Live Review

Eterna Inocencia en Concepción: Una poética misa de compañerismo punk

Escrito por Hernán Carrasco
Fotos por Benjamín Neira

La lluvia no detuvo la presentación de la icónica banda transandina de hardcore melódico Eterna Inocencia, y tras un cambio de última hora a la Bodeguita de Nicanor, los oriundos de Quilmes pudieron someternos a una tremenda “misa” llena de emociones, catarsis y expresividad. Siendo un recinto un poco más acotado de lo que es el Espacio Marina, la situación congregó a un tumulto de gente que copaba los espacios de la Bodeguita.

Comenzando la jornada cerca de las 19:15 horas, la agrupación penquista Terror Sonoro  abrió el telón. Asomándose como un interesante espectáculo de una banda con casi dos décadas de expertis en la palestra del hardcore más brutal. La esencia anárquica e incendiaria de la propuesta retumbaba con el estruendoso poderío vocal de las dos voces que desgarraron por completo el escenario, batiendo todo tipo de consignas con una soltura increíble.

El sonido, incendiario, gritón, liberador, se propagó en una Bodeguita que comenzaba a llenarse de a poco. Los temas fueron variando, desde sus clásicos a otros más contemporáneos de su disco Apátrida (2019) como “Ni Dictadura ni Falsas Democracias” o  “Terroristas”.  La brutal entrada de Terror Sonoro dio pie a una jornada increíble, que se desenvolvería con suma naturalidad.

Con proximidad, el turno fue de Distancixs, agrupación local de hardcore melódico que mostró su repertorio con canciones de su álbum Memoria (2020), y su último lanzamiento BOCASUR/CANDELARIA (2023). En canciones emocionales y subversivas que contemplan un sabor enraizado en la ciudad. Un momento para honrar el relato colectivo de su propuesta, bien directa y apasionada como en su canción “Masacre de Laja y San Rosendo”, que narra un episodio oscuro de la dictadura.

El turno de Pegotes iluminó el aire de la Bodeguita al presentarse con suma potencia e irreverencia. Los coterráneos se adueñaron del escenario con temas como “A la Mierda”, “Legado” y “Algo más”, con un punk iracundo e irónico, pero con alta carga de crítica social. La velocidad se transformó en cánticos. La directa propuesta de una banda icónica de la región fue sumamente cautivadora para el público energizado. Y es que Pegotes montó con gran vehemencia ese emblema de la irreverencia del punk chileno, pero sobre todo con sus líricas marcadas por la marginalidad y referencias a los barrios de Chile, aludiendo a ese tema social profundo de nuestra idiosincrasia.

Ya cerca de las diez de la noche, el plato final  por fin hacía su aparición en esta lluviosa jornada. De la mano de Guillermo Marmol, Roy Ota, Alejandro Navajas, Federico Lombardi y Germán Rodriguez, Eterna Inocencia aparecía en el escenario ante el rugido de la muchedumbre que cada vez se acercaba más.  Comenzando con “Trizas de Vos” y “A los que se han apagado” del disco, ya clásico, del 2001; partían con suma potencia el momento más esperado del sábado.

La conexión de la banda con el público se hizo sentir. El carisma de Guille, junto con la potencia de las guitarras y la batería incesante fue, sin duda, un motor de emociones que incendió los ánimos de la multitud, coreando cada palabra como si fuese un mantra de liberación. Y es que la potencia de los trasandinos se sentía con todo el fulgor. La conexión tan íntima entre la banda y los seguidores fue sincrónica desde el comienzo hasta el final. Estábamos en presencia de una de las agrupaciones más importantes de hardcore melódico de Argentina y Latinoamérica.

La actuación pasó por distintas épocas, desde sus inicios hasta su recordado Las Palabras y los Ríos, el cual estará pronto por cumplir 20 años. Los célebres instrumentales junto con la poética narrativa de Guille en canciones como “Viejas Esperanzas”, “A Elsa y Juan” o “Nuestras Fronteras” sonaban como nunca, con esa potencia emocional característica de la narrativa argentina.

Poéticos y trascendentales, en el aire se respiraba una comunión de camaradas viendo a su banda favorita, tal cual lo decía el propio Guille en “Cuando Salgo a Tocar” en su frase final “Acá suenan todas nuestras bandas, con nosotros están nuestros amigos…”, tema del último disco “No bien abran las flores” del año pasado. Las canciones pasaban y pasaban, el repertorio al ser tan amplio para una banda de punk como Eterna Inocencia, les permitió llenar de clásicos y canciones más nuevas como “Tu mirada”, “Hojas amarillas” o la grandiosa “Cassiopeia” del Entre Llanos y Antigales (2014).

En cierto sentido, Eterna Inocencia nos muestra una propuesta enérgica pero siempre con un significado un tanto más encriptado y poético en sus letras. Que pueden llegar a ser emocionales, potentes e introspectivas. Las influencias que van desde el bagaje más latino de la prosa, en términos literarios, hasta el directo mensaje de entes como Bad Religion y Propagandhi, los hacen únicos en su especie. Una agrupación muy interesante tanto en álbumes como en sus presentaciones en vivo.

La hora pasaba, los temas sonaban y la gente estallaba en caos y catarsis. Un espectáculo de gente en la que se volvió protagonista al igual que la propia banda. La multitud penquista hizo valer con todo la tremenda fecha de la Eterna en Bodeguita, con el público deshaciéndose en catarsis y crowdsurfing, incluso el propio Guille, comentando que hace bastante tiempo no realizaba ese acto. Los últimos dos temas de la noche fueron la cereza del pastel, donde se formó un “pogo” increíble con “Weichafe Catrileo” del Ei (2010) y “Nuestras Fronteras” del mítico Las Palabras, momento dé catarsis máxima para todos, la jornada acababa y los argentinos se despedían llenos de regalos y mensajes, todo con esa maestría bien cercana. Eterna Inocencia cumplió con ese rol mágico de compañerismo y multitud, potencia emocional y, por sobre todo, Punk.


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