Escrito por Juan Pablo Ossandón, Antonia Hernández y Renata Velásquez
Fotos por Aarón Castro Pino y Staff Lollapalooza Chile
El segundo día de Lollapalooza Chile 2026, igual de caluroso que el anterior, fue lugar que acogió un fenómeno algo particular. Y es que reunión a un montón de nombres que congregaron comunidades –y un sentido de comunidad, valga la redundancia– diferentes entre sí, pero que coexistieron de gran forma, representando bien los valores tras una curatoría que busca la diversidad musical.
Y sí, es obvio que musicalmente hablando, los festivales traerán públicos distintos, por lo que, en esencia de lo que propone esta tesis, es esperable de cualquier festival como Lollapalooza. No obstante, en este caso, destaca lo heterogéneo de las comunidades que convergieron este sábado 14 de marzo, con sus propios códigos sociales, aumentados aún más por la masividad que trajeron al Parque O’Higgins. Y, sobre todo, la fidelidad.

Con los fieles: Fonosida y Mano de Obra
Los encargados de abrir el Lotus Stage fueron el acto de indie pop, Fonosida, debutantes en el festival con una carrera de casi diez años a sus espaldas. Saskya Campos y sus compañeros, vestidos de rosa, brindaron un set ajustado que levantó una verdadera fiesta pop en sus distintos matices, de la mano de canciones como «Clonazepan», «Findesemana», o el cierre con la lúdica y satírica «Tiremos». Un show que se sostuvo por este contrato tácito entre el grupo y sus seguidores, quienes no sólo llegaron una buena suma de asistentes –a pesar de lo temprano–, sino que se aseguraron de disfrutar cada canción, saltar y cantar.

Un caso similar y más ruidoso fue el de la agrupación de hardcore punk, Mano de Obra, quienes dieron el vamos en el Alternative Stage con un show agitado lleno de consignas políticas –como siempre– apuntando a la contingencia del país y su actual gobierno. Pero también de un sentido de gratitud gigantesco del grupo, plasmado constantemente en palabras de su vocalista Javier Martínez, agradeciendo tanto a los que están detrás del show, como del público fiel que llenó el escenario y se desarmó en moshpits y bailes 2-steps al son de canciones como «Códigos», «Q.L.C.R.», «Jefe» o «No sirve sin dolor», la que dio término a su set.

Candelabro: Acción y palabra
En su segundo paso por Lollapalooza, esta vez en escenario principal y en uno de los puntos pivotales de su carrera, Candelabro ciertamente arrasó. Pasadas las 16:00hrs y con algunas de las temperaturas más altas del fin de semana, el septeto inauguró el show con “Dedo Chico”, recibiendo a un numeroso público cuyos ánimos fueron creciendo a medida que la presentación avanzaba.
Siguiendo con “Tumba” y “Fracaso”, los que se han convertido en himnos indiscutibles del ahora, sobre todo considerando el clima sociopolítico actual, dieron paso a una visita al pasado por medio del cover de “Ultraderecha” de Los Prisioneros, liberado en redes sociales tan sólo unos días atrás. Aquí, en línea con el ímpetu y valores de la agrupación, las visuales consistieron en imágenes de figuras políticas de la derecha con esvásticas en sus frentes, entre ellos Javier Milei, Benjamín Netanyahu y el presidente electo José Antonio Kast.
Más allá del virtuosismo musical de Candelabro, que a estas alturas llega a ser indiscutible, escenarios son escenarios, y el Cenco Stage en Lollapalooza es con certeza una palestra que puede servir para la manifestación de opiniones políticas, así como se vio en 2019 con Fiskales Ad-Hok. Admirable y, ante todo, valiente. Una presentación precisa que sigue confirmando a la agrupación como parte vital del futuro de la música nacional, e incluso, del debate público.

DJO: La voz actual del indie pop
El proyecto de Joe Keery fue uno de los nombres que más comentarios causó en la tarde de sábado en Lollapalooza Chile, y es que, más allá de que mucha gente ha llegado a su música desde su trabajo como actor (Stranger Things), la verdad es que tampoco hay una forma incorrecta de llegar a ciertos actos musicales. Por lo demás, el músico y sus compañeros se sacudieron cualquier duda, congregando una multitud masiva que bien se sabía sus canciones más allá del hipermegahit «End of Beginning».
En otras palabras, un grupo –y show– que se sostiene por sí solo, y que bien mostró una musicalidad cambiante y camaleónica entre los momentos más psicodélicos y los más poperos, como ese contraste entre el inicio con «Flash Mountain» hasta la pronta llegada de «Basic Being Basic». Por lo demás, el carisma de DJO llenaba el escenario por completo ante un atardecer que vio canciones como «Delete Ya», «Garp Tooth Smile», y el esperado pero no menos sorprendente momento que brindó «End of Beginning», con decenas de miles coreando a pulmón abierto los nostálgicos versos de dicha pieza.

KATSEYE: Más grandes de lo que se piensa
A pesar de presentar como cinco en vez de seis, KATSEYE, uno de los girl groups del momento, demostró su poder de estrellato y variadas habilidades en el Banco de Chile Stage. Lara, Megan, Daniella Sophia y Yoonchae llegaron a tierras chilenas tras su paso por Lollapalooza Argentina, calentando motores para encontrarse con un público que dejó a las integrantes, especialmente Lara, sorprendidas por los fuertes gritos de los presentes.
La convocatoria masiva –tanto en cantidad como variedad de edades– que provocó la llegada de las chicas de KATSEYE las estableció en tierras nacionales como uno de los actos más esperados. Con coreografía interpretada sin traspié e interacciones cálidas con el público, especialmente por parte de Daniela, Katseye presentaron su concisa y precisa discografía, entre las versiones extendidas de “Debut”, “Gabriela” y “Gnarly”, con invitaciones a completar “Chi Chi Chi”’s por parte de Megan, las jóvenes internacionales dejaron un show para recordar.

Turnstile: El grito de miles de almas agitadas
A título personal, si algo dejó en claro este día, y en especial lo que sucedió con Turnstile, es que los públicos de esta edición de Lollapalooza Chile han estado realmente buenos, participativos, conectados y enérgicos. Algo raro, honestamente, considerando que con el pasar del tiempo, el público de festivales en Chile cada vez es algo más pasivo –con excepciones–, pero esta vez fue todo lo contrario. Postulo a que tiene que ver justamente con el sentido de comunidad que se convocó –lo que también viene de la mano con un buen line-up–. Sea la razón que fuere, dejó una buena impresión en todo el mundo: asistentes y artistas.
¿Por qué Turnstile demostró esto especialmente? Porque la música de los de Baltimore llama al agite, al gritar con el de al lado, al entregarse por completo tal y como comanda el espíritu hardcore, incluso en momentos más calmos como lo fue el inicio con la alt rock «NEVER ENOUGH». Aunque el desmadre llegó con urgencia y rapidez con la veloz «T.L.C. (TURNSTILE LOVE CONNECTION», con moshpits por doquier, pero un cálido ambiente de unidad en el que todo el mundo estaba en la misma. Momentum que «ENDLESS» siguió con saltos con efectos telúricos.
Asimismo, dentro de lo que ya se puede esperar en el resto de piezas, otro momento que dejó una linda postal, fue cuando todo el público que repletó el Cenco Malls Stage coreó los sintetizadores de la parte final de «SOLE», siendo una verdadera fiesta hardcore que estalló con el breakdown final de la misma. No hay que darse muchas vueltas para ver que ese sentir genuino, corporal, en pleno presente, se hizo ver canción tras canción, y cuando les digo que «HOLIDAY» o «MISTERY» se sintieron monumentales, es por que así lo fue. En especial el cierre con «BIRDS», cierre con broche de oro.

Lorde: Liberación
El paso del ‘ULTRASOUND Tour’ por Lollapalooza Chile 2026 hizo ver algo realmente bonito dentro del festival. Un espectáculo armado directamente desde el relato de autodescubrimiento y liberación de Lorde como persona, algo de lo que se puede decir que hemos sigo testigos desde sus inicios, en tanto aún era menor de edad cuando publicó su primer álbum. Esa transparencia era visible desde el propio inicio con «Hammer» y «Royals», en donde la fisicalidad de la performance y el cómo se mostró –literal y concretamente– eran los aspectos claves del show.
En ese sentido, era normal tener a un público conmovido como extasiado al mismo tiempo. La música de la neozelandesa tiene ese efecto, tal y como pasó con «Perfect Places» y «Buzzcut Season». O en el momento febril que fue «Supercut», que aún dentro de lo masivo de la ocasión, se sintió más íntimo que un concierto en un venue pequeño, por la forma en que la cámara se mantuvo en su rostro mientras se hallaba recostada en el escenario. Intimidad que replicó en «Liability» de otra forma, desde la absoluta sinceridad y fragilidad.
Con un último acto mucho más festivo, «What Was That», «Team» y «Green Light» mostraron la soltura de una Lorde que hizo saltar y cantar a decenas de miles, con un contraste inmediato con «David» cantando de cerca a su público en camino al Stage B. Una vez en este, cerró su set con la infaltable «Ribs», haciendo estallar el júbilo en todas partes.

Tyler, The Creator: Lo que todo el mundo necesitaba
Lo de Tyler fue el consumo de una de las deudas históricas en nuestro país. No sólo por ser un acto esperadísimo –considerando que es una de las mentes destacadas a la vanguardia del hip hop–, sino porque Tyler canceló su show en 2018 en el mismo festival, quedando esa espina en sus fans. Ocho años después, está bien decir que el artista llegó en un prime –que no parece tener techo–, dando una de las clases de carisma más notables que se haya visto en Chile.
Es difícil llenar el escenario solo. Tyler no trajo escenografía. Era sólo el acompañado de pirotecnias ocasionales, y unas visuales que optaban mayormente por lo monocromático –que por cierto, tenían su propia interacción con los colores de su vestimenta–. Pero bueno, el rapero no sólo llenó el escenario por sí solo, sino que lo dominó. Y desde el inicio con «Big Poe», la locura y el baile llegó de inmediato de un público que esperó años por esto. «St. Chroma» puso a todo al mundo a cantar de forma masiva, algo que bueno, pasó con «Noid», «Sugar On My Tongue», «Who Dat Boy», todas. Eso fue algo que Tyler agradeció, diciendo que venir desde California hasta el otro lado del mundo, incluso tras 15 años de hacer música, y que la gente se sepa cada letra se siente increíble.
Su performance magnética, tanto por sus gestos, sus movimientos, sus pasos de baile y sus expresiones, hacían que cada matiz tuviese sentido, desde la tristes «ARE WE STILL FRIENDS?» y «EARFQUAKE» –cantadas como si no hubiese un mañana, por cierto–, a momentos más bravos como con «Tamale», haciendo saltar a miles gritando «Santiago» al son de la canción. Una fiesta total, en la que el rapero bromeó como suele hacer, expresó su gratitud una y otra vez ante un público que no paraba de hacer cánticos y dar muestras de cariño –al punto de quedar sin palabras–. Ya el final con los moshpits en «NEW MAGIC WAND» o cada verso gritado en «See You Again» fueron la guinda de la torta, demostrando que Chile clama por un show en solitario del artista.
