Escrito por Juan Pablo Ossandón, Antonia Hernández y Renata Velásquez
Fotos por Aarón Castro Pino y Staff Lollapalooza Chile
La última jornada de Lollapalooza Chile 2026 siguió el tremendo momentum de sus primeras dos jornadas, con los distintos escenarios mostrando todo tipo de propuestas que hicieron disfrutar a más de 80.000 asistentes. Aunque, a diferencia del viernes y sábado, queda la sensación que el domingo la balanza estuvo inclinada hacia el pop, para su propio bien –y con claras excepciones–.

Hesse Kassel: En la cresta de la ola
Tras un cambio de horario de ultimo minuto, el show debut del sexteto chileno dió inicio a la jornada del Alternative Stage mostrando la maestría instrumental del grupo, quienes se presentaron en el mayor escenario de sus carreras hasta el momento, siendo recibidos por los primeros moshs de esa última jornada.
Entre defensas a Candelabro tras su presentación el día anterior y locura por parte del público, Hesse Kassel desató coros con “Sancho Plagio”, y el desorden se consolidó con “Postparto”, canción con la cual finalizaron su certero y consolidador debut en Lollapalooza, que, pasando de sus iniciales 30 minutos a 45, mostró el incesante potencial de los jóvenes chilenos.

MARINA: Poderosa
El regreso de la galesa Marina Diamandis finalmente se concretó después de 4 años en el mismo festival, adueñándose de la tarde en un sólido momento en su carrera a nivel de performance, tal y como su título como parte de la elite del pop alternativo dictamina. Y aunque una hora con MARINA es muy poco tiempo, la artista se encargó de dar una buena probada de gran parte de su carrera, iniciando con los ánimos por las nubes con «PRINCESS OF POWER», seguida por una coreadísima «Are You Satisfied», un clásico de su repertorio.
Momentos hubieron varios, y es que mientras la tarde caía, el Cenco Malls Stage exclamó con «Bubblegum Bitch» y cantó con fuerza el himno feminista «Man’s World». Además, la presencia inmensa de la artista era de lo más cautivante, brillando en instantes como ese mash up entre «METALLIC STALLION» y «Hung Up» de Madonna, la clásica «Froot» o el nuevo hit «CUNTISSIMO» –que sacó aplausos–, los cuales denotan la posición privilegiada de MARINA en la música y el pop alternativo. Bastaba ver como el Cenco Malls Stage cantó a voz desaforada con «Primadonna». Afortunados aquellos que irán al sideshow.
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Addison Rae: Una nueva fuerza en el mainstream
La californiana, tras su paso por Argentina, llegó al Banco de Chile Stage a dar uno de los shows más exigentes en términos coreográficos de la última jornada del festival. Con peluca rosada, al igual que sus bailarinas y fans presentes en el público, Addison Rae dio inicio al show con “Fame is a Gun” entre danza elaborada y acrobacias recibidas con gritos incesantes.
Con el atardecer de fondo en el Parque O’Higgins, la indudablemente sensual y confiada Addison teseló a lo largo de su show con danza, canto, e interacciones con la audiencia, mostrando el evidente magnetismo de la ascendente estrella del pop, que cerró con la canción que dio inicio a su camino hacia “Addison”, “Diet Pepsi”, coreada por un masificado público.
Con outfits customizados, brutalista escenografía e imparable ímpetu, Addison, en Louboutins, dejó todo en el escenario durante su primer paso por Latinoamérica, callando bocas y también dejando gritos con su icónica colaboración en “Von Dutch”. El show de Addison dejó para hablar, y solidifica a la joven como una fuerza que temer en la nueva escena del pop.

2hollis: Sonidos del futuro
El debut de 2hollis en Chile marcaba un hito importante, por lo que arrastra el artista a nivel creativo, un sonido híbrido que toma elementos de un montón de sectores como el electropop, la electrónica, el rap y el trap, entre otros. Todo conjugado con un sentido futurista que bien sacó aplausos en el Perry’s Stage, por una entrega enérgica de parte de 2hollis, quien, con una tigre blanco inflable gigante detrás, levantó moshpits inagotables con canciones como «flash», «nerve», «poster boy», «gold» o «crush».
Aparte, a nivel demográfico, la congregación era tan variopinta como su propuesta musical, lo que causó un efecto de lo más grato en el show. Puntos extra por traer al escenario a su amigo rommulas, quien se dio a conocer de forma firme como «Mami» u «Option».

Lewis Capaldi: Honesto y fraterno
Otro de los tantos debuts importantes y esperados que trajo esta edición de Lollapalooza Chile: Lewis Capaldi. El cantautor, quien desde el inicio se ganó el corazón del público con cortes como «Survive» y «Heavenly Kind of State of Mind», por su interpretación sentida y estremecedora, mostrando una pasión que bien contrastaba con su humor y transparencia como ser humano.
Pero a la larga, lo que terminaba por hacer cantar a miles eran sus, al día de hoy, himnos. Quizás es el tono más calmado de la propuesta de Capaldi lo que ayudó a la atmósfera recreada, pero vaya que era estremecedor escuchar su voz armonizar con la del numeroso público que cantaba con piezas como «Hold Me While You Wait», «The Day That I Die», «Before You Go» o la popularísima «Someone You Loved».

Skrillex: El sueño prometido
La última vez que Skrillex estuvo en nuestro país fue en 2016 con Jack Ü en Lollapalooza Chile. Diez años de espera. Toda una década en la que sus fans crecieron, el sacó un montón de música, mejoró aún más sus habilidades como DJ y productor, y cambió de look. Todo el mundo creció. Es una obviedad, pero es algo que devela la importancia del asunto, en tanto el público que asistió esta vez era muy distinto a cómo era de antaño.
De ahí la entrega de la gente, quienes se encontraban maravillados no sólo por la puesta en escena deslumbrante y futurística, sino por el oficio de Skrillex como un maestro del hype netamente desde lo que hace de las consolas y tornamesa, dejando caer remixes no sólo de clásicos propios como «Make It Bun Dem», «Scary Monsters and Nice Sprites» o «Where Are Ü Now», sino que también revisitó hits de colegas y les dio su propia vuelta de tuerca como con «Levels» de Avicii o «Flicker» de Porter Robinson.
La gracia de lo de Skrillex es que, incluso sin conocer sus canciones –si es que llega a ser el caso–, el show funciona igual. Tanto en el sentido del espectáculo, como en la entrega de Sonny y el público, como también por su maestría técnica desde su lugar. Además de ser la mejor de las fiestas. Basta con recordar el caos frenético que dejó «Bangarang», una de las postales que dio la vuelta al mundo.

Chappell Roan: La realeza del pop
Hay que decirlo de inmediato. El debut de Chappell Roan en Chile es, fácil, uno de los mejores shows en la presente década en Chile. La artista, desde su ascenso explosivo y orgánico a la fama en 2024, sigue en un prime y buen momentum que no parece detenerse. Esa misma grandeza fue la que se pudo percibir desde el minuto 1 en su show en Lollapalooza Chile, en donde todos los elementos de su característica espectacularidad estaban allí dispuestos: un gran vestido blanco que iba cambiando a medida que avanzaba el show, una escenografía compuesta por un impresionante castillo encantado, un sonido cristalino y su voz tremenda que se adueño del Parque O’Higgins desde el comienzo con «Super Graphic Ultra Modern Girl».
El catálogo de la artista no es extenso, pero vaya que está lleno de éxitos que fueron cantados por uno de los públicos más fieles del fin de semana. Está todo el espectro sonoro a su favor, desde la enérgica y saltada «Femininomenon» hasta la más melancólica «Casual», donde la artista hizo gala de sus aptitudes en materia de performance, no sólo por tener una de las mejores voces hoy en día, sino que también por sentir y encarnar cada canción, como parte de un sentido de teatralidad fundado principalmente en el drag.
Asimismo, su voz sacó aplausos múltiples veces, conmoviendo al público con la tremenda «The Subway» o la texturizada «Picture You». Además, Chappell aprovechó de interactuar con el público reconociendo la entrega del público chileno que tiraba cánticos tras cánticos, al punto de no sentir la necesidad de enseñar el divertido baile de «HOT TO GO!», que todo Lollapalooza Chile bailó con religiosidad y un sentido de júbilo rebosante. Incluso, fuera de cualquier pauta, Chappell sacó risas justo en la previa a «Coffee» al responder ante la aparente rivalidad entre Chile y Argentina –tras intentar contar una anécdota en Buenos Aires–. «Amamos Chile… Amamos Chile», dijo.
Ya el final fue de ensueño, con «Good Luck, Babe!» derramando lágrimas, y «Pink Pony Club» haciendo cantar a cada alma en un afán liberador en el que todo el mundo se sintió bien consigo mismo y aceptados. Los fuegos artificiales adornaron el cielo nocturno, mientras el estribillo de la canción seguía haciendo corear a decenas de miles, con una Chappell y sus músicas brillando como nunca, dando fin al mejor cierre que pudo haber tenido el festival.
