Por Teresa Leiva
Los Motherflowers nacen, antes que todo, desde la amistad y la música compartida. La historia parte en las calles de Puerto La Cruz donde Frank y Veztalone se conocieron rapeando. En Paseo Colón se reunían, junto a otros amigos, a ver el atardecer, improvisar y compartir canciones. Irepelusa se unió cuando una amiga en común entre ella y Frank la recomendó para hacer los coros en una canción los dos amigos. En el octavo piso del edificio de Frank grabaron su primera cancion y casi sin darse cuenta, ya tenían un proyecto en marcha.
Hoy, Motherflowers es un trío que mezcla estilos —con influencias del rap, lo alternativo y lo experimental— y que entiende la música como un espacio de expresión más que como un producto. El grupo ahora regresa a las pistas con su su nuevo y tercer álbum, “Que vayan y lo cuenten”, un trabajo que recoge esa misma esencia libre y emocional, con canciones que exploran lo cotidiano, los vínculos y lo que surge cuando se crea sin demasiadas reglas.
¿Como fue le proceso de hacer este álbum?
Vezta: Mira, puede sonar desordenado, pero la verdad es que la mejor manera en que funcionamos es no encasillarnos, no limitarnos. No vamos al estudio con una idea de cómo queremos que sea la canción, ni siquiera con un concepto. Llegamos, nos saludamos, vemos cómo está cada uno, cómo se siente. A veces partimos conversando un rato, y desde ahí entramos al estudio ya entendiendo en qué está cada uno mentalmente. Después, escuchamos acordes y empezamos a crear desde ahí. Nunca hemos sido de preparar mucho las cosas antes de grabar.
Somos más de partir quizás con algo súper simple, como tres acordes, y después ver qué pasa, y si hay que trabajar más en la postproducción, se hace. Tampoco tenemos una fórmula. Hay canciones de este álbum que nacieron de formas totalmente distintas, y no nos gusta repetir un truco. Si un día hicimos una canción de madrugada y salió increíble, no vamos a intentar repetir eso a propósito, porque sabemos que no funciona así. Todo es bien intuitivo, bien del momento.
¿Cuál ha sido la parte favorita de todo este proceso, desde crear hasta promocionar el disco?
Frank: En mi caso, una de las partes que más disfruté fue la producción. Es una etapa bien intensa, pero cuando ya tienes las canciones compuestas y cerradas, empieza este trabajo de sacar, poner, escuchar todo una y otra vez. Ahí hay algo muy entretenido, porque los tres tenemos miradas súper distintas de la música y de la vida, pero en ese proceso encontramos un punto en común. Es una parte de la banda de la que se habla poco, pero a mí me encanta.
Somos bien apasionados por jugar con las canciones, probar cosas. Por ejemplo, en La Burriquita, como se había perdido parte del proyecto, empezamos a rescatar pedazos, moverlos, subirlos una octava… todo ese juego creativo es lo que más disfruté. Es como colorear: ya tienes el dibujo listo, que funciona perfecto en blanco y negro, pero en la producción le agregas los colores. Y ahí sientes que ya no puedes arruinarlo, solo hacerlo crecer.
Ustedes definen su estilo como “retrofuturismopsicotropical”, ¿cómo se explica eso en referentes?
Irepelusa: Bueno, en mi caso hay varios referentes que me inspiran. Me gusta mucho Juan Luis Guerra, y también toda la música venezolana, sobre todo cuando descubrí la movida del rock venezolano, con bandas como La Vida Bohème o Rawayana, que me nutrieron muchísimo. También me gustan C. Tangana, Alejandro Sanz, y de Chile me encanta Mon Laferte, siento que tiene mucha fuerza. Cuando era chica también escuchaba mucho a La Ley, y la voz de Beto Cuevas igual fue importante para mí.
Frank: En mi caso, la música latina siempre estuvo muy presente, entonces si tuviera que resumirlo, diría Selena Quintanilla. Pero también por el lado de mi papá escuché mucho rock, desde Barry White hasta Queen o Pink Floyd. Y algo más actual, diría que Kali Uchis es un referente importante para mí ahora.
Vezta: Sí, yo diría Jorge Drexler. También todo lo que es el rap venezolano, más que un solo artista, como una escena que representa muchas cosas para mí. Igual, si hay que nombrar algunos, Canserbero, Lil Supa, Akapellah. Y también C. Tangana.
Gran parte de nuestros viajes tiene que ver con esas conexiones que vamos armando en el camino.
¿Cómo evalúan la escena urbana actual? ¿Es tan amistosa y conectada como parece desde afuera? ¿Y han surgido vínculos a partir de sus viajes?
Irepelusa: Sí, totalmente. Nosotros somos muy apasionados por la música, entonces cada vez que llegamos a un lugar terminamos haciendo cosas bien random, como ir al jamming más under que haya por ahí, y ahí mismo conectamos con artistas, muchas veces gente que está empezando. Y nos encanta eso, descubrir qué está pasando, nutrirnos de esas escenas. Gran parte de nuestros viajes tiene que ver con esas conexiones que vamos armando en el camino.
Vezta: Sobre la escena en general, sí sentimos que es bien abierta, bien conectada. Hay mucho cruce, mucha colaboración, mucha conversación. Y nosotros, la verdad… somos bien “promiscuos” musicalmente, en el sentido de que no nos cerramos a nada, nos gusta mezclarnos, colaborar, probar con distintos artistas y sonidos. Eso también hace que todo se sienta más cercano, más comunitario.
¿Ha influido el haber vivido en distintos países y los viajes que han hecho como banda en su música con esencia latina?
Irepalusa: Sí, totalmente. Igual cada uno viene de influencias distintas: hay quien viene más del rap, otro más del rock anglo, otros con referencias más latinas. Pero el hecho de viajar gracias a la música nos ha hecho ir agarrando un pedacito de cada lugar. De España y Colombia principalmente que son países en los que hemos vivido. Entonces, sea el género que sea —porque este albun tiene como 23 géneros—, lo terminamos adaptando a nosotros, lo transformamos para que suene a Motherflowers.
