Escrito por Felipe León
La solemnidad al borde del precipicio que sostiene FKA Twigs en su segundo disco, ‘Magdalene‘ (2019), acoge el colapso emocional que atravesaba la artista en aquel entonces. Un vistazo a la vulnerabilidad, la tristeza y el amor propio, a través de magnéticas referencias a un pop ambicioso, que se la juega con la belleza de sus planteamientos y la integridad de lo que busca transmitir.
En torno a exploraciones simbólicas que recogen lo sagrado, y sonoras que acogen con entusiasmo la electrónica, se perfila un tratamiento vocal de lo más curioso, brillando en medio de lugares oscuros por los cuales transitar. Expresividad constructiva que afronta la misión de exponer sus dolores y narrar sus vivencias, meciendo su dinamismo vocal entre cantos más sintéticos y otros al desnudo, a partir de una intimidad absorbente; a flor de piel.
FKA Twigs se somete a una sesión intensa, indagando en las posibilidades de llevar su voz hasta los rincones más indescifrables. No solo impactó en su propia carrera, expandiendo los horizontes de lo mostrado en su antecesor, ‘LP1’ (2014), también lo hizo en la música en general, desde canciones conmovedoras y desgarradoras como la delicada y elevada «cellophane» o el intrigante crescendo de «sad day».
Otras encarnaciones de lo esencial tras ‘Magdalene‘ radican en piezas como «home with you», «fallen alien«, «mary magdalene» o «mirrored heart». Incluso «holy terrain», el único feat que trae a Future en voz, se sostiene bien en el contexto general del disco, pese a que toca una fibra alternative R&B distinta al común de la escucha. La complicidad de productores como Noah Goldstein, Nicolas Jaar., benny blanco o Skrillex ayudaron a materializar tamaña labor. Obra fundamental del art pop en la pasada década.
