Escrito por Felipe León
La música mexicana está repleta de artistas relevantes que han definido sus raíces populares, abonadas muchas veces con nutrientes más folclórico. Chavela Vargas representa aquello con la ranchera, ese apasionado estilo cantado de habituales notas sostenidas y ocasionales mariachis, subrayada por la artista de origen cubano desde una interpretación íntima, detallada a fondo en una obra legendaria de 1961 titulada con su nombre.
Ajena a la reinante tradición masculina en la ranchera, sobre charros y mariachis, se inclinó por un cancionero enfocado de lleno en los desgarros amorosos del corazón. Tomó 11 composiciones populares, una propia y las cantó sin cambiar nada en las letras, lo que iba en contra del retrógrado pensamiento conservador de la época: una mujer cantando a una mujer.
Un dramatismo hecho a la medida de su contenida, desgarradora, quebrada y pasional voz, que a estas alturas es patrimonio de México. Independiente del revuelo y modesto impacto comercial inicial, su canto trascendió a tal punto que abrió la puerta a que otros cantantes probaran desde un similar enfoque interno, más cercano a lo que comenzaba a ocurrir con la nueva canción latinoamericana, la trova e incluso el folk contemporáneo.
Patrimonial voz de la ranchera
Parte importante de lo cantado por Chavela Vargas en este segundo disco, viene a consolidar lo expuesto en su debut del mismo: ‘Noche bohemia‘ (o ‘Noche de Ronda‘). Una visionaria manera de replantear un estilo popular, adaptarlo a un angustiante y melancólico fuero interno, con alusiones poéticas que no hacen más que habitar sus relatos románticos y hacerlos aún más especiales.
La precisa colaboración instrumental del Cuarteto Lara Foster, aporta sobrios arreglos melodiosos que no se roban el protagonismo pero llaman la atención. Aparecen de vez en cuando con algún detallito por aquí por allá, en medio de un panorama sentimental desbordante en historias sobre soledad eterna, amores incondicionales y corazones rotos.
Chavela Vargas le dio un nuevo toque a diversas canciones populares. Desde los vibratos de «No volveré» hasta la declamatoria «Un mundo raro«, también en la tenue «Rayando el sol«, sufrida «Golondrina viajera«, florida «El día que me dijiste» y desgarradora «Paloma negra«. Son amplias las virtudes expuestas en este larga duración, al conectar con una herencia pasada que en el fondo se revitaliza de estos nuevos testimonios futuros.
Al fin y al cabo, el tiempo terminó por darle la razón a la cantante. Es cosa de escuchar su más memorable interpretación en «La llorona«, e incluso la única escrita con su propia pluma «Adiós Paloma«, a la altura de las demás. Disco fundamental para conocer Latinoamérica.
