Escrito por Teresa Leiva
Fotos por Aarón Castro
Habían pasado más de 26 años desde que la formación clásica de Los Tres publicara un álbum de estudio. Por eso, la presentación de ‘XCLNT’ —pronunciado “excelente”— en el Teatro Municipal de Santiago era una apuesta de confianza entre el sobrio pero fiel público de la banda.
Con la impecabilidad que los caracteriza Álvaro Henríquez, Ángel Parra, Titae Lindl y Pancho Molina interpretaron en orden las once canciones de su nuevo trabajo, grabado en Abbey Road y publicado en abril de este año.

La puesta en escena acompañó esa idea de estreno. Durante las primeras canciones, una pantalla proyectaba fragmentos de las letras junto a ilustraciones que ayudaban a seguir las composiciones todavía desconocidas por algunos. Más adelante, las imágenes dieron paso a secuencias geométricas de cubos, figuras abstractas y colores vibrantes que transformaron el escenario, junto al trabajo de luces, en una experiencia no apta para personas bajo el efecto de cualquier sustancia psicoactiva. Y, con la solemnidad y elegancia del Teatro Municipal de Santiago, existía cierta competencia por la atención entre la propuesta visual y las canciones en sí.
Sin embargo, gracias a las luces, y la necesidad que producieron de quitar la mirada de vez en cuando, se podían observar con claridad las caras del publico: personas entre cuarenta y cincuenta años, la mayoría, concentrados, pendientes a las letras.
Cuando en “Al menos solo por hoy” Henríquez cambió “malos” por “fachos” en la frase: “ganan siempre los malos, a los buenos les va mal”, la sala respondió con aplausos y silbidos para mostrar su aprobación.
En el público también aparecían jóvenes que, por edad, nunca vivieron el auge noventero de la banda. Verlos compartir esas canciones con sus padres me recordó que la música también es una herencia y quizás de las más ricas que se puede recibir.
Las cuecas incluidas en el repertorio provocaron otro de los gestos más llamativos de la noche. Algunas personas levantaron pañuelos de vestir entre las butacas, apelando al público que fue a buscar ese sonido aunque desconociera las canciones nuevas.
A pesar de tocar con su característica prolijidad, si quedó en evidencia durante la interpretación de XCLNT que estas canciones todavía están encontrando su forma definitiva sobre el escenario.

Tras un intermedio de aproximadamente quince minutos llegó el momento de los clásicos. El regreso comenzó con “Gato por Liebre” y con Henríquez empuñando una llamativa guitarra verde lima brillante, tan extravagante que parecía una pera. A partir de ahí, la relación entre escenario y las gradas se volvió más familiar.
“La Torre de Babel” generó uno de los momentos más memorables cuando, al llegar al verso “todo ha quedado en silencio”, cientos de personas obedecieron la instrucción implícita de la canción y guardaron silencio absoluto durante unos segundos. Una coordinación tan improbable como efectiva.
El cierre quedó reservado para “La Espada y la Pared”, una de las canciones fundamentales del cancionero chileno de los noventa. Antes de despedirse, la banda extendió el final con un breve homenaje a dos nombres imprescindibles de la música popular chilena: Jorge González, a quien saludaron interpretando fragmentos de “Tren al Sur” mientras Henríquez exclamaba “larga vida a Jorge González”, y Buddy Richard, recordado a través de “Tu cariño se me va”.
La noche terminó como había comenzado: celebrando la continuidad. Porque más allá de si XCLNT termina ocupando un lugar central o secundario dentro de la discografía de Los Tres, estos conciertos funcionan como la confirmación de algo más importante. Después de décadas de rupturas, proyectos paralelos y reencuentros, la formación original volvió a hacer canciones nuevas. Y, cuando salen al mundo, se convierten en parte de la historia de los chilenos.
