Escrito por Felipe León
Si hay algo que caracteriza la música de Janelle Monáe es su fascinación por la ciencia ficción, motor narrativo de muchas obras de su autoría. Tal como ocurre con ‘Dirty Computer‘ (2018), expansión de los postulados afrodescendientes que venía explorando con grandes resultados, elevándose como otro gran momento en una discografía llamativa, de alusiones futuristas y reflexiones sobre identidad personal.
A diferencia de los motivos sci-fi más directos, la artista se inmiscuye en temáticas internas que de igual forma vislumbran un universo diverso, detallista y liberador. La interpretación orgánica heredada de su antecesor persiste, aunque se la juega por materializar algo más accesible, dando espacio a las búsquedas dentro de un panorama ecléctico y ganchero. Dinámicas que extienden una invitación a adentrarse en lo más recóndito de su propuesta, a la vez que transmiten una frescura gratificante.
El trabajo de producción marcado por un cruce de texturas como de influencias musicales, se acopla a la expresividad con la que Janelle Monáe expone su amplio rango vocal. A partir de temáticas que visualizan un mundo distópico, dónde la estandarización de las identidades humanas es empleada por las élites para segregar personas, acabar con la diversidad y controlar.
He aquí una crítica voraz que se sostiene por un relato cinematográfico. De hecho apareció una cinta para acompañar el álbum llamada ‘Jane 57821‘, funcionando como complemento de un registro que se pasea con carisma por el R&B contemporáneo, el synth funk, hip hop consciente o el art pop. Variedad Sonora construida a través de canciones como «Django Jane», «I Like That«, «Crazy, Classic, Life», «So Afraid» o «Make Me Feel», o bien las colaboraciones con Grimes en «Pynk», Pharrell Williams en «I Got the Juice», y Brian Wilson en el corte que titula ‘Dirty Computer‘.
