Escrito por Felipe León
No es la banda más citada cuando se habla de post-punk, aún así The Sound posee una carrera memorable que les permitió posicionarse como uno de los actos claves del género. Pese a que el éxito popular les fue un tanto esquivo, discos como ‘Jeopardy‘ (1980) ayudaron a pavimentar un legado que representa el espíritu más crudo e inquieto de la agrupación.
Con escaso apoyo del sello discográfico Korova, el proyecto concretó un debut forjado con una auténtica emocionalidad tan urgente como directa. Su música confiere una sensación de constante tensión manifestada desde una voz ansiosa e inquieta, en conflicto con su interior, cortesía de un Adrian Borland que encuentra en la expresividad una vía de escape, a la que se acopla la filosa pulcritud de su guitarra, el sostenido pulso rítmico de Mide Dudley, los relatos repetitivos de Graham Bailey al bajo y el preciso imaginario atmosférico de los telcados de Benita Marshall.
La declaración personal que simboliza «Missiles«, con todo el trasfondo de una potencial escalada de conflicto en la Guerra Fría con devastadoras consecuencias, funciona casi como una alusión a los demonios internos. Mientras la descarga de adrenalina de «Heartland» clama sobre sentirse distanciado en sociedad,»Heyday» enciende la llama de la distorsión a través de una enérgica interpretación. Sí, The Sound partió a lo grande.
Lo alabaron desde la crítica musical, entre los círculos más más devotos al post-punk, un puñado de personas maravilladas por su logro, pero su repercusión fue más bien silenciosa. No obstante la importancia de canciones como «I Can’t Escape Myself«, referencia más implícita sobre la mente en ‘Jeopardy‘, «Resistance«, «Words Fail Me«, «Unwritten Law» o el propio corte titular es indiscutible. Le siguió ‘From the Lions Mouth‘ (1981), un sucesor igual de bueno.
