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Javiera Mena en Teatro Municipal de Stgo: El paraíso del pop

En lo que fue, indiscutiblemente, el broche de oro para cerrar 2025, Javiera Mena presentó sus clásicos y también las canciones de “Inmersión”, su más reciente álbum, ante un Teatro Municipal de Santiago repleto y más que contento de recibirla por segunda vez.


Escrito por Alexander Castillo
Fotos por Aarón Castro

Hace un año, Javiera Mena cumplía un hito en su carrera presentándose en el Teatro Municipal de Santiago con un show especial e íntimo, uno que la vio sobre el escenario reversionando clásicos de su discografía en clave sinfónica. Como no hay primera sin segunda, el retorno de la reina del electropop nacional al emblemático recinto estuvo marcado por sus propios destellos, partiendo por la celebración del estreno de su sexto álbum de estudio “Inmersión.

Así, el primer acto de la velada estuvo reservado para dar a su último lanzamiento la atención que se merece y dar una oportunidad a quienes quizá no estaban tan convencidos con el sonido en estudio —como quien les escribe, no puedo mentirles— de finalmente sumergirse en el brillo y la gracia de “Inmersión”, cuyas canciones adquirieron aquellos matices de grandeza que a veces solo se consiguen con la música en vivo, cuando sientes la melodía y la instrumentación penetrar tu piel hasta conectar con el corazón.

Acompañada por una gran banda de apoyo, en la que el saxofón se corona como el gran protagonista de la jornada, y también por el Cuarteto Austral —quienes también han brillado junto a Los Bunkers—, canciones como “Palacio de Hielo”, “Pez en el agua” —favorita personal— y el single “Mar de Coral”, cantada a dúo con Gepe, fueron recibidas con cariño pero cierta tibieza, más fría que cálida, por el público. Un hecho que me conflictúa de cierta forma, pero ya llegaré a eso.

 

Los diferentes caminos para llegar a tus ojos

El momento más íntimo de la noche, la calma antes de la tormenta de baile, llegó con Javiera frente al piano negro, reflejada en la gran pantalla del escenario mientras entregaba una emotiva y desnuda versión de “Esquemas Juveniles”, cuyo único acompañamiento fueron las voces a coro de sus músicos y, cómo no, el público del teatro, rendido ante el poder del clásico de clásicos.

Un segmento que también contó con las interpretaciones de “Dentro de ti”, de “Espejo” (2018) y “Acá Entera”, de “Mena” (2010), culminando con la ternura adolescente atemporal deCámara Lenta”, ahora con la banda de vuelta tras sus instrumentos y un exquisito solo de saxofón reemplazando la guitarra de su versión original.

Se cierra el telón, la gente sale a tomar aire y así termina la primera mitad del concierto. No lo sabíamos con certeza pero quizá lo esperábamos de igual forma: después de ese interludio de diez minutos, el Teatro Municipal de Santiago se convirtió en el Rave Municipal de Santiago.

Javiera, así

Sola contra el mundo, ella y un par de sintes, Javiera Mena se apoderó del escenario con un fluido set de sus canciones más enérgicas. Un ademán con las manos bastó para poner de pie al público, desde las plateas a los palcos, y la música hizo el resto. Partiendo con “Entropía”, directamente desde su último álbum, Mena hizo justicia a temas que quizás han pasado más desapercibidos para los fanáticos casuales. Por lo menos la tónica del baile fue más exitosa que la del karaoke, si bien algunas voces más fieles lograron invocar las palabras de “Culpa” y “Flashback”. 

El peak de todo, del show, del año, de la vida, quizá hasta del pop chileno de la década pasada, se dio en “Espada”. Acá no faltaron las voces, nadie falló en la letra, porque es una de sus canciones más exitosas y una absoluta carta de amor a la música pop. Fue una euforia más que merecida pero que se llega a sentir injusta si se compara con la tibieza que tuvo el público con los cortes más recientes de su discografía

Separando a los fanáticos acérrimos, que sin duda poblaban los asientos del Teatro, el grueso de la audiencia —y lo que pude observar en la platea— no parecía tener en su radar ni siquiera a las canciones de “Nocturna” (2022), moviendo el cuerpo al son de “Diva”, porque cómo no hacerlo, pero aplaudiendo con el mero ímpetu de a quien le muestran una canción que no conocen y que les terminó gustando. 

Javiera Mena está lejos de ser y necesitar convertirse en una artista de shows dedicados a “grandes éxitos”, hay que entender que su discografía no se pausa después de “Otra Era”. Tarea para la casa, supongo.

Y tu estrella das, más que a las demás

El instrumental de “Reina de la Selva” acaba con la rave y en este interludio Javiera desaparece del escenario. Un par de miradas confusas recorren el hermoso Teatro Municipal hasta que ahí, al centro de todo, en la entrada del salón, reaparece la estrella. Micrófono en mano y sonrisa en el rostro se entrega al amor de la gente mientras entona “Corazón Astral”.

Baja por la platea y saluda a su público, dedicando unos segundos de performance para bailar con una asistente antes de volver al escenario y “acabar en la playa, en el fin de la noche”. El aplauso del público se intensifica con los primeros acordes de “Hasta la Verdad”, un clásico de su segundo álbum elevado a su máxima potencia en parte gracias a la proeza del Cuarteto Austral, quienes hicieron completa justicia a los arreglos de cuerdas que conforman el corazón del tema.

Y si el show partió celebrando sus nuevos triunfos, el resto de la noche se enfocó en festejar sus décadas de trayectoria. Años de coqueteos con distintas vertientes del pop y la música electrónica visitados, en los momentos finales del concierto, a través de las interpretaciones de “Otra Era” —como siempre, lentes incluidos— y la especial participación de Javiera Parra en “Yo no te pido la luna”, una de las canciones que catapultó a Mena en los mercados internacionales cuando recién estaba partiendo su carrera. 

En un pestañeo “Esquemas Juveniles” cumplirá veinte años y yo imagino que el aniversario traerá un festejo a la altura del bombazo que significó el disco, no solo porque instaló a Mena como una “institución” del pop, tal y como la declaró Gepe durante la noche, sino que por plantar en el terreno fértil de la música independiente chilena una de las tantas semillas musicales que el pasar de los años vio florecer en technicolor.

Cuando bailo contigo no me preocupo más

Otro momento habrá para volver a hablar del impacto del debut de Javiera Mena. Mientras tanto, es “Mena”, su segundo álbum, el que se encarga de cerrar con broche de oro con la dupla “Luz de Piedra de Luna” y “Sufrir”, dos temazos que inexplicablemente no fueron ni tan bailados ni tan cantados por la platea —aunque, según me comentaron, los palcos se encargaron de disfrutar por quienes no lo dieron del todo—. ¿Qué pasó ahí realmente? ¿Nos gusta Javiera Mena o solo nos gusta “Espada”?

Quizá estoy pecando de quisquilloso, hasta de hater pueden tacharme, pero un show de esta calidad merece un público a la altura, no una masa cuyo mayor movimiento es el aplauso entre canciones, sin desmerecer el bailoteo de quienes vivieron el show con el corazón en la mano. 

Aún así, me enterneció ver lo intergeneracional que fue la convocatoria: niños, adultos mayores y, claramente, las juventudes zoomers y millennials que repletaron el Teatro. Un fenómeno a criticar de esta experiencia: los pololos fanáticos de Javiera Mena, que parecen alérgicos al baile e inmutables ante el hecho de ver en vivo a una de las grandes voces del pop nacional.

Del show mismo nada que criticar. Entre tanta guitarra violenta en la moda musical chilena independiente, estas dos horas de espectáculo fueron la dosis perfecta de pop bailable para terminar el año con ganas de volver al paraíso que alguna vez fuimos.

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