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De la emoción al perreo sinfónico: la noche que unió a Mon Laferte y Yandel

La emoción se tomó el escenario en la penúltima noche del certamen, donde las competencias coronaron a sus ganadores. El público fue testigo del histórico y emotivo regreso de Mon Laferte, quien protagonizó uno de los momentos más esperados del festival, y el cierre a cargo de Yandel, que transformó la madrugada en una fiesta urbana con tintes sinfónicos, manteniendo al anfiteatro en constante celebración hasta el final de la noche.

La noche en que Mon Laferte hizo historia

Posiblemente una de las artistas más esperadas de la semana fue la cantante nacional Mon Laferte. La presentación comenzó con Mi Hombre, tema de su más reciente álbum Femme Fatale, apareciendo en escena con un vestuario inspirado en un diseño de Vivienne Westwood perteneciente a la colección Primavera/Verano 1997 Vive La Bagatelle, caracterizado por la venda en los ojos y los brazos sujetos hacia atrás, una propuesta estética tan teatral como simbólica para abrir el espectáculo.

Ni siquiera había comenzado a cantar cuando el público ya pedía la Gaviota de Platino. Durante los días previos, el rumor sobre si recibiría el galardón más importante de esta edición había crecido entre los asistentes, anticipando un momento que muchos esperaban presenciar. El cariño del público chileno hacia la artista quedó en evidencia desde el primer instante cuando cada canción se transformó en un verdadero karaoke colectivo, sin importar si pertenecía a sus clásicos o a sus lanzamientos más recientes.

En cuanto a Monserrat, desde el inicio fue evidente su emoción al reencontrarse con el público chileno, quedándose en silencio en más de una ocasión y repitiendo constantemente: “Buenas noches, Viña, te amo”. Una muestra de ese vínculo se vivió durante la interpretación de Pa’ Dónde Se Fue, momento en que invitó al escenario a las artistas nacionales Akriila y Javiera Electra, provocando que gran parte de los asistentes sacara sus teléfonos para registrar una de las colaboraciones más celebradas de la noche.

Cada detalle del escenario reflejaba la estética del último disco, desde el cambio de vestuario a un vestido corto acompañado de una banda que decía “Femme Fatale” y una tiara sobre su cabeza, hasta los visuales proyectados en blanco y negro. Los bailarines también cumplieron un rol clave, destacando la presencia de dos mujeres ubicadas detrás de la artista, vestidas de manera similar, generando la sensación de ser una especie de dobles que acompañaban su performance.

El anfiteatro se encontraba completamente repleto, con el público celebrando canciones como Tormento, Amor Completo y Amárrame, aunque en esta última muchos esperaban la aparición sorpresa de Juanes. Cada interpretación fue vivida con total intensidad y emoción, llegando incluso a uno de los momentos más celebrados de la noche cuando, durante Mi Buen Amor, una pareja del público se pidió mutuamente matrimonio frente a todos los asistentes.

Si había momentos de silencio, el público no dudaba en romperlos pidiendo la Gaviota, reflejo de un espectáculo en el que Mon Laferte lo entregó todo sobre el escenario. Con una puesta en escena impecable, la artista llenó cada rincón con la dramatización que la caracteriza, llegando incluso a interpretar Otra Noche de Llorar acostada en el suelo. Cuando los animadores aparecieron para escuchar la solicitud del público, permaneció en silencio, visiblemente emocionada, consciente de que estaba a punto de vivir uno de los momentos más significativos de la noche.

“El festival para mí fue un antes y un después en mi carrera, se abrieron muchas puertas”, señaló Mon Laferte tras recibir las Gaviotas de Plata y de Oro. Al momento de obtener esta última, realizó una reverencia antes de abrazar el galardón, visiblemente emocionada. Ya con mayor calma, recordó sus inicios y comentó que en ese instante pensó en cuando cantó en el Festival de la Cebolla en 1998, destacando lo significativo que resultaba para ella regresar ahora y vivir ese momento sobre el escenario del certamen viñamarino.

Bastaron solo un par de canciones para que llegara el momento más especial de la noche, cuando finalmente se cumplió lo que el público esperaba, la entrega de la Gaviota de Platino a Mon Laferte, quien al recibirla apenas pudo hablar debido a la emoción. Minutos después, logró decir únicamente “es hermosa”, mientras el anfiteatro celebraba el histórico reconocimiento.

“Genuinamente amo a mi público y a mi país. Solo deseo que sean felices y mucho amor, mucho amor para ustedes”, expresó, provocando que los asistentes respondieran al unísono con el grito de “¡se lo merece, se lo merece!”.

Cerró una de las noches más históricas de su carrera con Antes de Ti, instancia en la que incluso bajó del escenario para cantar junto al público de palco, aunque confesó que, de haber podido, habría llegado hasta el último rincón del anfiteatro. Con los asistentes aún emocionados por lo vivido, Mon Laferte se despidió agachándose sobre el escenario, lanzando un beso al aire y recogiendo sus Gaviotas antes de abandonar la Quinta Vergara.

Los ganadores de la Competencia

En esta penúltima noche también se dieron a conocer los ganadores de ambas competencias. En la categoría Folclórica, el triunfo fue para Chile con A los 4 Vientos, quienes obtuvieron el primer lugar gracias a su canción Valoración, llevándose la Gaviota de Plata y un premio de 33.900 dólares. El reconocimiento a Mejor Interpretación en esta categoría recayó en España, representada por María Peláe con Que Vengan a por Mí, obteniendo igualmente el galardón junto a un premio de 11.300 dólares.

En tanto, la Competencia Internacional también tuvo como ganador a España, esta vez con Antoñito Molina y su canción Me Prometo, quien se quedó con la Gaviota de Plata y 33.900 dólares tras superar a Chile por una décima en el puntaje final, alcanzando un promedio de 6,5. Por su parte, el premio a Mejor Intérprete Internacional fue para Johnny Sky con Call On Me, representante de República Dominicana, quien recibió la respectiva Gaviota y un monto de 11.300 dólares.

El reguetón se tomó el escenario con sello orquestal

La penúltima noche se despidió con una verdadera fiesta en la Quinta Vergara. Yandel llegó al escenario con una propuesta distinta a lo habitual, nacida a partir de una invitación de la Universidad Internacional de Florida, donde fue desafiado a reinterpretar tres de sus canciones junto a la orquesta sinfónica de la institución.

Lo que ya había sido un exitoso experimento en Estados Unidos encontró ahora un nuevo impulso frente al público de Viña del Mar. A pesar de la hora, la energía en la Quinta Vergara permanecía intacta. Desde palco hasta galería, miles de asistentes esperaban presenciar esta renovada versión sinfónica de los clásicos del reguetón que han marcado a distintas generaciones durante años. 

Acompañado por una orquesta chilena, el artista puertorriqueño vistió un traje acorde a la ocasión, aunque sin abandonar sus icónicos lentes y barba. Inició el espectáculo con Puño de Tito, dejando en claro que sigue siendo una de las grandes leyendas del género. No hubo instante en que el público permaneciera inmóvil. Desde los primeros acordes, los asistentes bailaron y mantuvieron las manos en alto durante toda la presentación.

“Espero que nunca me olviden”, expresó Yandel ante un recinto completamente entregado, manteniendo el ritmo de la noche con canciones que el público conoce de memoria como Permítame, Teléfono, Rakata y Besos Mojados. Y cuando la emoción parecía alcanzar su punto máximo, llegó una de las mayores sorpresas de esta edición del festival. Al comenzar Plakito, apareció en el escenario Wisin, provocando una de las ovaciones más intensas de la jornada.

Pero no fue el único invitado del cantante, ya que también se sumó al espectáculo su hijo, Sour Beats, quien interpretó su tema Everyday. El show también tuvo una marcada presencia chilena cuando, minutos más tarde, apareció en la Quinta Vergara Kidd Voodoo, presentando una versión sinfónica de su canción Me Mareo, haciendo su segunda aparición en Viña del Mar esta semana.

El público mantuvo una euforia constante, donde bastaba que la orquesta interpretara los primeros acordes de Me estás tentando para que todo el anfiteatro comenzara a cantar al unísono. Incluso los propios músicos se sumaron al ambiente festivo, bailando dentro de lo posible mientras tocaban, manteniendo intacta la esencia y el ritmo del reguetón pese al formato del espectáculo.

“Yo deseaba esto hace muchos años, volver aquí. Se lo agradezco a Dios todas las noches”, confesó al recibir la Gaviota de Plata, un reconocimiento ampliamente solicitado por el público. Bastaron solo unos segundos para que comenzaran a ovacionar y exigir también la de Oro. La noche llegó a su fin cerca de las tres de la madrugada, cerrando el espectáculo con una de la canción solicitada, Yandel 150.

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