Escrito por Felipe León
Hay bandas que lamentablemente no prosperan pese a que tienen todo para romperla, como ocurrió hace décadas atrás con The Millennium y su menospreciado único álbum, ‘Begin‘ (1968). Un lanzamiento en el que Columbia Records invirtió bastante, dispuesto por como un híbrido entre las tendencias imperantes del sunshine pop y el pop psicodélico, donde la conexión entre sus 7 integrantes se traduce en un estilo tan optimista como surrealista.
En plena época de los hippies, las ambiciones del grupo originario de Los Angeles, California alcanzaron niveles superlativos de sofisticación veraniega, proliferando lo melódico bajo un edificante tratamiento vocal que acentúa lo cálido y armónico por igual. La encrucijada entre tornarse psicodélico o mostrarse soleado plasma en gran medida la dinámica de sus canciones, a partir de un diseño sonoro elaborado y evocador que trasciende todo el recorrido.
Un involucramiento colectivo en en cuanto a la composición como al canto, dando paso a una diversidad de voces que conducen la escucha por terrenos melosos, románticos y pacifistas, así como a acompañamientos corales luminosos. Detrás existen voces que cautivan desde amplios aspectos: Curt Boettcher con su característico falsete con la capacidad de tornarse etéreo, Sandy Salisbury que cultiva un toque jubiloso y feliz, Joey Stec tan directo como cálido y Lee Mallory contribuyendo con su suavidad.
Al sumergirse en ‘Begin‘ se pueden constatar los logros sonoros su valiosa existencia, para ambas vertientes del pop exploradas con toque barroco por The Millennium. Más allá de su fracaso en términos comerciales que detonó la posterior disolución, quedaron piezas como «5 A.M.«, «To Claudia on Thursday«, «There Is Nothing More to Say«, «I Just Want to Be Your Friend«, «It Won’t Always Be the Same«, «It’s You» o «Some Sunny Day» para ser apreciadas, aunque sus 14 merecen atención.
