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Prenderse Fuego, de Podium Podcast y GAM: Lemebel a coro

El pasado 29 de julio, los equipos de Podium Podcast Chile y GAM estrenaron el primer capítulo de la audio serie en formato podcast Prenderse Fuego: Las Voces de Pedro Lemebel (2026), un complejo trabajo de estricta naturaleza periodística sobre la vida y obra de Lemebel, uno de los autores y personajes públicos más importantes de la historia de Chile.

Materiales de consulta

El primer antecedente obligatorio es que Podium también estuvo detrás del celebrado podcast Necesito poder respirar: La vida de Jorge González (2024). No es un trabajo fácil, pues tanto González como, por extensión, Los Prisioneros, deben ser las dos figuras de la música más reporteadas de la historia de Chile.

Se puede afirmar con tranquilidad que el rol público de Lemebel mantiene ciertas proximidades al de González. Sin embargo, no dejan de ser personalidades diametralmente distintas. Asimismo, sus respectivos imaginarios no necesariamente se condicen. En un podcast sobre el líder de Los Prisioneros, parece bastante obvio cómo habría de dar con el diseño sonoro. Aparentemente, con Lemebel no se puede acceder a los mismos ejes de referencia. Sin embargo, el equipo de Podium logró dar con una manera más inmersiva y aportadora de montar tanto las memorias de Lemebel como los testimonios de las otras fuentes entrevistadas. Como si cualquier representación de Lemebel fuese parte de la lectura de un eco o proyección de este mismo.

Generalmente, cuando el periodismo adopta esta retórica para ilustrar figuras públicas, existe cierto misticismo aplicado a los perfilados. Sin embargo, en este caso, los archivos de audio hacen la experiencia más tangencial y menos etérea, aún cuando el verdadero perfil de Lemebel parezca privado incluso para él mismo.

Es pertinente apuntar que la vida y obra de Lemebel puede considerarse incluso más estudiada y reporteada que la de Jorge González o Los Prisioneros. De hecho, Lemebel tiene una validación académica (una tensa validación académica) que difícilmente pueda equipararse a la de González, naturalmente más baja y enmarcada en los confines de la aproximación desde la cultura pop. Es cierto también que Lemebel no es inmune a esta última escuela, y es sabido que una parte de esa retórica ha terminado por hacerle daño a la discusión en torno a su obra. Ese es un error que Podium pudo haber cometido. Sin embargo, no solo lo esquiva, sino que reemplaza la retórica por una a la escala de la importancia cultural del personaje. Lemebel termina por recibir una correcta lectura de la figura en la que se transformó su persona, la misma que -según se ha reporteado insistentemente por distintas personas e instituciones- debatía con su persona privada.

Indiferentemente de la inevitable comparación de aproximaciones que ha dado el periodismo chileno a González y Lemebel, sí se puede decir con absoluta seguridad que ambas figuras han sido foco de la institución, pero del periodismo hecho y derecho. Natural e inevitablemente, ese extenso historial de publicaciones pone a Prenderse Fuego de cara a otros de los grandes trabajos periodísticos sobre Lemebel. Entre ellos, Loca fuerte, de Óscar Contardo, probablemente el trabajo más sólido en torno a la figura de Lemebel. También se puede citar en esta conversación libros como Yo, Yegua (2004), de Francisco Casas o Tu voz existe (2025), de Jovanna Skarmeta y Marcelo Simonetti. Son libros que, indiferentemente de su metodología, van firmados por gente que no solo compartió extensamente con Lemebel en vida, sino que también terminó incidiendo en sus trabajos.

Por último, no hay que olvidar la mayor fuente de consulta sobre Lemebel alguna vez publicada: la obra literaria del propio Lemebel. De sus diez libros, solo dos responden a los esquemas narrativos tradicionales de la ficción (aunque existan en ellos múltiples detalles calcados de vivencias reales): la colección de cuentos Incontables (1986) y la novela Tengo miedo torero (2001). Los otros ocho son libros de crónicas. Algunas más teóricas y rozando el ensayo, pero así también están las vivenciales, ya sea de manera retroactiva como en Zanjón de la Aguada (2003) o bien in situ, como en Adiós mariquita linda (2004). De hecho, Contardo le da un uso impecable a los textos de Lemebel al contrastar las experiencias narradas por el autor con los recuerdos de las otras fuentes involucradas en cada historia. Podium hace lo mismo y desde los primeros minutos.

Paradójicamente, aún cuando los textos de Lemebel consten de un alto valor como obras literarias, la cultura popular ha condenado a muchos de estos a reducirse a su mero aspecto anecdótico y episódico, ignorándose de lleno los elementos del estilo. Como si fuesen mitos populares: Lemebel hizo tal cosa. La gracia de esas historias es que están contadas por el propio autor.

El equipo de Podium entendió bien la distancia que los textos del personaje exigen. Las decisiones de guión dialogan directamente con las anécdotas más conocidas, sin nunca llegar a opciones obvias como las citas textuales. En esta misma esfera, el trabajo de guión asume una eficiente disciplina casi televisiva muy propia de los mejores podcasts periodísticos contemporáneos. Con una gran investigación, se asumen como parte de un relato inmediato y didáctico, dotado de las respectivas tensiones y matices necesarios para dar con la sustancia narrativa ideal.

Estrellas distantes

Prenderse Fuego también cumple con la noble -y necesaria- tarea de actualizar un concepto igualmente noble, aunque lamentablemente extinto: el rol del autor como movilizador del foro público. Lo fascinante de Prenderse Fuego es que logran graficar esa retórica incluso antes con la edición de sonido que con las propias cuñas o la narración. Se aprecia en pequeños detalles y matices como la calidez con la que Lemebel se paraba frente a sus audiencias (cuando en Chile existía tal cosa como una audiencia que se parara frente a un escritor. Probablemente, Lemebel fue el último chileno en hacerse cargo de escritor realmente movilizador del foro público. Quizá Nicanor Parra, pero no a la edad que tenía hacia la fecha de la muerte de Lemebel. También hay que apuntar que Lemebel lo hizo hasta sus últimos días y, lo que es aún más sorprendente, de alguna manera lo sigue haciendo. Aún cuando se puede hacer el caso de que su figura superó el tamaño de su obra, también debe acogerse que la figura de Lemebel era parte de su obra como agitador. El podcast de Podium, al menos en su primer capítulo (justamente el que se adjudica la responsabilidad de establecer un tono y un mito), da cuenta de manera efectiva y hasta nostálgica de ese aspecto del autor.

Se puede hacer el caso de que era su dimensión más importante, pues terminaba de condensar todas sus inquietudes políticas y espirituales en un solo perfil público. De nuevo: hoy el concepto está extinto y es inadmisible que se discuta sobre cualquier escritor de la manera en la que se debatía sobre el pasar de Lemebel en vida. Recuerda a casos como el de José y Pilar Donoso, un episodio que incluso tuvo repercusiones en espacios de farándula. Hoy nada de eso existe, y el retrato coral que hace Podium del contexto en el que se desenvolvía Lemebel da con sensibilidades expresivas que pueden recordar, manteniendo todas las distancias, a ese pequeño choque que provoca escuchar cómo hablaba la gente que Patricio Guzmán filmó en La Batalla de Chile (1975-1979).

Retratos

El primer capítulo de Prenderse Fuego aún se hace cargo de cierto carácter impredecible. Como buen perfil, no se explicita tal cosa como una línea que separa los juegos narrativos del relato cronológico. Al menos, no a la luz de una lectura o escucha llevadera.

El hecho de que Prenderse Fuego asuma una narrativa coral no es una decisión meramente estilística ni menos accidental. Aún cuando existen libros estrictamente corales, es bien sabido que también existen textos que, sin asumirse como corales, básicamente ejecutan las mismas reglas formales, pero de manera menos elegante. Básicamente, colecciones de cuñas. Para el último podcast de Podium, la estructura a lo Robert Altman no solo está cohesionada de manera muy precisa y eficiente, sino que también admite aproximarse a la figura de Lemebel desde un prisma inherentemente multifacético (nunca mejor dicho).

A diferencia de lo que pasa con gente como Raúl Ruiz, donde el trabajo retroactivo está puesto sobre el estudio de las obras y el rescate de estas mismas, con Lemebel existe un esfuerzo constante por dar con nuevas vivencias. Relatos basados en evidencia (periodismo narrativo, al final) que, al menos temáticamente, puedan ampliar el cuerpo de trabajo que nos dejó en vida. En cualquier caso, debe reconocerse que Lemebel es un personaje lo suficientemente rico en sus proyecciones narrativas como para contentarse con la exposición de los datos y hallazgos. Eso sigue siendo buena literatura, y por cierto que buen periodismo, sobre todo en un contexto donde las aproximaciones a Lemebel son más bien indecisas respecto a lo que se supone que se entiende por su figura.

Sin ir muy atrás, un poco antes del estreno de Prenderse Fuego, Seix Barral reeditó los libros de Lemebel con portadas alternativas. Todo Chile sabe que las portadas de Lemebel eran parte íntegra de su propuesta artística, y sin embargo no se respetó. Aún cuando se podría asumir que el caso sería central en la discusión sobre los grados de respeto que se deben a un artista o su respectiva obra (temas tan en boca de quienes en realidad les interesa más discutir sobre moral que sobre arte), el tema no pasó de un par de columnas en medios chilenos especializados en literatura. Algunas eran bastante buenas, el problema es que se le estaba predicando a un coro convertido.

Proyecciones

Voces de Lemebel es, asimismo, una más en las voces de Lemebel. Es un aporte particularmente distinguible del podcast recientemente estrenado. Pasó algo parecido con González (aún con tanto material disponible, incluso algunos lanzamientos simultáneos). Sería idóneo ver una reacción similar a Prenderse Fuego. Solo queda esperar.

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