Live Review

Silvana Estrada en Chile: Aquel lugar donde todo florece

Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Juan Manuel Hernández

 

Silvana Estrada es una de las voces más fascinantes salidas de México –y Latinoamérica– en el presente, y es que su corta pero trascendente carrera ha tomado al mundo de sorpresa con sus canciones sensibles y melancólicas en el que su voz delicada y prodigiosa, se sitúa como un regalo protegido entre acordes y arreglos del folk contemporáneo y de cámara. ‘Marchita’, su último álbum de estudio lanzado el año pasado, fue una gema como ninguna –y que nos vimos en la necesidad de destacar como uno de los grandes trabajos del 2022–, que sintió como todo un hito.

El ecosistema del folk latinoamericano siempre ha gozado de una riqueza diversa, colorida e importante. Cientos de cantautoras y cantautores a lo largo de estas tierras han encantado al mundo con sus versos frágiles, sensibles, poderosos y estremecedores. Desde la nueva trova cubana de Silvio Rodríguez, la MPB de Milton NascimentoCaetano Veloso, la nueva canción latinoamericana de Víctor JaraVioleta ParraMercedes Sosa, hasta tantas otras formas del género que han progresado hasta el día de hoy produciendo grandes nombres como Natalia Lafourcade y Diego Lorenzini. Todo muestra de los vastos mundos e interminables relatos por expresar de cada quién.

Es en ese panorama que Silvana, de tan sólo 26 años, ha tomado un lugar propio con una de las voces más prodigiosas del día de hoy. Y es justamente en ese contexto que su segundo show en nuestro país –a tan sólo 6 días de su primera fecha–, cobró un carácter tan especial y único. Después de todo, y tal como ella declaró en un par de ocasiones, su show del 24 de octubre en Teatro Nescafé de las Artes sería el último de su gira latinoamericana. El cierre de una etapa clave en su carrera, persiguiendo el cambio cíclico que las propias vicisitudes de la vida en la carretera y aeropuertos conlleva. Uno que nadie desaprovechó, ni la cantautora ni aquellos que la escuchamos.

Tras la presentación del Cuarteto Austral, ensamble de cuerdas de cuatro músicas, quienes brindaron diversos cortes de música de cámara adyacente a lo clásico moderno, no pasó mucho tiempo para que, ante el alto escenario del Nescafé de las Artes absorto en sus propias penumbras, se posara la silueta reconocible de la mexicana, quien prestó su voz para canalizar la prosa –hasta escalofríante– de «Tonadas de Ordeño» de la venezolana Soledad Bravo. El público, atento, divisaba el inicio de un show que rápidamente tomaría lugar a grandes coros con la encantadora «La corriente».

«Tristeza, déjame en paz«, recitaba una y otra vez Estrada, en la medida que interpretaba el sentido track de ‘Marchita’ (2022), instalando el peso catárquico del show ante una audiencia que, aún tímida, dejaba escapar una que otra lágrimas inevitables ante las cadencias e hilos de voz de la cantautora. «Oye que están calladitos«.– dijo la mexicana, sacando carcajadas y relajando al público que, hasta ese momento, no sabía si armonizar junto a la artista o estar en silencio. Así de solemne se sentía, como algo fuera de lo común, aún si es que el núcleo que motivaba las canciones de Silvana eran tan normales y conocidas como la melancolía, el desamor, la nostalgia y tristeza. Pero bueno, con «Carta» finalmente se posaron las voces de cientos de personas al son de los acordes esbozados.

Aludiendo a su temprana partida de su hogar, Silvana Estrada entrega unas sentidas palabras sobre aquel amor de familia al que no puede acceder con tanta facilidad –al menos no desde la cercanía y la piel–. Por lo que, con su solitaria y ominosa voz, deslumbró a las y los presentes con una crudísima versión de «Casa», que tras el entramado vocal del final, provocó que todo el mundo se levantase de sus butacas para aplaudir de pie por un tiempo prolongado.

Así fue el show. Sorpresa tras sorpresa, regalo tras regalo. Todo parecía una experiencia privilegiada, en el que el respeto innato de Estrada por sus influencias trajo celebradas versiones de «Clandestino» de Manu Chao –renombrada como «Clandestina»– y «La Llorona», canción tradicional mexicana que versionó junto a Ely GuerraNatalia Lafourcade en «Un Canto por México, vol. 2», álbum de esta última. O bien, cuando apareció nuevamente el Cuarteto Austral para completar las piezas faltantes para llevar su chamber folk en todo su esplendor, bajo acordes hermoseados en arreglos de cuerdas en «Sabré olvidar», «Marchita» y «Te guardo.

En este punto, ya estaba más que claro que un concierto de Silvana Estrada es una instancia única e irrepetible en el que la cantautora desnuda sus sentimientos y emociones, compartiendo historias íntimas como el profundo cariño y aprecio que tenía con su mejor amigo, bromeando con su carácter conversador al que éste concordaba, pero que validaba con el discurso de la cantautora previo a «Se me ocurre». Con una dedicatoria tan honesta que soltó lágrimas en muchos, de seguro Jorge Tirado, el nombre de aquel amigo que ya no está presente en este mundo, estaría sonriendo desde lo más profundo de su corazón.

A estas alturas, Silvana Estrada desdibujó con su propio carisma, la distancia de la relación parasocial con los asistentes, comportándose de forma entrañable y natural, riendo y respondiendo ante los distintos gritos y elogios de sus fans, quienes, entre varias cosas que dijeron, pedían a borbotones que la cantautora fuese al Festival de Viña del Mar –e incluso «pidiendo» la gaviota en más de una ocasión–. Con esa misma personalidad magnética y radiante, el mar de voces se tornó fuerte ante canciones como «Ser de ti», «Brindo», y por sobre todo», «Al norte». Todo, para tributar antes del encore a Violeta Parra con una cálida versión de «Volver a los diecisiete».

Todo el mundo quería más, pidiendo a gritos extasiados el regreso de la cantautora al escenario por más canciones de su catálogo. Y sí, es un rito estereotípico de casi todo concierto, pero de alguna forma, este ritual se sintió natural –aún si es que haya sido pauteado previamente–. De verdad, cada asistente se paró de sus butacas esperando, ilusionados, más de la voz de Silvana, quien no tardó en regresar para regalarnos «Para siempre» y uno de sus primeros temas, «Tenías que ser tú», la cual contó con el mismísimo Gepe como invitado. Una decisión acertada, como una suerte de agradecimiento por todo el apoyo que ha recibido desde el inicio de su recorrido artístico, y que dejó los corazones calentitos con el calor propio de dicha cumbia mexicana.

Un concierto para atesorar que sanó a muchas y muchos, brindando un espacio seguro en el que expresar la intensidad de emociones tan complejas. Una labor preciosa, que nos dejó sonriendo de oreja a oreja, ante la firma propia de sus hilos de voz. Un concierto maravilloso.

 

Setlist:

  1. Tonadas de Ordeño (Cover de Soledad Bravo)
  2. La corriente
  3. Tristeza
  4. Carta
  5. Casa
  6. Lila Alelí
  7. Clandestino (Cover de Manu Chao, renombrada como Clandestina)
  8. Si me matan
  9. Sabré olvidar
  10. Marchita
  11. La Llorona (Cover de La Manta)
  12. Te guardo
  13. Se me ocurre
  14. Milagro y desastre
  15. Ser de ti
  16. Brindo
  17. Al norte
  18. Volver a los diecisiete (Cover de Violeta Parra)
  19. Para siempre
  20. Tenías que ser tú (junto a Gepe)

Revisa la galería de fotos completa a continuación:

Juan Pablo Ossandón

Director de Expectador.

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