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Live Reviews

Candelabro en Aula Magna del Manuel de Salas: Siete son uno

Escrito por Renata Velásquez Romo
Fotos por Gerardo Aliaga

El sonido de Candelabro penetró profundamente en el Aula Magna del Liceo Manuel de Salas este pasado sábado, dando un repaso completo por su recientemente ampliada discografía, que fue recibido con coros y palmas que hicieron mover tanto el alma como el recinto.

Tras el lanzamiento de su disco ‘Deseo, Carne y Voluntad’ el pasado 3 de octubre, el grupo conformado por Matías Ávila, Javiera Donoso, Carlos Muñoz, Franco Arriagada, Nahuel Alavia, Luis Ayala y María Lobos se presentó ante un público cercano y afianzado para desvelar en vivo por primera vez su más reciente proyecto, que ha dejado al grupo entre los actos musicales más prometedores de la escena tanto nacional como internacional.

El show partió con Matías, entonando “Tomas Mis Manos”, con una lúgubre guitarra que luego recibió a Javiera en el escenario. Después, para seguir “llenando la casa”, tal como señala Ávila, se unieron Carlos, Franco, Nahuel y Luis para presentar una dulce versión de “Pared Abajo”. Por último, tomo el escenario María, para completar el septeto, donde la primera canción que toca el grupo completo, “Angel”, se vivió como una experiencia profundamente religiosa. Y la misa de Candelabro estaba recién empezando.

Las palmas y los coros fueron esenciales y naturales por parte del público, que forma una conexión transcendental con un Candelabro que en vivo suena como una unidad comprimida e indivisible.

El concierto dio un recorrido completo por la discografía de Candelabro, además de una melancólica adaptación de “Pájaros de Arcilla” del grupon nacional Congreso. “Pecado”, del más reciente proyecto se destacó como una de las canciones de la noche, desatando el el Aula Magna un enojo colectivo que se comparte entre artista y oyente entonando “Dios está perdido en una calle de Estación Central” una y otra vez, entre mosh y gritos tanto del vocalista (Ávila) como de todos los presentes.

La puesta en escena del grupo, incluyendo la elusiva y ad hoc escenografía, es electrizante y todopoderosa, lo que, en un recinto relativamente recluido es casi espiritual en muchos momentos, lo que coincide a la perfección con los temas de ‘Deseo, Carne y Voluntad’.

La genialidad del septeto es tangible y aparente, y su paso por este escenario es uno de muchos más que podemos esperar de Candelabro, que deleitan con su arte a cada vez más gente.

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