Escrito por Ignacia Pezoa
En agosto de 2016, Your Name llegó a las pantallas como lo que parecía un simple animé romántico, pero en pocas semanas se convirtió en una película que cambiaría el panorama del género para siempre.
Dirigida por Makoto Shinkai, esta cinta sigue a Mitsuha, una joven aburrida de su vida rural en el pequeño pueblo de Itomori, y a Taki, un estudiante de secundaria de la gran ciudad de Tokio, quienes comienzan a intercambiar de cuerpo mientras duermen. Así, la historia da paso a un intento de los jóvenes por seguir la rutina de cada uno y comunicarse a través de diarios y escritos, mientras inevitablemente desarrollan una conexión entre ellos.
Sin embargo, tras el paso de un cometa, el intercambio se detiene de manera abrupta. Taki no puede recordar nada sobre Mitsuha, pero lo invade una sensación de que tiene que encontrar “algo” en “algún lugar” y a través de pistas en sus diarios es que decide ir al pueblo de Itomori. Una vez en el lugar, aún sin saber bien qué es lo que está intentando descifrar, se entera de que Itomori fue destruido completamente por el cometa.
En un intento por desafiar al destino y al tiempo, Taki logra lo imposible para volver a conectarse con Mitsuha y evitar la tragedia. Ambos estaban unidos por alguna razón y debían encontrarse; ambos tienen la sensación de que, aunque aún no se conocen, tienen que encontrarse.
2016 era una época perfecta para que esta película apareciera. Había romance en el aire aún. Todo el mundo estaba obsesionado con la leyenda asiática del hilo rojo, que sostiene que las personas que están destinadas a conocerse están unidas por un hilo rojo (pero invisible) que puede tensarse, enredarse, más no romperse.
Your Name gira en torno a esta premisa: a pesar del tiempo y la distancia, incluso a pesar de la muerte y el desastre, Mitsuha y Taki están destinados a encontrarse. Quizás es por esto que la escena de la escalera – que, por cierto, es un lugar real en Tokio y hoy en día ya está consagrada como una atracción – es tan emocionante. Lágrimas en 2016 y en 2026.

Al ver nuevamente esta película, dos cosas deben ser dichas sí o sí sobre el diseño de su atmósfera. Lo primero es que la animación es preciosa y a pesar de tener intenciones de ser realista, logra un perfecto equilibrio entre los fondos y la animación 2D. El cielo y sus colores son hermosos, cómo la luz entra en el “lente” resulta poético, y la parte en la que caen los cometas queda guardada en la retina para siempre.
Lo segundo es que el soundtrack, completamente a cargo de la banda japonesa RADWIMPS, es increíble. La música no sólo es incidental, sino que hay escenas enteras editadas al ritmo de las canciones, mientras que la letra funciona como una metáfora de aquello que los personajes no logran verbalizar. Al igual que un opening clásico, el tema principal de Your Name es un hit que, sin saber japonés, una empieza a cantar en cuanto reconoce la melodía.
A pesar de esta minuciosa construcción de cada parte del filme, para Shinkai fue una sorpresa que Your Name se convirtiera en la película de animé más taquillera de la historia, superando incluso a El Viaje de Chihiro (2001). Su éxito comercial atrajo a espectadores que no consumían animé y logró que derribaran el mito de que este tipo de producciones son “sólo para niños”, o simplemente peleas de monitos con el pelo de colores.
Su recepción significó también para muchas personas en occidente una entrada a las películas de animación japonesa, fuera de las franquicias de series como Dragon Ball o Evangelion y las grandes producciones de Studio Ghibli. Definitivamente, marcó un antecedente para el animé: desde entonces y de manera avasalladora salió de su nicho y ahora es posible ver este tipo de filmes en salas tradicionales, incluso en horario prime.

A una década de su estreno, y sin lugar a dudas, Your Name sigue siendo una película que no deja indiferente a nadie. Las historias como ésta son imposibles de olvidar y, por más tiempo que pase, las sensaciones permanecen ahí en cada revisita a este filme. Es un gran momento para volver a verla, ya que es cada vez más urgente recordar lo importante que es la conexión humana y entender al otro como si fuera una misma – o entenderse a una misma a través del otro –.
