Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Andie Borie
Empecemos por lo obvio, lo cierto y lo obligatorio de decir: Stewart Copeland es uno de los mejores bateristas de todos los tiempos. Su estilo de tocar que ignora y tuerce la norma a su gusto, hace que cada vez que se siente en el sillín entrega una versión inédita de las canciones que toca. Eso es algo que está de base, presente durante toda su carrera, y reflejo total de su personalidad inquieta.

Por lo mismo no es extraño que tras el último álbum de The Police en 1983, el baterista levantase una carrera como compositor de soundtracks ese mismo año –con el OST de ‘Rumble Fish’ de Francis Ford Coppola–. Sus acciones y decisiones siempre parecieran surgir desde lo instintivo, con un olfato que siempre busca nuevos horizontes que estimulen su mente a nivel creativo, como principio innegociable de su persona como artista.
De allí que ‘Police Deranged For Orchestra’ toma sentido, pues ciertamente se presenta como un momento full circle en el que convergen todos estos elementos esenciales de su carrera: las grandes canciones de The Police, su hiperactividad en la batería, y su pasión por los soundtracks. Es que, empecemos por el hecho de que estas versiones de los hits de su banda con Sting y Andy Summers no se van por el camino facilista en el que los arreglos de cuerdas podrían ir a la par de la melodía vocal solamente –por decir un ejemplo–. No, por el contrario, son reimaginaciones totales de estas piezas.

Y hasta eso tiene una razón de ser, pues estos arreglos «trastornados» fueron hechos originalmente como parte de «una banda sonora de una película que realizó a partir de imágenes en Super8 de la banda que había grabado durante su ascenso a la fama«. Aparte, el contexto de una película es distinto al de un disco, la mecánica es distinta, por lo que habla muy bien de su ética de trabajo que prácticamente «rehiciera» las canciones.
Esto es lo que traía Stewart Copeland en su show en Chile en el Teatro Municipal de Santiago, instancia de lujo que le trajo acompañado de grandes artistas y músicos, con la agrupación argentina Eruca Sativa como banda, la Orquesta de Cámara de Santiago, Nico Sorín como director, y Sarah-Jane, Alta Gracia y Rachel Melanie como vocalistas.

Con eso, la llegada al escenario del Municipal de Santiago del baterista fue recibida con ovaciones estruendosas y muestras de cariño instantáneas, respondiendo a la presencia efusiva e inquieta de Copeland. Con todo y todos en su lugar, el concierto dio inicio con «Demolition Man» y «King of Pain», reflejando de inmediato este nuevo imaginario de estos clásicos. Algo que quedó aún más patente con «Roxanne», mega-hit que se mostró con otra vida, fuera del minimalismo que la caracteriza y con un pulso más primitivo –lo que es curioso de decir considerando que algo orquestado y sinfónico respondería a cierta cualidad ceremoniosa y solemne, lo que, ciertamente existía también–.
Asimismo, Stewart se fue paseando por distintos cortes de menor o mayor popularidad como «Murder By Numbers» y «Spirits in the Material World», dando paso a numerosos momentos que daban cuenta de su amor y sus aptitudes como frontman. Por ejemplo, y con su satírico humor, al presentar «One World (Not Three)» dijo que en su lado del escenario estaban sólo los que «golpeaban mi*rda» y al otro lado los músicos reales, causando risas. Después, arengó al público que repletaba el teatro diciendo que «Santiago de Chile es el mejor público que canta del mundo«, dando paso a «Walking On The Moon».

Su inquietud también mostró otras facetas, como cuando dirigió a la Orquesta de Cámara de Santiago –con su baqueta– en «The Equaliser Busy Equalising» o tocó la guitarra en el «Orc Jam» y «The Bed’s Too Big Without You». Todo perfectamente contrastado cuando aparecían los clásicos como «Every Breath You Take» o «Don’t Stand So Close To Me». Sí, estas versiones reimaginadas eran del todo distintas, pero el enfoque cinematográfico era absorbente y tenían éxito en su posición como adaptaciones. El público coreando era evidencia de eso.
Pero, e inculco una vez más, el despliegue musical al menos desde el baterista venía desde algo más visceral, como aquel que habla el lenguaje de las sensaciones, o, más preciso y probablemente psicológicamente correcto de decir, venía desde una pulsión que Stewart no busca reprimir. Por eso los rudimentos y fills de «Message In A Bottle» y «Can’t Stand Losing You» fueron algunos de los cortes donde el músico más licencias se tomó, estremeciendo a la audiencia por tamaño musicianship.

Tras el encore, Lula Bertoldi de Eruca Sativa toma el micrófono diciendo, entre varias cosas, que «Stewart Copeland es un tipazo, tan tipazo, que nos dejó tocar una canción de nosotros«, con el otrora The Police tomando la guitarra y sumándose a los trasandinos a tocar «Magoo».
De esta forma, la última canción preparada del show fue «Every Little Thing She Does Is Magic», la que fue (des)afortunadamente interrumpida tras el primer coro por un apagón generalizado en el casco histórico de Santiago Centro, lo que no detuvo al baterista de seguir tocando, siendo tan sólo otro estímulo más que perseguir y desarrollar para un momento artístico genuino, espontáneo, y porqué no, épico, acompañado de todo el público chileno coreando la canción con más fuerzas en un cierre tanto magistral como humano.
Setlist de Stewart Copeland en Chile:
- Demolition Man
- King of Pain
- Roxanne
- Murder by Numbers
- Spirits in the Material World
- One World (Not Three)
- Walking on the Moon
- The Equaliser Busy Equalising (con Stewart Copeland conduciendo a la Orquesta Cámara de Santiago)
- Every Breath You Take
- Orc Jam (Stewart Copeland en guitarra)
- The Bed’s Too Big Without You (con Stewart Copeland en guitarra)
- Don’t Stand So Close to Me
- Message in a Bottle
- Can’t Stand Losing You / Reggatta de Blanc
- Magoo (Eruca Sativa cover) (Stewart Copeland on guitar)
- Every Little Thing She Does Is Magic
