Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por María José Muñoz
Este año 2025 –que ya está llegando a su fin– nos ha dejado un montón de conciertos que parecían imposibles de concretar, o como mínimo, muy lejanos y fuera de nuestras manos. El debut de Ichiko Aoba fue uno de ellos, y es que desde su anuncio, el público chileno se hizo notar agotando rápidamente la primera fecha, al punto de que se anunció una segunda fecha consecutiva –después de todo, Santiago de Chile es la ciudad sudamericana que más escucha a la cantautora nipona en plataformas de streaming–.

Pero, ¿por qué parecía tan lejano? La razón más lógica sería que es oriunda de Japón, país del que es difícil que vengan artistas por lo caro que es que viajen a esta parte del mundo –una brecha cada vez más angosta en todo caso, considerando que Chile es uno de los mercados que más consume música japonesa en el mundo–. No obstante, el otro motivo pareciera ser el que va más al caso, y es que la música folk de Ichiko Aoba suena a algo de otro mundo, intangible y que reside sólo en nuestras fantasías.
No es algo ilógico y descabellado. El propio imaginario visual propone eso, en un aspecto más onírico. La propia figura de la japonesa se mitifica cada vez más con los registros de shows que brinda en la verde intemperie. Sus fans muchas veces usan la palabra hada para describirla y referirse a Aoba. Sin embargo, cabe destacar que el núcleo mayor de la propuesta de la artista se centra en la conexión con la naturaleza. Su folk minimalista y/o preciosista ha sido relator de historias –reales o ficticias– vinculadas a espacios bien específicos de Japón, como las Islas Ryūkyū, ubicadas al sur del país, como es en el caso de sus últimos discos ‘Windswept Adan’ (2020) y ‘Luminescent Creatures’ (2025).

¿A qué voy? Que es la propia belleza de la realidad, ubicada en la prístina naturaleza, la que inspira los paisajes y mundos oníricos creados por Ichiko Aoba. Es su conexión con estos elementos –palpables– la que evoca eso que nos parece tan lejano pero asombroso. El simbolismo del mar, el significado de las flores, etc. Su relación a través de la ternura con la naturaleza es la que revela estos sueños plasmados en una discografía de ensueño.
No es casualidad todo este preámbulo, y es que lo sucedido durante la primera y segunda fecha, dejó al descubierto cómo el estar presentes, la consciencia, y la vulnerabilidad de la artista –y su público– abren estos sitios que nos parecen lejanos. Sólo para decirnos que siguen allí, invitación que hizo la cantautora a través de la experiencia misma. Hablaremos de esto en relación a la segunda fecha, que fue la cubrimos como prensa acreditada del show.
El pasado domingo 30 de noviembre, el Metropolitan Santiago fue la sede del segundo encuentro de Ichiko Aoba con su público chileno, siendo una jornada que se desarrolló de forma distinta. Una media hora más temprano, con una audiencia visiblemente menos ansiosa –aunque igual de emocionada, por supuesto– por lo que estaba por suceder. La previa contenía tranquilas piezas envasadas de música nipona sonando a través de los speakers, como «Merry Christmas Mr. Lawrence» de Ryuichi Sakamoto. Finalmente, y entre aplausos, apareció la cantautora para posicionarse en el escenario en su silla, rodeada por sus instrumentos, una lámpara, distintos adornos y conchas. «Space Orphans» comenzó a sonar, con una cualidad oceánica peculiar plasmada no sólo en el sonido envolvente, sino en los azules estrellados que emanaban de las luminarias.
Las ovaciones fueron categóricas, y es que el silencio atento y gentil de los asistentes durante la performance de la artista mutaba en ruidosas muestras de cariño que dibujaban una sonrisa en el rostro de Aoba. Y bueno, acto seguido quedaría más que patente que el setlist de la jornada sería significativamente distinto al de la primera fecha: «卯月の朧唄 (Uzuki no Oboro Uta)» y «テリフリアメ (The Rain from Light and Shadow)», ambas de ‘qp’ (2018), el álbum que comenzó a catapultar la música de la artista a nivel global. Estas piezas, dueñas de una riqueza melódica entrañable y de una delicadeza sedosa, ya tenían al público sumergido en este entorno de ensueño; los hilos de voz de esta última recorrían cada rincón del recinto como un afable hechizo.

Lo que vendría después sería uno de los despliegues técnicos más impresionantes que nos tocaría presenciar durante la velada.«Ikinokori Bokura», «IMPERIAL SMOKE TOWN», y «Mars 2027», piezas de la época más temprana en la carrera de la artista –específicamente de ‘0’ (2013) y ‘Utabiko’ (2012)–, que no fueron interpretadas en la primera noche. Una sorpresa de altísimas proporciones, dado que brindó más capas de complejidad a una velada ya más que redonda, pero con esto indagando en elementos más ligados al folk progresivo. La misma Ichiko Aoba lo dijo, que este segundo día contaría con canciones más difíciles de tocar.
En este momento, la artista se dio un momento de brindar un mensaje de unidad y fraternidad, al decir que todos tenemos la misma sangre, los mismos ojos, la misma piel, los mismos corazones, y que no hay fronteras. Sacó aplausos, los que darían el vamos a uno de los grandes tracks de ‘Luminescent Creatures’ (2025), «Wakusei No Namida». Sobrecogedor es decir poco, y no había que girar nuestros cuellos tanto para ver a múltiples asistentes derramando lágrimas, como si fuese también parte intrínseca del show. Así de fuerte se siente.
En este momento del show, con palabras de por medio sobre su experiencia en Chile y su cariño a nuestro país, la japonesa dejó de lado su guitarra por un momento para girar a su izquierda hacia el teclado, dando a inicio a un segmento que, de alguna extraña forma, se sintió aún más delicado. Sus vocalizaciones típicas y sus salidas de libreto eran pequeños detalles que agradecer, como un pequeño recordatorio de que los mundos oníricos que evoca provienen de lugares más que reales –como ya hemos dicho–. Aunque bastaba una pieza como «SONAR» para quedar totalmente absortos nuevamente.
Aquí ya la artista se dio un par de lujos. Sus dedos comenzaron a recorrer las teclas interpretando el motivo principal musical de «Merry Christmas Mr. Lawrence» de Ryuichi Sakamoto, icónica pieza del soundtrack de la película del mismo nombre, que muy de seguro recordó en el momento ya que sonó previamente al comienzo del show. Un tributo breve, cálido y conmovedor al difunto y legendario músico nipón, que sirvió de antesala a «hello», el main theme del OST de la película ‘Amiko‘ –compuesto por Ichiko–, siendo otra de las tantas sorpresas que dejó su segundo show en el Metropolitan Santiago.

Tras retomar su guitarra, la artista presentó el tema como «su canción más importante», interpretando la popular «Asleep Among Endives», con un sonido de cualidades sinestésicas que hacía brillar un verdor tranquilizador que sanaba los corazones angustiados y las mentes agotadas. El acto de estar presente se mostraba como un profundo respiro y una caricia que hacía relucir los detalles más cotidianos, en un instante en comunidad de lo más emotivo. Uno de los grandes momentos del show, sin duda alguna, al igual que el cover en español de «Más o menos antes» de su amiga Silvana Estrada –en una movida que está lejos de buscar, meramente, complacer al público hispanohablante, ya que es una canción que toca en otros países e incluso en su natal Japón– emocionando a más de alguno con la asombrosa transición a «A Hill of the Moon», con esos arpegios danzarines provocando todo tipo de sensaciones.
En este punto, cabe destacar que tras la formidable performance que rindió de la larga, compleja y fascinante «Kikaijikake no Uchuu», la artista dejó el escenario por un momento, tiempo en el que el público jamás dejó de aplaudir ni por un segundo hasta que volviera. Como si fuese una de esas postales que deja el Festival de Cannes tras grandes cintas, Ichiko Aoba provocó algo que jamás se ha visto en un concierto en Chile. Y vaya que merecía los aplausos, y vaya que se veía contenta con ello.
Tras recibir un bouquet de flores de parte de una fan, la nipona comenzó a cantar a cappella «amuletum», siendo el momento quizás más honesto y fuera de libreto de la jornada, con su voz al desnudo dirigiendo esos suaves versos mientras observaba cada uno de los pétalos de las flores que sostenía en las manos. El final llegaba con «bouquet», en una linda coincidencia que sacó unas breves risas, siendo uno de los grandes shows del año por lejos. Pero los motivos son totalmente ajenos a la lógica más clásica del espectáculo, pues, y como ya se dijo, Ichiko Aoba busca exteriorizar, a través de sus preciosas canciones, cosas que ya están presente dentro de nosotros, como allá afuera alrededor del planeta.
Y prometió volver. La mejor noticia de todas.
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