Por Franco Ascui Fuenzalida
Con motivo de su regreso a Chile en el marco de Festival BAMBA, Yotuel Romero, líder de Orishas, conversó con Expectador sobre el reencuentro con el público chileno, los orígenes del grupo en París, la identidad cubana, el deporte como filosofía de vida y su visión sobre el compromiso del artista.
¿Cómo te sientes de volver a Chile con Orishas? Están en la mitad de una gira de reencuentro con su público y quiero saber cuáles son tus impresiones respecto a este regreso al país.
Estoy bendecido, sobre todo porque la primera canción que saca Orishas después de diez años sin sacar un disco es con un chileno.
Con Bubaseta.
Sí, con Bubaseta. Estamos muy contentos porque la vamos a estrenar en el festival. Creo que la canción sale el 5 de octubre, entre finales de septiembre y principios de octubre, y la primera vez que la vamos a cantar en vivo va a ser ahí, en Chile. Qué casualidad, ¿no? Aunque yo no creo que sea casualidad, creo que todo tiene una causa. Chile siempre ha representado cosas grandes para Orishas, no solo desde la parte más íntima —por ejemplo, los dos hijos de Roldán son cubano-chilenos— sino porque cada vez que íbamos a Chile, el público, la gente, los amigos, todo el entorno, siempre nos dio amor como banda. Fue uno de los países pilares del crecimiento de Orishas.
Regresar a Chile es como regresar a la familia.
Cuando arrancaron en París a finales de los 90, la escena europea no entendía todo el contexto de la calle en La Habana, ¿cuál fue el choque cultural más fuerte que tuvieron que superar para que Europa respetara la visión de Orishas sin intentar exotizarla o venderla?
Sobre todo, fue creer en nosotros mismos: decir «nosotros queremos hacer esto y esto es lo que queremos dar». No nos íbamos a dejar llevar por las tendencias ni por las corrientes; esto es lo que somos, esto es lo que queremos decir, esta es nuestra música. Costó trabajo, porque la disquera en Francia nos decía «es que ustedes suenan demasiado cubanos», y yo respondía «es que somos cubanos».
El rap que se hacía en Europa era más con beats, sin samples, más orientado a lo gringo, a lo americano. Pero mi old school es Celia Cruz, es Compay Segundo, es mi herencia, es Beny Moré, Pérez Prado. Yo iba a hacer lo mismo, porque el hip hop nace en Estados Unidos, pero yo lo traduje a mi forma. El hip hop de Orishas es un cincuenta por ciento rap y beats, y un cincuenta por ciento son, samples y música tradicional cubana, porque es cubano.
Esa propuesta era muy loca en ese momento. Hoy me doy cuenta de que no estábamos tan locos: cuando escucho el último disco de Bad Bunny, o escucho a otros artistas actuales, me doy cuenta de que entendieron lo que nosotros habíamos entendido hace veinticinco años, que íbamos a ser más internacionales mientras más nacional fuera nuestra música.
A partir de ahí arrancó Orishas, sin presión de la disquera ni de la industria: arrancamos a enamorar al público y, sobre todo, a tener un buen directo, porque esa era la única forma de vender discos. Era tocar y enamorar. En los festivales, el setenta por ciento no nos conocía, se enamoraba de la música y del directo, y al otro día iba a la tienda a comprar el disco. Orishas nunca sonó en radio, nunca fuimos un producto mainstream; nos mantuvimos underground, pero la cosa fue creciendo y nos volvimos muy populares en toda Latinoamérica, de casete en casete y después en CD.
Hablando de identidad: leí que también tuviste una identidad muy ligada al deporte. Hace un par de días, Juan Antonio Urzúa, secretario general del Partido Nacional Libertario (PNL) propuso eliminar el Ministerio del Deporte en Chile. ¿Qué tan importante ha sido el deporte para mantener la ética de trabajo de todos tus proyectos?
Yo no concibo la vida sin practicar deporte: sin correr, sin hacer pesas, sin boxear, sin nadar. Más allá de que se vea como un concepto de competitividad, para mí es algo que me sana, que me nutre, que me alimenta. Hoy, con toda esta campaña de longevidad, nos damos cuenta de que los tiempos han cambiado: antes era sexo, droga y rock and roll, y esos mismos que lo promovían son hoy los primeros que van a Suiza a cambiarse la sangre, hacen deporte, son vegetarianos, corren maratones. Estamos aprendiendo a cuidarnos, y el deporte es muy sano y necesario para la vida, no solo el deporte de competición, sino tener una sociedad que no sea sedentaria, que empuje a la gente a sentirse útil, a sentirse viva.
Creo que el deporte es vida, creo que una de las cosas más importantes es sentirte fuerte, sentirte sano, y el deporte te ayuda a lograr esas metas. También me enseñó mucho como deporte colectivo: me ayudó en la unión, en saber que en la unidad está la fuerza, y esa misma filosofía se la he aplicado a Orishas. Me di cuenta de que la unión entre Roldán y yo hace un producto completamente perfecto, porque es un engranaje. Soy pro deportista y empujo a que la gente haga deporte más allá de ir a un gimnasio: no hay mejor deporte que salir a correr por el parque, nadar, caminar. Para mí, el deporte es parte de mi vida.
Hay una frase de Ratatouille que dice: «no cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lugar». Es mi película favorita, y leí que también es una película importante para ti, porque viviste dos años muy difíciles antes de empezar a sonar y disfrutar de la ciudad, de salir como Remy, como de la alcantarilla, y poder ver la ciudad. ¿Cuál es tu perspectiva sobre qué hace a un gran artista, tanto en la música como en la actitud que promueve dentro de su comunidad?
Creo que el artista tiene un compromiso con su público y, sobre todo, con su entorno, más aún cuando eres un referente. Somos personas que contamos historias. Te diría una cosa: el arte que no estremece, que no golpea, que no toca, es entretenimiento. El arte tiene que chocar, tiene que molestar, tiene que generar controversia, tiene que hacer reflexionar, tiene que empujar a la gente a buscar la forma de analizar las cosas. Una gran canción, un gran libro, una gran pintura, una gran obra de teatro: si molesta, entonces estás haciendo arte. Si no, es entretenimiento, que también es válido.
Yo me inclino más por el arte. Me gusta que canciones como «Patria y Vida» hayan molestado, que hayan levantado a un pueblo, que hayan inyectado una melodía de fe en el pueblo cubano. Ahí me di cuenta de que el arte es poderoso, de que las dictaduras siempre han ido contra los artistas, porque saben que una gran canción, un buen libro, una gran obra de arte o una gran película pueden hacer reflexionar y hacer cambiar a las masas. Creo mucho en la disposición del artista y, sobre todo, en estar hoy con tu gente. El artista es un narrador; gracias al arte podemos remontarnos a épocas pasadas y ver cómo vivía la gente, qué pensaba. Una canción, una pintura o un libro te dan la percepción de cómo se vivía en aquella época.
Para mí, el arte es compromiso: compromiso con tu gente, con los tuyos. Y por supuesto tiene que haber variedad en ese compromiso, no solo estar «a full», sino también sentirte libre, porque somos humanos, somos cubanos. Cantar canciones como «A lo cubano», «Un bote de hierro, un tabaco», pero también cantar «Tu gente canta este himno, traigo la pura verdad, y siente el crudo destino, mi canto contigo está». Orishas siempre ha fluido como la escuela de Rubén Blades: introducirte una canción que te alimente el alma, pero que también bailes y disfrutes. Esa es una forma muy peculiar de Orishas. En «Atrevido», por ejemplo, hablábamos de una jinetera con un turista en Cuba. Siempre hemos contado lo que es la calle a nuestra manera, pero con responsabilidad hacia nuestro pueblo.
¿Qué es lo que crees que hace a un buen hombre? Estuviste un tiempo alejado de Orishas, trabajando en lo tuyo, y volvieron hace poco. Imagino que en ese tiempo también reflexionaste, tuviste momentos de introspección y nuevas experiencias de vida. En este mundo tan plano y agresivo, ¿cuál es el mensaje que mantienes para ser un buen hombre en tu día a día?
Mi filosofía es alimentar el alma de uno mismo. Siempre le digo a la gente: lo que quieras hacer por alguien, por muchos o por pocos, hazlo para que sane tu propia alma, tu niño interior, tu persona interior; no lo hagas buscando un cumplimiento ni un agradecimiento, porque el día en que eso sea el fin, se vuelve un intercambio, y no hay nada real hecho.
Sigo una frase que mi madre siempre me dijo, y la sigo a paso firme: «Hijo, nunca tengas miedo de hacer el bien, porque el día que tengas miedo de hacer el bien, empiezas a colaborar con el mal». Cuando me doy cuenta de que lo que hago me alimenta a mí y, a través de eso, hago el bien, no tengo miedo, aunque a veces sea peligroso. Por ejemplo, levantar la voz por tantos cubanos y enfrentar a la dictadura cubana ante el mundo es peligroso por lo que contrae: no puedo regresar a Cuba, tengo prohibida la entrada. Pero no me arrepiento, porque hice el bien.
A veces uno reflexiona y siente que hacer el bien hoy está tan golpeado, porque estamos todo el tiempo consumiendo noticias malas, y cuando alguien hace el bien, pareciera que no importa; lo importante es el escándalo, lo malo que está pasando. Yo simplifico todo: me miro a mí mismo y me digo «esto está bien, vamos a hacerlo», y ya está. Cuando quedas bien contigo mismo, estás en paz con la única persona con la que siempre tienes que estarlo: tú.
Ha sido un honor compartir estos pensamientos contigo, muy entretenido conversar. Para cerrar, ¿le puedes mandar un saludo a tus fanáticos y una invitación formal al show de octubre?
A todos mis fanáticos, a toda la gente de Orishas: estamos preparando las maletas desde ahora para irnos de fiesta en octubre con Orishas a Chile. No se lo pierdan: Orishas en la casa.
Muchas gracias, querido Yotuel. Que estés muy bien, un abrazo, nos vemos pronto.
Gracias, chao, chao.
