Por Alejandra López Díaz
A Coyote vs. ACME le costó salir a la luz. Y para aquellos que no sepan por qué, lo vamos a ultra mega resumir: durante el año 2023, Warner Bros echó pie atrás a varias producciones en curso, incluyendo esta y títulos como Batgirl y Scoob!: Holiday Haunt. La película ya estaba terminada, lista para estrenarse, y aun así quedó guardada en un cajón por mero cálculo fiscal. Así se mantuvo, hasta que el filme fue comprado y rescatado por Ketchup Entertainment, una distribuidora independiente.
Y qué gusto que así fue. Coyote vs. ACME es una película hecha sobre todo con mucha dedicación. Desde la sinopsis explicada en su forma más simple, ya hay un absurdo (dicho en la mejor de las formas) que levanta miradas. Esto no implica que para todos sea gracioso por la misma razón, pero hacer converger el mundo ordenado y solemne del derecho con el de las caricaturas supone un choque curioso de presenciar. Fuera de eso, este estreno es de una trama sencilla, pero también creativa, que no se puede desconocer en lo absoluto; en la caricatura de 1949 tenemos aparentemente solo al Coyote y Correcaminos, pero, como algo menos obvio, ACME siempre, siempre estuvo ahí, casi como un personaje más.

Y esa empresa, siempre presente con sus productos en los que Coyote confiaba ciegamente para poder atrapar al Correcaminos, es la que ahora agarra protagonismo, bajo título de una despiadada multinacional. Entonces, la película sigue a Wile E. Coyote, que cansado de que le exploten cohetes en la cara y de trampolines que lo llevan directo a precipicios, finalmente cae en cuenta de que quizá el problema nunca fue él, sino los productos defectuosos de la marca ACME que siempre ha utilizado. Así, decide abandonar el desierto e ir a la ciudad para dar con la que será su representación legal ante tribunales. Todo basado en hechos reales.
Y antes de pasar a ese mundo humano, es importante mencionar que desde el primer minuto Coyote vs. ACME tiene la sintonía Looney Tunes, con pequeñas humoradas presentes en los detalles, gracias a esa gracia atemporal y física que eternamente ha caracterizado a la franquicia, y que sí, parece seguir funcionando. O al menos eso demostraron las risas en la sala de cine. Es un gusto sentirlo de vuelta, y sería increíble que haya Looney Tunes por mucho tiempo más. Probablemente así sea, independiente de la frecuencia con que ocurra.
Ahora sí, yendo a los personajes de carne y hueso: Coyote llega hasta el bufete de Kevin Avery (Will Forte), un abogado sin mucha ambición, conocido entre las caricaturas por llevar casos pequeños y sencillos. Junto a su pequeño equipo —que incluye a la recién llegada practicante, interpretada con mucho carisma por Lana Condor—, el gran desafío de Avery será enfrentarse al “juicio del siglo” contra los altos ejecutivos del monopolio que supone ACME, representados por su imponente abogado, Buddy Crane (John Cena). Una clásica dinámica de tipo David contra Goliat, de la que saben apropiarse de manera muy aterrizada.

Sobre ello, se nota que hubo un detenimiento en replantear cómo serían los juicios en este universo de convivencia entre humanos y caricaturas. Los interrogatorios y los debates en juicio son lo suficientemente convincentes y, aparte, divertidos. Además, en medio de todo este viaje, el lío del caso va revelando un tono más oscuro, que suma adrenalina, profundidad y arco a la trama.
Coyote vs. ACME está bien pensada y, a nivel visual, también está muy bien trabajada. La serie de El Coyote y el Correcaminos late ahí de forma fresca. Ambos personajes tienen una sutil evolución dentro de su simplicidad y su perpetua dinámica de cazador y presa. Es divertido, querible y hasta emocionante cómo logra llevar más allá lo que la franquicia siempre ha logrado con ellos: llenarlos de personalidad en medio de su mudez. Y es que una seguidilla de intentos fallidos de Coyote o una serie de bip-bips de Correcaminos jamás habían logrado ser así de conmovedoras. Porque hasta algo de emotividad tiene el filme entre su ligereza.
En definitiva, una buena película para ver solo, entre amigos, en pareja, en familia, o con tu padre fanático de Tooncast. El hecho de que esta película, que te mantiene sonriendo de inicio a fin, pudo no haber visto la luz, reafirma todas las invitaciones que, muy humildemente, se pueden llegar a hacer para que la vean. Vale muchísimo la pena, independiente de si es fan o no, porque ahí entra justamente el peso de su gran humor atemporal. Dentro de su género es impecable.
Y la portada es icónica. ¿Coyote como Sísifo? Muy bueno.
