Son 22 años desde que el musical Wicked se estrenó por primera vez en Broadway. Con una inconfundible composición musical de Stephen Schwartz, se dio inicio al fenómeno verde y rosa en la historia de los musicales, con una trama que provenía de un libro: “Wicked: Memorias de una bruja mala” (1995), de Gregory Maguire. Hoy, en pleno 2025, lo que congrega en salas es el estreno de la segunda parte de sus adaptaciones cinematográficas: Wicked: for Good.
Por Alejandra López Díaz
Es en esa suerte de adaptación tras adaptación (y de universo transmedia, cuyo principal núcleo es la novela de L. Frank Baum), donde Wicked: for Good encontraba su gran desafío, especialmente considerando la decisión de dividir la historia en dos partes. Y es que presentar dos actos en un musical es lo evidente y esperable: con una misma duración, una simetría en cuanto a calidad, y una progresión dramática que mantenga la tensión narrativa.
He ahí la debilidad del Wicked de Broadway, pues es sabido entre la crítica que su segundo acto es más débil en comparación al primero: dura media hora menos, no tiene ninguna canción que pueda igualarse a The Wizard and I, Popular o Defying Gravity, y sufre una aceleración que sacrifica el desarrollo interno. Entonces, era casi inevitable que la pregunta más urgente fuera cómo la adaptación cinematográfica podía elevar la resolución de las brujas de Oz.
Y se dio respuesta con dos nuevas canciones, que si bien no revolucionan el universo, sí buscan arrojar luz sobre temáticas que profundizan el acto. De hecho, no es ridículo pensar que lleguen a ser incluidas finalmente en Broadway, pues se hicieron necesarias en cuanto su tópico. Sin embargo, y reiterando, muy lejos de alcanzar los niveles de la primera parte.

No Good Deed es de los platos más fuertes de Wicked: for Good. Visualmente muy evocadora del despertar “malvado” de Elphaba, interpretada por Cynthia Erivo —cuya calidad de interpretación jamás pongo en discusión—. La pieza musical funciona como el clímax de esta nueva entrega, aunque tampoco significa mucho decirlo, considerando que la película entera se mueve en un conflicto constante. Incluso, por ahí escuché comentarios de personas que terminaban desensibilizadas ante la incesante expresión de pesadumbre de Glinda, pero ¿cómo no iba a tenerla?
Quizá ahí había un punto en contra. Tener que presentar un quiebre dentro del quiebre que ya suponía Defying Gravity, para cumplir con la simetría de las películas, significado un esfuerzo que tambalea. Si en la primera parte teníamos un inicio, desarrollo y final bien demarcados (final abierto, sí, pero igualmente conclusivo a la odisea de ir a por el mago), en esta ocasión tenemos un arco narrativo que puede no ser igual de excitante, ya que va alrededor de una lucha que reitera quiénes son los malos y por qué hacen lo que hacen; siendo que, desde el final de la primera entrega, ya lo incorporamos.
En ese sentido, de todas formas existe la ilusión por cuajar los nexos con el Mago de Oz y conocer las leyendas tras sus icónicos personajes, sabiendo que caminaremos por la vereda de las brujas. Y aunque por debilidad personal me habría encantado una conversación más fluida entre las dos historias, era importantísimo no prestar ni por un segundo a duda quienes eran las protagonistas, y Wicked: for Good no falla en ello.

Tampoco falla en la capacidad de conmover. Entre las vueltas a ciertos espacios y los cambios de sentido —con las mismas melodías o las mismas frases—, encontré lo más conmovedor de la película. Las canciones ‘For Good’ y ‘Finale’, con la pompa y el esplendor característicos de los musicales, cierran estos volúmenes que supieron aprovechar escénicamente la imaginería de Wicked. Esto, habiendo buscado cerrar las subtramas como qué sucedió con Nessarose y Boq, qué fue del papá de Elphaba y cuál era el verdadero sentir de Fiyero, entre otras; aunque, por supuesto, algunas resueltas mejor que otras.
Como comentario resumen: hay un valor en la búsqueda de desarrollar y adaptar a algo más profundo un material ya de por sí enflaquecido para la trama en que se sostenía. No obstante, hay algo de raíz que resulta muy difícil de punzar, y no dudo que alguien haya intentado resolverlo proponiendo hacer solo una película.
Pero finalmente se optó por dividirla en dos, y, a cuatro años del anuncio, estamos a punto de cerrar una etapa importante dentro de la historia reciente del teatro musical en pantalla. Se vienen los Golden Globes y los Oscar, premios en los que Wicked: Part I obtuvo nominaciones significativas, aunque sin triunfos más allá del reconocimiento al vestuario y al éxito de taquilla. Y si se supone que allí se presentaba la mejor parte del show original… ¿qué cabe esperar para la segunda?
