Escrito por Catalina Figueroa
Fotos por Bárbara Hernández y Nicolás Rosales M.
Hay festivales que se sostienen por los grandes nombres del cartel, y otros que, además de eso, logran construir una narrativa propia. El caso del REC, es el segundo.
La magnitud de su convocatoria, año a año, lo evidencia. Ser un festival musical gratis, en región y, justamente, en una ciudad creativa de la música lo convierte en un panorama inevitable para miles de personas. Pero algo que marca distinción y atrae a muchos es, sin duda, su capacidad de hacer convivir generaciones, escenas y sensibilidades distintas dentro de un mismo territorio. No todos los días un artista de Concepción comparte backstage con JET. Esa es la magia del REC.
Para gustos, colores. El line-up de este año inicialmente generó dudas, eso es un hecho, pero lejos de estar mal, tal vez fue más una oportunidad para aclarar cosas en el transcurso de la jornada. El día 1 de REC 2026 fue precisamente eso: una construcción distinta, una jornada atravesada por la nostalgia, la masividad y una escena local que volvió a reclamar protagonismo.
Con una nueva distribución de escenarios (algo más alejados entre sí) y un recorrido que este año reformuló experiencias del público, el festival abrió desplegando una diversidad de propuestas. Cada escenario fue -y hoy seguirá siendo- un mundo.
Pueblito REC: la puerta de entrada más familiar del festival
El escenario Pueblito REC tuvo a Los Machinga como encargados de abrir oficialmente la jornada. Con un espectáculo pensado para encender el ánimo desde temprano, la banda ofreció una bienvenida lúdica y transversal, convocando tanto a niños como a sus padres.
Antes de estar en el REC, llegaron al Lolla, agradecieron públicamente las oportunidades inesperadas a partir de la convivencia familiar. Y es que según “Papá Machinga”, el proyecto nació naturalmente a partir de la curiosidad genuina de sus hijos por la música, intensificada durante la pandemia.
En ese mismo espacio, la programación volvió a dar espacio a los más pequeños. Continuó School of Rock. La pausa literaria, estuvo en manos de Revista MOCHA. Para el ánimo de media tarde, nada mejor que el hip hop, jazz y electrónica fusionados en un mismo proyecto junto a Jaimoufo.
Chung Hwa, Titae 4 Funk y DJ Nakeye reforzaron la idea de un escenario pensado para la diversidad, el cruce de públicos y el resultado de una experiencia menos masiva por las dimensiones del escenario, rescatando la esencia del REC como jornada de paseo, descubrimiento y convivencia.

Teatro Biobío: la pausa necesaria en medio del vértigo
En paralelo, el Teatro Biobío volvió a asumir ese rol de refugio para la escucha atenta. Siempre es un poco “otro mundo” dentro del REC.
Hubo baladas con Pasaje Boltta. Pero el escenario fue elevando gradualmente la intensidad emocional hasta llegar a Diagonal, la banda de Mauricio Basualto, ex baterista de Los Bunkers, debutando en el REC.
Como ya es costumbre en ese espacio, el teatro ofreció una pausa distinta, una forma de “bajar las revoluciones” sin perder profundidad. Y el cierre no fue menor: León Gieco, ícono histórico de la canción argentina y latinoamericana, terminó por dotar al escenario de una dimensión patrimonial, reforzando la sensación de que el Teatro Biobío no funciona solo como escenario alternativo, sino como un espacio de contemplación y legado dentro del mapa del festival.
Escenario Sono: moshpits, hits y una de las mayores convocatorias del día
Si el Teatro Biobío operó como una pausa, el Escenario Sono fue directamente una descarga. Ahí la jornada tuvo otra velocidad, por momentos, desbordada. Soulburner protagonizó el primer gran moshpit del día, marcando uno de los momentos más potentes de la tarde y dejando claro que el festival sigue dando espacio al sonido pesado.

Y aunque el death metal no tenga nada que ver con el género urbano, el público se extasió de manera similar frente al joven de Quilicura: Young Cister.Con una altísima convocatoria, entregó al Bicentenario una seguidilla de éxitos que todos conocemos de alguna u otra manera. Fue escuchar una playlist de hits contemporáneos en vivo. La respuesta del público fue inherentemente colaborativa evidenciando, así, su solidez dentro de la música chilena.
Aún con cambio de público, esa masividad se replicó con Cuarteto de Nos, que arrasó con un show donde interpretó reconocidos temas como “El hijo de Hernández”, “Algo mejor que hacer” y “Ya no sé qué hacer conmigo”.

Escenario Santander: memoria, revelaciones y los grandes momentos de la jornada
Ahí convivieron la memoria, la corrección histórica, el peso de los nombres consagrados y algunos de los momentos más emotivos y multitudinarios de la jornada.
El arranque con Animales Exóticos Desamparados fue, en ese sentido, una declaración de principios. Además de iniciar su show con un discurso político de Salvador Allende, musicalizaron un poema de La ciudad, de Gonzalo Millán. Fue una apertura que no solo trajo música, sino también sensibilidad artística conectada con una tradición crítica y literaria profundamente chilena.
Más tarde, Holocausto, banda histórica penquista, aportó otra tradición para el día. No solo por su peso dentro de la historia musical de Concepción (al punto de que algunos asistentes que los esperaban en reja los definían como “escuela de muchas otras bandas de Concepción”), sino también por el trasfondo de su presencia: fue su primera vez en Festival REC.

El grupo comentó que, pese a una trayectoria construida desde los años 80, nunca antes habían sido invitados al festival, aún cuando la intención siempre estuvo de su parte. Su inclusión en esta edición operó, así, también como una suerte de corrección histórica. Una de las deudas fue saldada ¿La otra? Claudio Valenzuela. Voz de Lucybell, banda cancelada en la edición 2025. Y no solo nos acompañó por su cuenta en el escenario de Sono, sino también como imitado de los intérpretes de “Te mueres” en el Santander: De Saloon.

Luego vino uno de los fenómenos más evidentes del día: Kudai. Lo suyo fue una locura generacional. Con un público numeroso y un nivel de coreo intenso de principio a fin, la banda desató una de las postales más claras de la jornada: miles de personas reencontrándose con canciones que forman parte de una memoria pop compartida. “Sin despertar” y “Escapar” fueron dos de los grandes temas de la tarde, un karaoke masivo que remontó a los adolescentes dosmileros a sus tiempos mozos.

Y luego llegó el que probablemente fue el momento más emotivo del día: Los Jaivas. 10 minutos de atraso bastaron para provocar las primeras pifias de una jornada larga, pero el grupo no tardó en revertir por completo la ansiedad del público. Su show no solo alcanzó el peak de asistencia, sino que se sintió como uno de esos instantes en que un festival entero se alinea alrededor de una misma emoción. “La Poderosa Muerte”encendió el entusiasmo colectivo, mientras “Mira Niñita” terminó de instalar la fibra más sensible de la noche, dejándonos postales hermosas e instagrameables; flashes encendidos y movimiento tenue, coordinado y, por sobretodo, sentido.
Antes de dejar el escenario, Juanita Parra tomó la palabra e hizo un llamado al respeto, hizo pública su intención de “dejar espacio” (como banda) para que otros proyectos musicales también puedan avanzar y tomar lugar. Fue una intervención tan simple como significativa, y el grupo incluso se retiró del escenario de forma pausada y amable, bailando y conteniendo perfectamente la posibilidad de nuevas pifias en un cambio de público siempre delicado. Después de todo, no es fácil dejar ir a un show de esa grandeza.

Finalmente, el gran cierre del Santander quedó en manos de JET, uno de los nombres internacionales más esperados de la jornada. Y la banda australiana estuvo a la altura: un show extenso y lo suficientemente cercano como para hacer sentir que el cierre no era solo internacional, sino también merecido.
El grupo selló una presentación sólida que encontró en “Look What You’ve Done” antes de desatar el clímax definitivo con unas palabras en español.
Si bien, a lo largo de la presentación, dijeron algunas palabras sueltas en español, hubo una pausa en la que Nic Cester dijo elocuentemente:
“Es nuestra primera vez en Sudamérica. Muchas gracias por la invitación, es un país hermoso”
Para continuar con un “C-H-I” que hizo vibrar a todos en el público que se quedó hasta el final y retomar con “Are You Gonna Be My Girl”, a cuesta baile y saltos de los asistentes.
Más allá de la expectativa lógica por verlos en Concepción, su paso por REC tuvo algo de coronación: el tipo de show que entiende que en este escenario no basta con tocar bien; también hay que leer a una audiencia que lleva horas construyendo su propia épica.
Un primer día que volvió a despejó dudas y confirmó la amplitud del REC
El día 1 de REC 2026 dejó una imagen clara. Sí, hubo nombres de arrastre. Sí, hubo nostalgia, emoción y una cuota importante de espectáculo. Pero también hubo una escena local que no se sintió decorativa, una programación que volvió a insistir en la convivencia entre generaciones y una jornada que confirmó que el festival penquista sigue creciendo no solo en volumen, sino también en sentido.
