El Concierto Mechón fue el cierre de una semana de actividades organizada por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción y contó con tres bandas de la escena actual.
Escrito por Catalina Figueroa González
Fotos por Benjamín Acuña
Fotos de Candelabro por Nicolás Rosales
Para las 18:30 horas del viernes 21 de agosto, el foro de la Universidad de Concepción estaba repleto de estudiantes y público general ¿La razón? una jornada de música gratuita que reunió a Dentadura (Concepción), Cámara Chilena de la Destrucción (Temuco) y nada más y nada menos que Candelabro (Santiago).

Una ruidosa apertura con sabor local
El concierto, que por su ajetreo y altísima convocatoria se sintió como un pequeño festival, comenzó con Dentadura, quienes recientemente lanzaron su disco debut Hacer Extraño. El ahora quinteto penquista –tras una reciente incorporación para tocar sintes y samples–, se encargó de marcar el punto de partida con una atmósfera más pausada.
Su sonido, cercano al slowcore, entregó ritmos lentos, pero pesados. Con una batería que destacaba, voces suaves que funcionaron como una introducción gradual al evento e influencias marcadas de bandas como Women o Asia Menor, se hicieron notar en una propuesta que privilegió ambiente antes que vertiginosidad.
Pese a ello, durante su última canción, alguien del público fue levantado, proyectando el nivel de entusiasmo que, incluso dentro de una propuesta de ritmo pausado, se experimentó desde temprano en la universidad emblemática, dando paso a la interacción y el movimiento.

GTA Santiago, pero en Concepción
Después subió al escenario Cámara Chilena de la Destrucción, junto a quienes el ambiente comenzó a desbordarse. Y es que desde la segunda canción comenzó el mosh y las rejas de seguridad colapsaron. La intensidad llegó a tal punto que se pidió al público retroceder unos pasos para resguardar a quienes estaban en primera fila y permitir el trabajo de quienes se encontraban realizando labores de prensa.
Las advertencias se repitieron durante la presentación, en ocasiones dificultando la continuidad del show. Entre el caos propio de un concierto de estas características apareció la búsqueda de un carnet perdido y de una CuentaRUT desde el micrófono.
Más allá de estos episodios, el show entregado por los temuquenses destacó precisamente por su tremenda energía, llegando incluso a dar sensación de brevedad. De igual manera, movieron e hicieron cantar a los asistentes con temas de su split con La Estrategia del Caracol: El hambre y las ganas de comer, teniendo gran recibimiento del público en canciones como GTA Santiago, que dio fin a su paso por el escenario.
La Universidad de Concepción hizo de las suyas
Una cualidad histórica de la UdeC es la imperante necesidad de manifestarse frente a la contingencia social, que bien se hizo notar en el intervalo previo a Candelabro. Desde la Asamblea de la Facultad de Educación, expresaron su descontento ante la desvinculación de las jefas de carrera de Pedagogía en Artes Visuales y Pedagogía en Biología, el primer caso tras denunciar acoso laboral por parte de otro docente.
Esto sumaría 7 casos de desvinculación en la casa de estudios y se exigió la regularización pública y transparente de los procesos de desvinculación, mecanismos reales frente al hostigamiento y represalias correspondientes ante estas denuncias.

¿Sube a nacer con Candelabro?
Tras el espacio de manifestación, Candelabro tomó lugar en un Foro que para ese momento, no daba abasto. La banda, que actualmente se encuentra girando por distintas ciudades de Chile y que incluso llegará a México durante octubre, no solo se presentó en la cuna del rock con las canciones más queridas del Ahora o Nunca y Deseo, carne y voluntad, sino también con adelantos del tercer disco y la presentación de una octava integrante.
Sus influencias folclóricas chilenas atravesaron distintos momentos del repertorio: al subir al escenario con “Sube a nacer conmigo hermano” de Los Jaivas, al referenciar canciones como “Mira niñita” dentro las creaciones propias e incluso llevando un cover de “El mercado de Testaccio” del conjunto Inti-Illimani en su paso por la universidad del campanil. Evidenciando una vez más su diálogo y fuerte arraigo con la música nacional.

Algunas de sus canciones más coreadas fueron “Domingo de ramos”, tema con el cual abrieron generando caos inmediato, “Pecado” y “Fracaso”. Antes de tocar esta última, Javiera Donoso (voz y sintetizadores) se refirió al desánimo generalizado que existe hoy en día, “provocado por la situación que atraviesa actualmente el país”, preparando tierra para una interpretación sentida y catártica, que adquirió un peso distinto dentro del concierto, pasando de ser solamente parte del setlist a ser un espacio para expresar emociones.
Las novedades se avistaron para el fragmento final de la presentación. Fue en Cáliz donde se incorporó a la octava integrante, Luana. Quien llega a personificar ese piano que siempre “han tenido en espíritu”, indicó la banda en un punto de prensa posterior al show, ya que desde el estudio contaban con un externo que interpretaba el instrumento y con la nueva miembro, esto se materializa y se hace posible en vivo. Después, se dieron a conocer temas nuevos, como «Espinas«, un prometedor spoiler de lo que contendrá su tercer álbum, y que podría entenderse tal vez como una extensión de su exploración sonora, que mantiene la esencia del octeto sin dejar de sorprender.
El concierto terminó con Matias Ávila lanzando un “aguante la música chilena, viva Chile, mierda”, tras una intensa jornada que tuvo mucho más que una sucesión de bandas; pues también tuvo un carácter de comunión entre distintas expresiones de la escena nacional y las nuevas generaciones de oyentes que mantienen vigente la figura del penquista como alguien que gusta del rock y se reúne a sentirlo con propuestas y rangos etarios de lo más variado.
