Escrito por Felipe León
Poco se habla de los fenómenos musicales ocurridos en la ex Yugoslavia durante los 80’s, ligados a vertientes cercanas al pop como al rock. Fue en esa década cuando apareció Ekatarina Velika, uno de los grupos que mejor representa la oleada creativa vivida en aquel entonces, y que en sus 12 años de existencia entregó al mundo muy buenas obras como ‘Ljubav‘ (1987)
Este lanzamiento que vino acompañado de una mejor recepción comercial, mantuvo parte de sus dinámicas new wave para así afianzarlas desde un enfoque sombrío y existencial. Claves fueron las andanzas de rock gótico que aportaron mayor dramatismo y solemnidad, a una escucha que sin miedo ya esbozaba cierto fillo incluso del rock alternativo promovido después en ‘Samo par godina za nas‘ (1989).
Tampoco es que el disco sea una esponja que absorba a locas y ciegas influencias de la época, pero sí que el grupo supo leer sus respectivas características sonoras en función de algo propio. Basta con asimilar como su vocalista, Milan Mladenović, vuelve aún más profunda y enigmática las intenciones poéticas de su voz, mientras cruza el umbral hacia territorios tan enérgicos, oscuros y etéreos como bien plantean «Pored mene«, «Zid» o el tema titular.
Gótica tensión del new wave yugoslavo
La inclusión de Srđan «Žika» Todorović como baterista se condice con la producción maximalista, la denominada «big music» integrada a ratos a este pensante retrato del amor. Con todas las complejidades que involucra sentir y expresar, Ekatarina Velika expuso relatos sobre pasiones y ausencias que aprovecharon esa disposición grandilocuente, muy común en los 80’s.
Pero sobre todo ‘Ljubav‘ es un registro entretenido de escuchar, con una estructuración apretada que aprovecha el dinamismo entre sus temas para solventar una clara intención de llegar a otras audiencias. Lo mejor de todo es que no se pierden; al contrario, mantienen el ritmo a costa de muestras góticas tipo «7 dana» y «Voda» al new wave de «Zemlja» o «Ljudi iz gradova«, dotadas de una relevante presencia de teclados cortesía de Margita Stefanović.
Ni de cerca la discografía de Ekatarina Velika se reduce a este disco, pero fue el de mayor impacto en el rock de la ex Yugoslavia.
