Escrito por Steven Ojeda
Fotos por Nicolás Molina
Con un calor considerable para entrar a refrescarse al Lago Llanquihue, el público se preparaba para llegar en comodidad al Teatro del Lago para disfrutar el unipersonal de Devendra Banhart.
Con su debut en Frutillar celebrando los 20 años de “Cripple Crow”, el músico venezolano-estadounidense dio un show más que notable y que contó con el refugio de Niña Tormenta, ofreciendo por supuesto el frío y la calma de siempre.

Niña Tormenta: Cuidando la humedad en opuesta estación
Serena y con la mirada en calma, Niña Tormenta abrió puntual su show. “Me la enseñó mi papá, me parece que es muy linda esta canción para abrir” mencionaba Tiare con “A la mar fui por naranjas”. Últimamente en estos tiempos tan turbios, es increíble que haya personas que equilibren el ambiente con su música y presencia. Las siguientes canciones que fueron “Va a llover hasta el domingo” y “Que entre el frío” no son las que uno pensaría escuchar con el calor que existía hace algún momento. Pone las cartas boja arriba, sin escondites, y da la confianza para que puedas dilatar tu corazón estrecho para entregarte paz, o puedas cuestionarte de que no estaba tan lejos como creías.
“Soy cantautora de Chile, segunda vez que toco aquí, me encanta venir al sur, me siento conectada con mi elemento” continuaba Tiare. “Cancion Nueva” y “Pequeñas esperanzas” fue el dueto para mostrar canciones de su primer y último álbum.
Finalizando su show con su tal vez, canción más cariñosa, dejaba el último mensaje: “Gracias a David en el sonido y a mis amigas que me acompañan, Rosario Alfonso y a la Chini, en especial a la Chini que está de cumpleaños, les dedico esta canción”. El Teatro del Lago dio el espacio, Devendra la oportunidad y la Niña Tormenta el cobijo con su última canción “Tu cabecita y la mía”. La música en Chile es maravillosa, pero solamente se enaltece con amistad y cariño, y así lo ha demostrado la carrera de Niña Tormenta.

Devendra Banhart en Frutillar: De comedia y humo fragante
Hay experiencia y confianza.
Con el inmenso Teatro del Lago a sus ojos, Devendra Banhart aparecía entremedio del telón con humo de un incienso y con guitarra en mano. Con un pequeño estante con un incienso entregando la atmósfera, “A Sight to Behold” fue el inicio del debut en Frutillar. “Mari mari, como están”, mencionaba Devendra: “hay opciones, hasta pueden estar terriblemente bien o, terrible” sacando esbozos de sonrisas. Entrego de inmediato el calor y relajo para la larga espera.
A sus palabras, su setlist constó de sus canciones en orden cronológico, mencionando de vez en cuando los años de existencia de tal canción. 25 años la primera canción señalaba. Personalmente, la atemporalidad es lo suyo. O por lo menos el formato le ayudaba a ello. Canciones con 15, 20 años, a manos y experiencia de ahora, se escuchaban y envolvían como nuevas. La “piel de gallina” que pasa cuando conectas una canción es inevitable, pero ¿cómo va a pasar con una canción que ya conoces, sabiendo que es de hace cuatro álbumes atrás?: pues, Devendra Banhart en mano, vista y palabra.

Como primicia personal, primera vez que escucho algo parecido: “Les pediré una cosa, sería raro que además de comprar la entrada le esté pidiendo algo, pero anda al baño, no te preocupes, no habrá una luz que te apuntará, además son exquisitos, anda por mi”, mencionaba Devendra sacando carcajadas en el público. Proseguía: “Agradecer a Niña Tormenta, bellísimo, una presentación elemental, primordial, ancestral, me sentí como flotando, espectacular y que suerte tengo, y ustedes también”.
“Brindo” fue la elegida por el cantautor que dio la oportunidad al público a elegir las siguientes canciones a tocar, formando un bullicio de canciones en el aire mientras el artista iba hacia el público haciendo muecas y morisquetas de estar escuchando al público, para llegar a su silla y terminar con un “No entendí nada”, bromeando por supuesto.

Apagado el primer incienso, prendió otro y prosiguió. Con piernas cruzadas, como el idioma cruzado entre el español e inglés que hablaba, sabe hacer un show. Lo intrínseco estaba. No es de los músicos que se pierden y va a otro mundo entre sus canciones, pero las intentaba mantener dentro de su naturaleza con solamente su guitarra y el humo que lo envolvía. Con los pies fijos para que la canción no lo elevara al cielo del teatro. Tiene un público que mantener a flote y no daba espacios para que ellos no estuvieran pendientes a otra cosa más que a él.
“Mi Negrita” fue otra acogida por Devendra desde el público. Pero él tenía todo preparado. “The Other Woman”, “Bad Girl”, “October 12”, seguían como los infaltables, con el comentario cómico por supuesto al final: “¿Cómo están sus intestinos? ¿Están okei? Me importa el estado de sus órganos, vayan al baño”.

Realizando una invitación al público a tocar una canción en el escenario, se subió Cristian, que tocó una pieza instrumental con guitarra dedicada a su madre. Comedia y sorpresas era lo que pasaba en el Teatro del Lago.
Terminando con “Nun” y “Carmensita”, sin que también Devendra cambiara las letras de las canciones para proponer la risa, envolvió a su gente. Todos participes, mejillas apretadas y disfrutando permanentemente el debut en Frutillar, Devendra Banhart fue y es el pegamento social para la concurrencia.
