Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Damián Ceitelis
Este pasado viernes 4 de septiembre, La Cúpula fue el punto neurálgico en la capital de sonidos ligados al hardcore, emo y punk con esta fecha compartida entre Tenemos Explosivos y Estoy Bien. Ambos proyectos de generaciones distintas, los primeros instalados desde las vísceras de un post-hardcore contestatario que observa y siente el dolor colectivo del pueblo chileno, y los segundos son la mejor carta del emo-pop actualmente en nuestro país, conquistando a sus seguidores con una música emocional a través de un tratado melódico inspirado y frenético.

Los primeros en tomarse el escenario fue el trío compuesto por Benje, Mati y Pino, quienes, con ya bastante años de experiencia sobre el ruedo y una popularidad creciente, muestran una presencia escénica sólida y con mayor propiedad, así como, evidentemente, un atractivo tal que llama la atención de quienes no les conocen. Después de todo, por diferencias que puedan haber entre las propuestas de Estoy Bien y Tenemos Explosivos, los puntos en común son mayores –especialmente el potencial de converger–.

La agrupación reventó el pit con canciones del ‘Apoyo Emocional’ (2023) como ‘Ahora’ o ‘Piel’, haciendo gala de un sonido muscular que mantuvo las energías a tope en todo momento. Incluso en sus canciones más nuevas e inéditas, y es que esta fecha es fácil la más significativa antes del lanzamiento de su segundo disco ‘A La Distancia’, por lo que era un golpe en la mesa que debían dar. El recibimiento fue notable, de hecho, un tema como ‘Carta’ ya comenzó a cobrar su carácter de hit con buena porción del público coreándola. Además, la naturaleza de himno que tienen temazos como ‘Frente a Frente’ y ‘Lo Difícil Se Hizo Largo’ dejó florecer el sentir juvenil de la música emocional como un acto compartido entre todos los presentes. Tremendos.

Para el turno de Tenemos Explosivos, y con un recinto a full capacidad, ya bien todo el mundo sabía lo que iba a pasar. Se trataba de la conmemoración de los 14 años de ‘Derrumbe y Celebración’, clave álbum en la discografía de la agrupación de post-hardcore. O, en otras palabras, 14 años de su álbum debut. El inicio oficial, por así decirlo. Canciones que cargan con la memoria colectiva de al menos dos generaciones enteras desde su lanzamiento, y, aún más importante, del sentir comunitario de un pueblo que se rehúsa a bajar las manos. De allí nace Tenemos Explosivos, después de todo.
Entonces, una vez empezó el show con ‘El Mejor Jugador del Fuego’, el caos se hizo ver, pero no un acto agresivo cualquiera, sino la catarsis de un grupo de personas que, tal cual pulsión a nivel psicosocial, se convirtió en una masa viviente y susceptible a cualquier estímulo. Entre alegría, lágrimas, rabia, pogo y crowdsurfers, se aseguraron de cantar cada uno de los gritados versos de Ed Pávez con grandes canciones como ‘Cuerpo Al Aire’, ‘Piratas y Emperadores’ o ‘Todas las Barricadas del Mundo’. Qué gran forma de ver el latido persistente de aquellos que cantan con sentido lo que buscan estas piezas.

Es que el efecto de Tenemos Explosivos es particular, y de cierta forma acogedor incluso. Apelan a que nos fijemos en eso algo más grande que nosotros mismos, de la gente, del que tenemos al lado, algo que todos los presentes entendieron y sintieron desde sus distintas realidades. Eso emociona. De verdad que sí. Algo necesario para el convulso presente político con el gobierno de turno de extrema derecha que aflige a nuestra patria. Un sentir monumental que estalló con ese encore de ensueño con canciones de los otros tres discos del grupo, en donde especialmente ‘Santos de Lisboa’ y ‘San Borja’ exprimieron hasta la última gota de energías de esta celebración de su disco debut. Un rito necesario para celebrar el paso del tiempo en comunidad, porque somos seres humanos, y son este tipo de cosas las que brindan significado a la vida.
Últimamente, e independiente del género musical, está quedando la sensación en la buena mayoría de los shows de bandas chilenas, de que son instancias importantes. Ya sean proyectos nuevos u otros con más recorrido. No es algo menor, y quizás corresponde hablar de que estamos en una era dorada para la música chilena en ese aspecto –y también en lo creativo–. Como mínimo, es señal de que en Chile estamos tomando aún más orgullo y atención de lo que sucede musicalmente en esta franja de tierra, y qué lindo estar viviéndolo.
