Escrito por Nicolás Merino
Fotos por Andie Borie
Chile tiene una relación especial con estas figuras. Es un país al que viene una cantidad inédita de músicos solistas y con el más variopinto esquema de excusas para levantar conciertos. Han existido algunos muy malos, pero para el caso de Kiko Loureiro ayer en el Teatro Teletón, no fue así.
Loureiro fue guitarrista y compositor de la legendaria banda brasileña de power metal, Angra. Es una banda importante, cualquiera lo sabe. Pero desde temprano en su carrera que empezó a jugar con la idea de levantar discos solistas que le brindaran una figura más sólida a su personalidad. Fueron estas las decisiones que levantaron como posibilidad incluirlo a Megadeth, como terminó pasando el 2015.
¿Y sobre los discos solistas de Loureiro? Son discos de guitarristas hechos para guitarristas. Música instrumental construida a punta de extensos solos de guitarra muy virtuosos. Muchas veces con una base rítmica que no es que deje de desear ni nada, si no que deliberadamente pasa a segundo plano.

Para amantes de la guitarra
Eso del formato (por favor no digamos género) de metal en el que un guitarrista se dedica a tocar solos eternos tiene una historia larga, y algo triste. Partió como una expresión específica del hard rock que perfilaron figuras como Satriani o Malmsteen. La gracia radicaba precisamente en desprenderse de buena parte del jugueteo y el carisma del género, sacando las voces y las estructuras tradicionales para cambiarlos por solos de guitarra. A veces mejor logrados, pero en general música bastante olvidable. Eventualmente, aparecieron algunas escuelas de metal progresivo y de djent que operaban con la misma lógica, solo que esta vez en un espíritu más de “banda”, menos que basado en una personalidad.

De igual manera, hay gente a la que le gustan mucho estas cosas, y el hecho de que la cultura del rock tenga todas estas mitologías de los héroes de la guitarra solo ha ayudado a pavimentar más el camino. También influye el que vivamos en un mundo donde personalidades como Loureiro son una suerte de influencer al mismo tiempo que músicos. Todo el tema del trabajo con marcas y la preocupación por transformarse han ayudado a perfilarlo como una figura vendible.
Incluso el formato del evento de ayer tenía un dejo a clínica de guitarra. Que también es algo que en Chile se hace más seguido que en otros países de la región. No digamos que Chile es un país exactamente ñoño de la música, pero cuando les gusta algo, les gusta de verdad. Por eso pagan.

¡Buena profe!
El encargado de abrir la jornada fue Alejandro Silva, un conocido guitarrista chileno que ha extendido su carrera y personalidad a través de su proyecto solista homónimo. Ha hecho múltiples de esos discos con cáscara de heavy metal y que dentro llevan un solo de guitarra inagotable.
Lo que Silva desplegó ayer fue esta típica performance pensada para estudiantes de música. De hecho, e irónicamente, más de alguna persona en el público le gritó “¡buena profe!” a Silva mientras este se encontraba en el escenario. Pero no se podría negar que fijando los parámetros del objetivo en torno a estos mismos márgenes, entonces el show calificaría como un objetivo bien logrado. Efectivamente toca muy bien y la banda efectivamente hizo el trabajo de acompañarlo en unas bases rítmicas particularmente disciplinadas.

Seguramente lo que más falló en la presentación de Alejandro Silva fue lo poco pensada que estaba como show. Las visuales se limitaron a mostrar la portada del último disco, y el juego de luces, cuando no era inexistente, se manifestaba en alguna aventura poco coordinada e incoherente con la música. Por otro lado, los músicos claramente mostraron cierto nerviosismo y falta de tacto entre ellos mismos. Pero bueno, no se puede negar de que tocaron bien y que evocaron respeto y admiración entre una parte considerable de la audiencia, fue una elección en sintonía con el perfil de Loureiro solista.
En el intertanto entre ambos artistas, salió al escenario el mismísimo Lobo Araneda, panelista de Radio Futuro, para hacer entrega de una guitarra Ibanez que se sortearía entre los primeros quinientos clientes en haber comprado su entrada al concierto. No viene al caso decir su nombre, pero quien ganó era una persona bastante joven, como lo era la gran mayoría de la audiencia.

Transversal culto
Obviamente tiene que ver con el hecho de Loureiro haya participado de una banda tan formativa para casi cualquier metalero como lo es Megadeth, y justo en una etapa de Megadeth en la que hace rato que no sacaban un disco decente. Se ganó a los seguidores. Loureiro llegó a aportar como hace tiempo no lo hacía otro miembro de esa banda. Y el solo hecho de que viniera de otra banda famosa como lo es Angra, claro que termina por generar un sentido de pertenencia, sobre todo entre la gente más joven. Sumando esto al ya mencionado transversal culto a las figuras de los guitarristas, era lógico que el público se llenara de mucha gente abajo de los diecisiete, varios con sus padres, según se dejaba ver.
Comenzó puntual con Overflow. La banda de compañía estuvo muy buena, y Kiko Loureiro tiene un despliegue impecable sobre el escenario. No es solo como toca, también sabe llenar con su presencia. En un comienzo, sin contar pausas para hablar, el ritmo fue bastante uniforme; Reflective o Pau-de-Adara son canciones que para estos efectos vienen a tener implicancias comunes. Significan lo mismo.

Quizás con el objetivo de sumarle pulso al show, durante Vital Signs Loureiro decidió bajarse del escenario mientras seguía tocando. Se paseó por la primera fila y luego por el pasillo. Fue un gesto divertido y prendió a la gente para pasar a un medley de Angra. Fueron puras introducciones de canciones de distintas etapas. Algunas famosas como Carry On o Nova Era. La naturaleza acelerada de ese power metal al tiro subió la energía entre el público, aunque quizás tiene que ver con el hecho de que son canciones considerablemente más reconocibles.
Luego de Du Monde, que contó con la gracia de incorporar partes acústicas, llegaron los primeros temas de Megadeth. Uno por cada disco entre los que participó Loureiro. La gente se emocionó y llenó vocalmente aquello que nadie cantaba. Quizás más de alguno hubiese preferido algo de la etapa clásica de Megadeth, pero eso no habría tenido mucho sentido.

Sueños cumplidos
Entre todo esto, Kiko Loureiro subió a un adolescente al escenario. Le dejó tocar su guitarra y todo. Era un cabro joven y se veía feliz. Tocó con quirúrgica precisión una parte de Holy Wars… The Punishment Due y luego improvisó con el resto de la banda. Fue un momento tierno y alegre. Seguramente surreal para ese joven.
Como por arte de magia, de repente se hizo entrada de Alirio Netto, el último vocalista de Shaman antes de su separación. Llegó a cantar temas de Angra, partiendo por la épica Rebirth. Luego Dilemma y al bis.

Comenzó a sonar Crossing, la introducción del Holy Land (1996), solo podía significar que se venía Nothing To Say, y así fue. De nuevo con Netto en las vocales. Le sumaron un cover de ese clásico del Mark III de Deep Purple; Stormbringer.
Solo quedaba una canción, que fue la locura de Enfermo. Buena elección. La jornada terminó en lo alto. Si Kiko Loureiro volverá como solista a Chile o no quizás no es la pregunta. La gente lo quiere, sí, pero está todo pintado para que vuelva a Angra. De hecho, este mes comienza una gira acústica de Angra y Loureiro abrirá uno de los conciertos en Brasil. Entonces lo más probable es que se suba al escenario durante la jornada de Angra y se termine de materializar la primera semilla real de esta reunión. Ojalá que así sea, porque a Megadeth no va a volver.
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Kiko Loureiro
Alejandro Silva


































