Escrito por Felipe León
El lamentable fallecimiento de D’Angelo a causa de un cáncer pegó fuerte en la opinión pública, considerando su relevancia en el desarrollo del neo-soul. Revisionismo de la expresividad clásica del género, cimentada desde su trabajo debut, ‘Brown Sugar‘ (1995), y expandida en su último larga duración, ‘Black Messiah‘ (2014), pero confirmada y elevada a límites insospechados con el arribo de su obra más reverenciada: ‘Voodoo‘ (2000).
5 años tardaría el artista en concebir tan determinante álbum, en parte por un bloqueo creativo que retrasó todo el proceso. Lo cierto es que la espera en aquel entonces valió la pena, teniendo en cuenta la repercusión que tuvo el disco, tanto a nivel de crítica como en éxito masivo, transformándolo en una estrella. Posición incómoda para un talento sensible, que tras el bullicio generado por su música e imagen, se retiraría por más de una década.
Su pronunciado groove funk con fuerte influencia del hip hop, acompañó la estelar presencia vocal de D’Angelo, quien también oficiaría como productor. Desde temáticas relacionadas a la madurez paternal, las relaciones sexuales o el fervor espiritual, sentaría las bases de un registro mucho más atrevido, abierto a un deslumbrante quehacer orgánico, funcional a la llameante y delirante profundidad emocional del cantante.
‘Voodoo‘ es otra de las grandes muestras nacidas desde el colectivo Soulquarians. La obra definitiva del neo-soul, que legaría canciones determinantes como la hermosa «Send It On», la cool «Devil’s Pie«, la movida «Spanish Joint», la colaboración con Method Man y Redman en «Left and Right», o la sensual «Feel Like Makin’ Love», a la par de con el impacto de otras mastodónticas piezas como «Africa», «Playa Playa» o la simbólica «Untitled (How Does It Feel)».
Descansa en paz maestro.
