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Entrevistas

Marina Fages: «A mí me interesa la denuncia, pero también me interesa explorar soluciones»

Por Franco Ascui

Marina Fages una artista visual, compositora, multiintrumentista y cantante nacida en Buenos Aires, Argentina –y que vivió su infancia en Tierra del Fuego–, que ha desarrollado a lo largo de más de 10 años de carrera una propuesta que recorre con propiedad subgéneros como el rock alternative, el indie folk e indie rock. De allí que ya tenga una abultada discografía con trabajos destacados como ‘Dibujo de Rayo’ (2015)‘Épica & fantástica’ (2019) o ‘El Mundo Pequeño’ (2023)

Actualmente, la artista trasandina se encuentra ad portas de presentarse en Chile este sábado 4 de julio en Sala Plectrum –entradas por PortalTickets–, fecha en la que regresa después de 9 años a nuestro país, y que servirá para mostrar las canciones de su nuevo y reciente álbum, ‘Atalaya Avalancha’.

En Expectador tuvimos la oportunidad de platicar con la argentina acerca de su último larga duración, el como ha navegado su carrera desde distintos puntos de vista y sonidos, la escena argentina, y varios detalles de su carrera.


Lo primero que me gustaría conversar contigo es sobre la autogestión y el circuito en vivo. En charlas recientes he visto que has comentado la decisión de priorizar el armado de tu propia movida por encima de tocar en festivales donde a veces no se valora el trabajo del artista independiente. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre la necesidad de sostener esta autogestión pura y el deseo de llevar tu música a circuitos más masivos?

Últimamente estamos haciendo muchas giras, dejamos y estamos planeando llegar a otros lugares. Lo de los festivales, no sé si lo dije yo, ¿está en una nota?

 

Está en una nota, sí. Pero creo que puede ser una entrevista de la banda, per se.

Ah, puede ser. Claro. No, o sea, yo no tengo problema con tocar en festivales. Creo que a veces no logramos entrar en festivales, o no nos candidatean. A veces es un circuito de cierto management o algo así, que se toman decisiones de eso, y entras y en realidad no estamos tanto en ese circuito.

Sí, igual a mí también me gusta mucho viajar y tocar. Y creo que esa es una gran forma de mostrar nuestra música y de conocer nuevos lugares y conocer nuevas personas. Y tener nuevas experiencias, que eso en realidad es como, aparte de hacer música que ya en sí mismo, hacer música es un fin, ¿no? Para mí ya estar tocando en casa o ensayando ya es buenísimo. Si eso además provoca nuevas experiencias, está muy bueno, ¿no? Como para hacerlo en diferentes lados, es decir.

 

Para ti, ¿qué significa tu nuevo disco ‘Atalaya Avalancha’ dentro de tu camino como artista? Esto va relacionado a que has tenido una evolución súper bonita en que veo influencia de la Patagonia desde el 2013 que sacaste tu primer disco hasta este momento que ahora siento que hay una sonoridad o una textura más cercana a lo que es la movida punk. ¿Cómo te sientes tú con este disco en esta etapa de tu vida?

Estoy muy contenta. Primero porque, bueno, creo que es coherente sobre todo con los últimos discos, pero también porque es un trabajo un poco más en equipo. En ‘El Mundo Pequeño’, sobre todo, yo hice incluso la producción artística sola y fue como algo mucho más así y antes grababa muchos instrumentos yo.

Y ahora como ya con la banda que venimos tocando ya hace unos años está como solidificando y estamos compartiendo muchos encuentros, muchos shows, también mucha amistad. El disco lo produjimos con Martina, que es la baterista, hicimos juntas la producción partiendo de casi todas composiciones mías, pero también hay una canción de ella y hay otra canción que también participó Macarena, la bajista. Y entonces es como un proceso que fue bastante compartido y para mí en ese sentido, igual tenía una idea muy clara desde el principio que era como que sea un disco mucho más en un sentido que tiene una dirección muy clara en cuanto a velocidad y a tono.

Quizás los discos anteriores tenían como vivenes más climáticos y este sí es como, bueno, punk, punk rock, hardcore punk y unas baladas rockeras.

 

Mira, justo hablando o pensando, mejor dicho, en los dibujos que tienes atrás tuyo, tú también haces murales en la ciudad, ¿no?

Claro, sí, sí, soy artista plástica, ese es mi trabajo, más trabajo. Hago también las artes de tapa de los discos, pero bueno, sí, trabajo como muralista, hago muestras de pintura y digamos que los conceptos del disco también lo pienso bastante visualmente.

 

Entiendo. Dentro de esa faceta de muralista donde tú puedes tener la oportunidad de transformar la ciudad así, que se puede y hacer del espacio urbano un lienzo abierto, expuesto al clima y a la gente, ¿qué diferencias puede dilucidar o ver dentro de la energía que siente al intervenir físicamente en la calle en comparación con grabar y liberar una nueva canción al espacio digital?

No, son procesos muy distintos, bien distintos. Grabar, estás trabajando con otras personas, pero también es un ambiente mucho más cuidado y cerrado y la canción la liberas después y la escuchas y se realiza de otra forma, no estás presente. Un punto intermedio es el estar pintando en casa o el mural incluso, pero que también para mí es un proceso más en solitario, son cosas que hago, que pinto casi siempre sola, igual también a veces tengo ayudantes cuando son paredes muy grandes.

Y sí tiene esa interacción también con la gente que muchas veces es durante, mientras estás pintando, pasan y cada día que pasan dicen, mirá cómo está quedando, te felicitan o qué sé yo. Y después sí decidamente lo que es muy distinto a esos dos procesos es la puesta en vivo en el escenario, para mí es una experiencia muy bien distinta, muy divertida, muy caótica, donde creo que muchas veces hay mucho improvisación y me encanta eso, es un buen contraste.

 

Y hablando sobre la soledad que se genera al crear, al trazar la primera línea en un canvas o romper el silencio con una nota, ¿tú de casualidad tienes animalitos en tu casa, convives con gatos, perritos?

Sí, tengo dos gatitos.

 

Ah, bueno, y entre el cabo de las giras, la producción constante que significa ser artista en esta época, los murales, las demandas de la industria, lo que sea, ¿qué rol juegan el silencio, el hogar y la conexión animal a la hora de recargar tu energía creativa?

Es muy importante mi casa para mí, muchísimo. Extraño mucho estar acá cuando estoy de gira, sobre todo extraño a los gatitos un montón. Sí, siento que por lo menos en mi caso es como un lugar de poder, de descanso, pero también de trabajo, pues yo hoy actualmente tengo taller también donde vivo, pero también me gusta mucho cocinar, me gusta mucho dormir y comparto también acá.

Entonces, no sé, sí, es un gran lugar. Me gusta estar en casa.

 

Es tu templo, claro. Y tú vienes de la Patagonia, es cierto, ¿no?

Sí, nací en Buenos Aires, mi familia se mudó bastante, en realidad los primeros recuerdos que tengo son en Uspallata, en Mendoza, y después sí nos fuimos a Río Grande, Tierra del Fuego, toda mi infancia, sí, y después con mi madre volvimos a Buenos Aires. Pero mi padre sigue viviendo allá, entonces estuvimos yendo y viniendo, capaz íbamos todo el verano, todas las vacaciones de verano, los tres meses íbamos y nos quedamos allá. Sí, a mí (la Patagonia) me influenció mucho, es como un lugar bastante más hostil, con más naturaleza, claramente, que es una gran ciudad, y me gusta mucho la naturaleza.

Entiendo. Eso me llama harto la atención, por lo general siempre hago estas preguntas con artistas que están metidos dentro de la onda punk de alguna manera, porque sé que no es solamente eso a lo que te dedicas, claramente. Es como lo que a mí me gusta más, pero me llama el hecho de preguntarte cómo fue que tú ingresaste al mundo de la música un poco más acelerada, considerando que en lugares tan al borde del mapa como es la Patagonia, a veces no existen, o antes, la escena que está vibrando ahora de la misma manera, ¿se entiende?

Igual para la adolescencia yo estaba acá en Buenos Aires.

 

¿Y ahí fue cuando empezaste a integrar esta movida?

Claro, sí, sí, había bandas del barrio, iba a haber bandas de punk, de hardcore punk, en ese momento estaba Eterna (Inocencia), Shaila, todas esas bandas, también bandas straight edge, y bandas chiquitas que ya no existen más.

Pero después de toda esa escena, que en algún momento me saturó un poco, porque era muy machista, la verdad, empecé a frecuentar otros espacios más queer, y con muchas chicas tocando, y fue increíble, porque ahí fue como descubrir otro mundo posible, muy alternativo a lo que era. Lo que yo conocía de lo que era un show, de lo que era la relación entre bandas, entre colegas, y mismo entre ser una chica que va a ver una banda, y fue increíble.

Ahí es donde conocí a Lucy Patané, Paula Maffía, que son todas músicas de acá. En paralelo también empecé a conocer mucha gente de Mar del Plata, y empecé también a hacer improvisación. Otro palo completamente distinto, ¿no? Pero bueno, esas son un poco las vertientes.

 

Mira, de las cosas que puedo sacar de tu música, y también de tu arte, es que claramente hay una conexión súper fuerte con la naturaleza. Y dentro del ecosistema obviamente existe el acto de cazar para comer, o el hecho de tener que destruir para producir. Y dentro de esa índole, te quería preguntar si tú crees que el arte, en todas sus formas, tiene hoy la responsabilidad urgente de hacernos cuestionar nuestra posición como depredadores en este ecosistema.

Creo que sí, pero también hay diversos intereses en el arte, y la gente también, vamos a usar la palabra, utiliza el arte para diferentes situaciones. Me parece muy bien que se puedan hablar de esos temas, pero también a veces escuchamos música para relajarnos, a veces lo hacemos para divertirnos, entonces creo que hay momentos y hay lugares. Y también hay diferentes tipos de artistas, ¿no?

Como, no sé, qué sé yo, no voy a hablar por otros artistas, pero qué sé yo.

 

A mí me pasa como la movida que tocaste hace poco con Cursi No Muere, me pasa que con tu música se siente más como un abrazo cariñoso, incluso cuando las letras son un poco más duras, por así decirlo. Y Cursi como que es un desquite para mí, entonces como que entiendo cuál es tu punto.

Creo que son proyectos diferentes, son edades diferentes, y no sé, a mí me interesa la denuncia, pero también me interesa explorar soluciones. Entonces sí, este mundo es una mierda, y bueno, ya lloré un montón por eso, y sigo llorando, y me sigo enojando, pero tenemos que hacer cosas para cambiar eso, porque si no… Y dentro de mi perspectiva y mi personalidad y mis creencias, se empieza por la comunidad, por estar cerca, por acompañarnos, por escucharnos, abrazarnos y eso.

Y después se puede seguir por otras cosas, pero sí, depende mucho del proyecto y no sé, qué sé yo, no sé.

 

Sobre tu mismo proyecto, ¿cómo fue que empezaste a descubrir la habilidad que tienes como para poder deambular entre estilos tan diversos dentro del canto? Hay momentos en que tengo como, no sé, paisaje andino cuando estás cantando en tus discos, y hay veces que tiene una voz tan poderosa que me llega a mover de otra manera también. ¿Cómo fue que tú empezaste a encontrar tu voz? Porque también como cantante uno pasa a veces una década entera cantando como la mierda, por ejemplo, y te duele, y tienes fechas que son horribles. Pero ahora que he escuchado sobre todo tu último trabajo en vivo,  me llama muchísimo la atención cómo tú lograste llegar de punto A a punto B, ¿cómo fue ese viaje para ti?

Entre paréntesis, últimamente en las giras largas estoy teniendo un problema con la voz, que antes no me pasaba, y tengo que tomar clases, boludo. Me gusta mucho la improvisación, y creo que de esa forma probé muchas cosas jugando, que después van encontrando un lugar de acuerdo a lo que se dice o la canción. A mí cuando pienso en la producción de una canción, o cómo voy a cantar una canción, no lo pienso tanto, sino que voy pensando más en qué necesita la canción para que ese mensaje sea mejor entendido, o llegue más fuerte, o por lo menos a mí me haga más sentido, que yo sienta que tiene una corporalidad.

En ese punto también me gusta probar con otros instrumentos, me gustan mucho los instrumentos de viento, toco un poco el whistle, el clarinete, toco remal, obvio, pero a veces siento que es como, «uy, sería re lindo que tenga esto así«, y pienso que suma desde ese lado. Pero bueno, más que nada creo que es por haber hecho mucha improvisación. No puedo hablar en pasado, solamente es que no lo hicimos más, no se acabó nunca, pero soy parte de un colectivo que se llama Marder, que es un colectivo de improvisación de música, o sea, no de música, improvisación sonora.

En un momento, tipo, no sé, 2005, por ahí, hacíamos un montón de movidas extrañas, absolutamente deformes, hicimos también unos festivales de 12 horas de improvisación en continuado. Y supongo que la improvisación lo que hace es que da una libertad estilística que está buena, más allá de eso también me gustan muchos géneros de música, y bueno, eso, no sé, divertirme.

 

Hay que divertirse, iba a decir. Sí. Es verdad, con la música hay que divertirse, si no, la música no sale tan bien como uno quiere. Como última pregunta y para ir cerrando, por lo que veo con este colectivo de improvisación y ahora también con esta banda con la que llevas tocando un tiempo, siento que te ha armado una red bastante fuerte dentro de tu misma escena musical, conviviendo con varias escenas musicales independientes, colaborando, impulsando otras voces, ¿hay algún cruce geográfico pendiente que te entusiasme explorar en el futuro en tu música?

¿Alguno que me interese particularmente? Uy, no sé, me gustaría volver a Japón, que fui más cuando hacía música un poco más acústica y experimental. No, y me gustaría más recorrer América Latina, porque realmente no viajamos tanto, y la verdad que cantar para personas que entienden español es algo distinto, está bueno.

Si bien pasan cosas extrañas cuando la gente no entiende la letra, yo creo que igual entienden, porque también está esa cosa, esa información que está en la voz, que llega de alguna forma, estamos acostumbrados a escuchar voces desde que somos muy pequeños, entonces hay un montón de información en la voz, aunque no entendamos el idioma, pero en particular y sobre todo en este disco, creo que hay algunas cosas que pasan en las letras, que hay como pequeños chistes o cosas así, o que la letra me parece que está muy buena, que se entienda. Y más allá de eso, me gustaría mucho conocer más, conocer más de Chile, Perú, Bolivia, Colombia me encantaría también, Brasil, que no fui nunca, bueno habrá en Brasil, pero no estamos tan lejos.

 

No, para nada, estamos todos súper cerca si uno lo piensa así, el final es nuestro pequeño paso del mundo, el final del mundo, y somos todos hermanos, eso me pasa a mí al menos. Y con la música japonesa también, como lo que decías de las voces, con los opening de anime uno puede saber lo que está diciendo el otro sin necesidad de entenderlo.

O que imagina lo que dice, qué sé yo.

 

Para mí el opening de Tokyo Ghoul es lo mejor que he escuchado en mi adolescencia, por lejos, y no tenía ni idea de lo que era.

Acá somos muy fans del anime también.

 

Háblame de lo que va a ser la fecha que harás acá en Chile.

En esta oportunidad no voy con la banda de siempre de acá, sino que vamos con un ensamble especial, mi baterista no puede viajar, entonces va a estar Christian Alexander en batería, y Macarena Salazar en bajo, con quien sí tocamos acá. Vamos en formación pequeña, esperamos que la próxima vez vamos más.

 

¿Van a ir con power trio? Qué interesante.

Sí, power trio, estoy ensayando mucho.

 

¿Hay alguna otra cosa que le quieras decir a tu público chileno que te está esperando con muchas ansias para verte próximamente en Plectrum?

Bueno, que vamos a tocar muchos temas del disco nuevo y que tengo muchas ganas de que canten a los gritos.

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