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«Mensajes de un amor que va a morir»: “Cada vez que estás acá”, el encanto pop de Safo

Después de años en el estudio y los escenarios, Safo vuelve a nuestros audífonos con su disco debut. En “Cada vez que estás acá”, una pieza de 9 canciones que son fundamentalmente pop —pero recubiertas por texturas oscuras y sonoridades que se alimentan del mundo del shoegaze y el dream pop—, la artista de San Bernardo deja en claro que la espera valió totalmente la pena.


Escrito por Alexander Castillo

En tan solo un par de semanas, octubre de 2025 se ha transformado en uno de los meses con la mayor potencia de lanzamientos de los últimos años. No solo recibimos la esencial segunda venida de Candelabro o vivimos el momento más primaveral de Niños del Cerro, sino que también nos llegó un regalo a quienes adoramos las canciones de des/amor, sobre todo si vienen envueltas en una romántica oscuridad —vampiresca, si se me permite—.

Si algo hay que destacar antes de hacer un desglose más a detalle, “Cada vez que estás acá” es una viva demostración de que en Chile aún se pueden hacer discos cortos, musicalmente cohesivos y malditamente disfrutables. Habrán pasado cuatro años entre “Sin Señal” (2021), el EP con el que Safo dijo “hola” al mundo, y bien que se nota en el minucioso trabajo que hace brillar su álbum debut

«Veo tus fotos para sentir algo»

En una duración que roza los 25 minutos —26 con 42 segundos, para quienes quieran precisión—, son nueve canciones que llevan la fórmula Sáfica a su más disfrutable extremo: pop oscuro en el que confluyen Clairo, My Bloody Valentine y Lana del Rey para darnos estribillos —como el de “Cartas sin responder”— que a más de una cabeza van a hipnotizar desde la primera escucha.

«Cada vez que te vea pasar en mis sueños procura saludarme» pide la voz de Safo en la primera línea de “Combustión”, que nos da la bienvenida a un disco cuyo espíritu puede verse reflejado en esa misma canción, que también contiene la frase titular del disco. Con toda la intensidad que se requiere, estamos en un viaje por el anhelo, la nostalgia, el deseo y la pérdida. Con sus luces y sus sombras, el romance

Los años de trabajo previos al lanzamiento del álbum y su corta duración dan cuenta de que no hay espacio para el desperdicio a lo largo de sus canciones. Más allá de los ganchos memorables, como el de “Monocromía” —que recomiendo encarecidamente ver en vivo para entender que Safo cada vez es más diamante a secas y no “en bruto”—, es en las texturas donde recae la clave de la genialidad de “Cada vez que estás acá”. 

Sin necesidad de rebuscarse en los sonidos, la banda y el trabajo de producción de Martín Pérez Roa ‘Merci’ han construido un universo rico en matices sintetizados, melodías que se comparte la guitarra con el teclado, silencios oportunos y hasta ambientes sutiles, de esos detalles que captas cuando estás escuchando en tus audífonos y te das cuenta de que ahí están, siendo un importante ladrillo más en este monumento pop de 2025.

«Mírame a la cara, todo está bien»

Quizá de mis favoritas personales es “Holograma”, que fácilmente evoca una ambientación estilo cyberpunk —de nuevo con los detalles, disculpen lo nerdo, ¡qué agradable el patrón de batería!— mientras Safo, en un atractivo estribillo, declara que es «lo que tú quieras», una ilusión que ella misma decide romper en el outro de la canción.

A sabiendas de que este es un disco pop, quizá los momentos más pop del tracklist recaen en “Estar Sola”, una oda a la necesidad de olvidar —«evito esas calles por donde sé que pasaste»— que contó con la participación especial de Soledad PuentesMarineros— en la producción, y “Cartas sin Responder”, otra de mis favoritas del álbum.

«Leí tus mensajes de un amor que va a morir, poemas sin terminar, estuviste para mí» canta Safo con una voz que es tan dulce como herida en un pre-coro que parece manufacturado con las palmas acompañantes del público en mente, seguido de uno de los estribillos más potentes de todo el álbum —a mi parecer—.

Es aquí donde pienso que la mejor forma de disfrutar este disco, y puede ser que sea la más lógica también, es sufrirlo en la cama simil años dos mil, con walkman, audífonos y una libreta/poemario amateur donde recaen los sentires propios que afloran al alimentar la pena con la música de Safo, de quien recuerdo hoy el póster que vendieron allá por 2022 en Backrooms Vol 1. en Rojas Magallanes y que claramente está pegado en la hipotética pared de la hipotética habitación donde tú, yo y todes nos acompañamos de este álbum para recordar y dejar ir.

«Y yo sigo pensando que esto no sucede, que no sucede»

La primera parte de “Gentil”, que despide el disco, se siente como un callback sonoro a las canciones de “Sin Señal”, un detalle que no sé si es percepción mía o un esfuerzo consciente pero que, junto al hecho de que también se siente como un nexo sonoro a “Combustión”, me hacen pensar en que el círculo musical de esta primera etapa de Safo llegó a una conclusión espectacular

Es el deseo, la entrega, la luz tenue pero peligrosa del romance, lo que comanda la lírica en este final de recorrido. «Úsame como tu quieras, haz como si no me conocieras» canta en el estribillo, doblando la apuesta en el quiebre y cambio de ritmo del outro: «Mi corazón no está para ti, pero mi cuerpo dice que sí», todo antes de irse entre pads etéreos y una batería corte breakbeat. ¿Y después vuelve a sonar “Combustión”? Ah, no, fue solo mi necesidad de repetirme el disco.

Hay tres hitos que me hacen pensar que el pop está a la vuelta de la esquina, asomándose poquito a poquito para volver al foco de la escena: el regreso de Fonosida, el significativo cambio de Niños del Cerro en Alma Tadema y, claro que sí, este bello debut de Safo, que no hace más que despertar en mí la duda sobre cómo va a continuar esta prometedora carrera musical después de alcanzar, desde mi perspectiva, el peak de su sonido actual.

Bueno, algo supe de una gira nacional por localidades del norte, centro y sur de Chile. Quizá hay que asegurarse la oportunidad de ver la historia transcurrir en vivo y en directo.


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