vienen en la naturaleza inherentemente menos creativa de esa etapa. Y su celebración desmedida puede venir acompañada de una actitud que implícitamente denigra el esfuerzo que implica levantar un proyecto de emo pop genuinamente creativo.

En fin, a Samiam le pesó en esa amplia estima que le tienen a sus últimos trabajos. El hecho de que hayan arrancado con ‘Lake Speed’ y ‘Clean Up’ rápidamente estableció el tono irregular de la presentación. Es cierto que rápidamente supieron dar con ‘Factory’, del álbum clásico You Are Freaking Me Out (1997). Como también es cierto que el primer punto alto del concierto llegó con ‘Dead’, que a su vez es uno de los puntos altos de su respectivo disco tardío. Ese desnivel de pulso y entusiasmo entre las distintas canciones mermó la tónica general del concierto.
No se puede desconocer la narrativa interna del setlist de Samiam. La experiencia fue creciendo, y ciertamente encontró sus momentos más altos en los repasos a Astray (2000), con seguridad su álbum más celebrado. Pasajes como los de ‘Dull’ a ‘Mud Hill’ llevaron la jornada a reglas que bien podrían calificar como las de otro concierto. Incluso, en términos prácticos y técnicos, a la altura de esas canciones la presentación de los californianos ya había llegado a un nuevo estándar.

Es pertinente mencionar que el arranque del concierto no solo estuvo rodeado de problemas de sonido, sino también de tono. En una actitud tan propia de estas bandas, se suben al escenario desprendiéndose de su misticismo (si acaso esa no es otra expresión de su propio misticismo) para afrontar a su público en una actitud supuestamente neutra. Sinceramente, no necesariamente lo es. Es obvio que las audiencias perciben esta energía y se comportan en consecuencia. Y en un lugar pequeño como lo es Club Ambar, también entra un factor de proximidad que termina reducido a su expresión más literal. Entre la disposición de los músicos y otros factores como la actitud de los fotógrafos, la inconsistencia tonal solo seguía acrecentando.
El final falso con ‘Sunshine’, la canción que abre Astray, naturalmente significó otro momento alto del concierto. Para todos los efectos, simplemente una gran canción. Cualquier concierto reacciona correctamente en consecuencia con un corte así.
El bis, quizá algo anticlimático, conformado por ‘Capsized’, ‘She Found You’ y ‘Full On’ no mantuvo el tono de ‘Sunshine’, pero cerró el concierto en la nota alta de remitirse a los álbumes más clásicos. Hasta un corte de Clumsy (1994) apareció.
El hecho de que Samiam siga tocando en vivo, o el cómo toque Samiam en vivo a día de hoy, poco tiene que ver con el genuino aporte de su música. Es importante tener eso presente. Sobre todo en la cultura adyacente al punk. Y también sería ideal que, al menos en Chile, se distanciara un poco más la calidad de un concierto con el valor de los discos de la banda en cuestión. Obviamente, la cultura y el ritmo de las coberturas prácticamente no admite espacio para reflexionar. Es lamentable, pero así está demostrado. En fin, desde una óptica más optimista, la última visita de Samiam a Chile nos dejó una gran jornada. Desde otra más cínica, se desaprovechó una instancia que pudo haber elevado otro tipo de reflexiones y conexiones.
