Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Big Brother Recordings
Desde el anuncio de la reunión de Oasis con la gira Live ’25 hace más de un año –con la eventual confirmación de una visita a Chile–, era de lo más natural que los hermanos Gallagher se tomaran los titulares de los medios de comunicación y temas de conversación entre amistades. Después de todo, fue algo que tomó más de 15 años en poder llevarse a cabo. El mundo cambió mucho en ese tiempo, llegaron varias nuevas generaciones de fans y el retorno de los oriundos de Manchester se percibía como un verdadero hito.

Pero la llegada de Oasis a Chile iba más allá de las expectativas –que eran altísimas, pero ese no es el punto–. Son pocas las bandas y artistas que son capaces de detener la ciudad cuando aterrizan en nuestro país, y lo de los gigantes del britpop fue un fenómeno que se fue gestando por varios días. Como puntos específicos, la fiebre por los Gallagher tuvo manifestaciones materiales bien decidoras como la llegada de la Fan Store al MUT con filas largas de por medio y el rápido agotamiento de stock, o bien el show de drones en el Estadio Nacional que juntó a cientos a las afueras del recinto a presenciar el espectáculo, en un surgimiento espontáneo de comunidad.
Eso es lo más obvio a la vista, pero cualquiera se daría cuenta que esto era más profundo. El simbolismo de la reunión de los hermanos inevitablemente marcaba un nexo emocional con sus fans, no sólo por toda la dificultad que arrastró el cometido, sino por una idea aún más genuina, sencilla y a la fibra: los sueños sí se pueden cumplir. Y este se trataba de un anhelo compartido a nivel intergeneracional. De allí viene la monumental grandeza de este acontecimiento bíblico, del carácter prácticamente religioso del mismo, con decenas de miles de seguidores que tuvieron fe de que sucedería. Y así fue.
Richard Ashcroft: No podía ser otro
El invitado especial de la velada –y de todo el tramo sudamericano de la gira Live ’25– fue ni más ni menos que la voz de The Verve, Richard Ashcroft, otro nombre importante en la historia del britpop y un cercano personal a los hermanos Gallagher. Mientras caía el atardecer, «Ricardo» brindó un set que aprovechó al máximo su corta duración –de no más de 40 minutos– con un repertorio cargadísimo de canciones de su banda madre, y, de hecho, del clásico álbum ‘Urban Hymns’, abriendo el show con «Weeping Willow» y «Space and Time» sacando ovaciones de inmediato,
Tras presentar la única canción que tocó de su catálogo solista, «Break the Night With Colour», Ashcroft se dio un momento breve de dar unas palabras de agradecimiento al público, siendo un reencuentro que tomó 9 años en darse, y que en ese tiempo quizás, como dijo, varios pudieron haber perdido a alguien, dando el paso a «The Drugs Don’t Work» emocionando al Nacional. Acto seguido, no hizo nada más que dejar clásico tras clásico, con las coreadas «Lucky Man» y «Sonnet», llegando al clímax con la épica «Bittersweet Symphony», una canción tan icónica que puso a todos los asistentes a armonizar junto al arreglo de cuerdas, coreando cada verso y estribillo. La emoción y gratitud de Richard eran evidentes, y prometió volver a Santiago el próximo año con un show en solitario –una de las tres ciudades que a su criterio tienen el mejor público del mundo, junto a Buenos Aires y Glasgow–.

Oasis: U Mad Fer It?
Con la envasada «Fuckin’ In The Bushes» sonando mientras las visuales mostraban clips con distintos registros de la banda, Liam y Noel Gallagher llegaron al escenario tomados de la mano y compartiendo un abrazo que sacó más de alguna lágrima a alguno. Ellos ya estaban aquí, y la fiesta más grandes de todas comenzó de forma sumamente enérgica; nada más que saltos y gritos al son de «Hello», «Acquiesce» y «Morning Glory», con 64.000 asistentes mostrando su capacidad gigantesca de cantar y hacerse notar con el «What’s the story! Morning Glory! Well…«.
«Some Might Say» fue uno de los muchos himnos que se desplegaron durante las dos horas y 10 minutos de show que brindaron, y no tomó mucho para notar un par de cosas. Por un lado, el show de los británicos demostró que con Oasis siempre se trató de las canciones. Todo lo demás es accesorio –aunque en este caso, en tema de concierto, un plus–, y sus canciones atraviesan numerosas generaciones. De ahí que un momentazo como el poznań en «Cigarettes & Alcohol» fue punto de nada más que celebraciones, con la aprobación del mismo Liam Gallagher, quien nos lleva al segundo punto probado a estas alturas del espectáculo: el vocalista es dueño de una presencia magnética que aún si se manifiesta con una humildad muy carismática.
Las visuales maximalistas entre lo psicodélico y el collage eran el acompañamiento perfecto a canciones tan llenas de historia, como la que lo inició todo, «Supersonic», siendo coreada como si de un clásico de futbol se tratase. Así de fuerte se sintió, momentum seguido a punta de saltos con «Roll With It». Así, se dio el paso para que Noel tomase el protagonismo con un breve segmento de canciones donde toma las vocales principales, dedicándole a las ladies «Talk Tonight», conectando profundamente con la audiencia en «Half the World Away», y armando un masivo karaoke con «Little By Little». Su voz totalmente en punto.

Apreciemos cada momento
Con el regreso de Liam al escenario, dieron paso a la psicodélica «D’You Know What I Mean?», señal de versatilidad que sacó ovaciones por el sonido logrado –algo que se puede decir de todo el concierto, en verdad–, contrastando de maravilla con la seguidilla imparable de éxitos que dejaban caer. Todo el mundo se emocionó con «Stand By Me», canción que ha formado parte fiel del repertorio del presente tour, acción repetida en prácticamente cada canción que siguió, como «Cast No Shadow», la adorable «Slide Away» o la entrañable y luminosa «Whatever» –con un precioso guiño al final de «Octopus’s Garden» de The Beatles, con Liam demostrando su fanatismo por el cuarteto de Liverpool–.
Estas canciones llevan consigo todo tipo de memorias, emociones y sensaciones para nosotros, motivo por el que era imposible no hacer catarsis de alguna forma. Algunos se rompieron la gargante cantando desaforadamente «Live Forever», otros se entregaron a la locura y saltaron a más no poder con «Rock ‘n’ Roll Star» –con bengala incluida–, y muchos más lloraron en más de alguna ocasión. Pero esas lágrimas contenían nada más que alegría.

Ya el final fue de antología, y una forma explosiva de dar cierre a este capítulo de Oasis con Chile. Después de que Noel presentara a sus compañeros de banda, con Bonehead recibiendo grandes ovaciones, se dieron un lujo primero, «The Masterplan», para así dar paso a las canciones más grandes de su repertorio. Cada uno de los 64.000 asistentes se dejaron el corazón en cada verso y estribillo de «Don’t Look Back In Anger» –una verdadera metáfora que da significado a esta reunión–, así como también en «Wonderwall», que sonó tan fuerte que de seguro se escuchó a kilómetros a la redonda por los 30 años de peso histórico que carga consigo, y «Champagne Supernova», entregando un final épico a un sueño en vida sonorizado por su coro «Someday you will find me caught beneath the landslide in the champagne supernova in the sky«, cerrando con un prolongado espectáculo de fuegos artificiales.
Liam prometió el regreso de la banda «tan pronto como puedan», y saben qué, les creemos. La gratitud del mismo era algo palpable, y en este punto, sí es que esta reunión fue posible, no vemos razón de porqué no se pueda repetir. Anoche se hizo historia, y Chile fue testigo de este fascinante hito. Ahora sólo queda procesar.
Setlist de Oasis en Chile:
- Hello
- Acquiesce
- Morning Glory
- Some Might Say
- Bring It On Down
- Cigarettes & Alcohol
- Fade Away
- Supersonic
- Roll With It
- Talk Tonight
- Half the World Away
- Little by Little
- D’You Know What I Mean?
- Stand by Me
- Cast No Shadow
- Slide Away
- Whatever (con snippet de «Octopus’s Garden de The Beatles)
- Live Forever
- Rock ‘n’ Roll Star
- The Masterplan
- Don’t Look Back in Anger
- Wonderwall
- Champagne Supernova
