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‘Wrecking Ball’ de Emmylou Harris: Contemplativa maduración

Escrito por Felipe León

Junto a The Fallen Angels en las andanzas cósmicas y psicodélicas de Gram Parsons (The Byrds, The Flying Burrito Bros), Emmylou Harris comenzó a hacerse un nombre en el panorama del country setentero. Dos décadas más tarde continuaba firme a su ritmo, fijando una unión creativa con el productor Daniel Lanois que impactaría en su carrera: nacía ‘Wrecking Ball‘ (1995).

Una adaptación a los tiempos que equiparó lo alcanzado en los 70’s con ‘Pieces of the Sky‘ y ‘Elite Hotel’ ambos de 1975, y un año más tarde con ‘Luxury Liner‘. Este movimiento acuñó sensibilidades y estilos propios de la época, enfatizando ciertos tintes calmos y etéreos, a partir de una disposición vocal que dialoga desde un rol protagónico con las atmósferas y texturas acontecidas en el disco, en sintonía con las emociones que busca poner sobre la mesa.

Tal acercamiento a sonidos que se desarrollaban durante esa época como el alt-country y americana, contribuye a la esencia del álbum, dotando estas nuevas vibras de una maduración en su autoría. La presencia amplia y cercana de su voz, mucho más narrativa y contemplativa, se complementa con instancias sonoras cálidas y melódicas, a la par de otras flotantes, sentimentales y melancólicas, las que se acoplan al sentir pastoral y existencial que promueve el disco.

Desde la partida con «Where Will I Be» se consolidan las ambiciones de Emmylou Harris, llegando a instancias de alto revuelo como «Sweet Old World», «Goodbye», «Goin’ Back to Harlan», «Blackhawk» o el corte titular. Su impacto fue tal que volvería a la primera plana del country, añadiendo nuevas formulaciones a tono con lo que ocurría en ese entonces, siendo ‘Wrecking Ball‘ un acierto en su trayectoria.

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