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Alejandra Moffat, guionista de Los Hiperbóreos: “Algo que parece tan absurdo y delirante, es mucho más real de lo que parece”

Entrevista por Catalina Vives

En el marco del FICValdivia, la escritora presentó la película que fue sensación en Cannes. El largometraje, como un “sueño absurdo” entre lo que es verdad y la ficción, entremezcla figuras polémicas de Chile con situaciones surrealistas que desafían la lógica.

Al tercer día del Festival de Cine Internacional de Valdivia, más de 500 amantes del cine, bajo la lluvia del sur, hicieron fila para tratar de ser los primeros en presenciar el nuevo largometraje de los creadores de La casa lobo (2018). Más de dos horas de espera y sin paraguas, muchos se quedaron fuera de presenciar lo que fue el “estreno más emocionante de sus vidas”, para la dupla Cristóbal León y Joaquín Cociña. Junto a su equipo presentaron, Los hiperbóreos.

A través de la historia real de un caso clínico de la actriz y psicóloga Antonia Gieser, el largometraje revive la figura de Miguel Serrano, un escritor chileno que propagó filosofías esotéricas neonazis durante la dictadura. Absorbida por la película, una dimensión conduce a otra, acumulándose y superponiéndose.

Bajo el cielo de Valdivia, la coguionista de la dupla de directores, Alejandra Moffat explica lo que fue escribir la puesta en escena con títeres, animación y actuaciones de una propuesta de locura. Un guion que cuenta que fue tan confuso, como entender completamente de qué trata la película.

En el estreno, los directores presentaron Los hiperbóreos como un delirio pandémico, ¿por qué?

Nosotros habíamos empezado el proceso de guion y nos tocó la pandemia. En ese momento tuvimos muchísimas reuniones por Zoom, tantas que creo que nos empezó a enloquecer. En un mismo documento anotamos ideas de 200 páginas y tres largometrajes distintos. Ahí, entre la desesperación sobre la confusión y el enredo, Cristóbal nos calló y decidió que nos enfocáramos en Los hiperbóreos. Con la idea de que la película tratara de eso, de nuestros propios enredos. Terminó siendo una versión más neurótica y paranoica del trabajo de guion inicial que estábamos haciendo.

¿Cuál es la decisión de hacerlo saltando de una historia a otra, entre dimensiones de animación, realidad, hasta incluso, la aparición de los directores?

Para mí, la creación y el arte está muy relacionado con este juego. Pensar -“okey, tenemos servilletas, tres plumones y con eso vamos a crear nuestra idea”-. ¿Cómo te vas a mover libremente si hay una estructura que te incomoda y te supera? La escritura no puede ser un lugar de cartón, incómodo, donde sea imposible expresar las palabras correctas. Qué horrible.

Pero significa que es más difícil. ¿Cómo se materializó esta propuesta tan abstracta en algo visual?

No necesariamente la preproducción viene antes de la producción, la postproducción a veces empieza antes de terminar de grabar. Cada película tiene que buscar estructuras que encuentren su propio aterrizaje. Sí, es complejo, pero no hay que tenerle miedo a perderse. A medida que íbamos escribiendo con los directores, pensábamos en cómo lo íbamos a representar, pero si uno lee el guion original, es imposible de interpretar.

Alejandra Moffat.

La película deja ideas inconclusas, ¿es parte de la propuesta dejar confundido al espectador?

Nuestra idea fue meternos en la cabeza de Miguel Serrano y lo complejo e interesante que era. Muchas veces en sus novelas no nombra cosas que él las toma como obvias. Con Joaquín y Cristóbal, siempre nos gusta hacer un juego de rol y pensar de qué forma haría él la película. Al final, usamos lo abstracto para demostrar la extraña forma de pensar de Serrano. En el fondo, como la parte realista, es que tú estás viendo exactamente lo que está pasando en un rodaje, la situación, que sí pasó, donde estamos tratando de construir en la película que nos robaron hace unos años.

¿Apuntaban a que esa sea la intención que el público se quedara al terminar de verla?

A mí me cuesta pensar en las películas como un bloque de público, porque creo que la idea es salir de la sala y comentar las diferentes opiniones. Por ejemplo, hay personas que te dicen que le recordó a un sueño y otras que se quedan dormidos. Es la gracia de vivir en un mundo que tiene que ver con la percepción, la emoción y la racionalidad. El público es subjetivo, tú no tienes nada de control de lo que puedan pensar.

Replanteando la pregunta, la idea de quedar atrapado dentro de la locura del personaje, ¿era el propósito?

Nos importó representar lo absurdo de la suerte de delirio de poder de quienes construyeron Chile, y cómo estos líderes fueron cercanos a la Constitución que hoy en día nos rige. Como se nos cuenta la historia, de manera tan lineal, la gente es seria y supuestamente cuerda y bien de la cabeza. Desde la mirada del contexto actual, cuando miramos estos personajes, nos damos cuenta de que no tienen un mínimo de sentido común. Algo que parece tan absurdo y delirante, es mucho más real de lo que parece.

La película vuelve a tratar sobre personajes de Casa Lobo, como Jaime Guzmán y, en tu trabajo como guionista, la mayoría de tu filmografía trata sobre la dictadura militar en Chile. ¿Cuál es la decisión de volver a tratar el tema?

Nuestra próxima película no tiene nada que ver. Creo que hay que atravesar ciertas cosas para llegar a la madurez necesaria para tratar otros temas. Pero no tiene que ver con una agenda política, sino que con algo personal. Mi vida, mi infancia, mi presente, está marcado por muchas preguntas gracias al periodo de la dictadura. Lo que más quisiera es poder salir de eso. Hoy día es 18 de octubre y seguimos bajo la misma Constitución que se creó en esa época, por personajes que fueron muy brillantes y macabros y que necesito conocerlos más, entender y tratar de visibilizarlo. Es importantísimo que se hable, porque no es un pasado.

Antonia Hernández

Escritora aficionada, fanática de las películas de terror y la música triste

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