Escrito por Felipe León
Ya sin la tutela de Andy Warhol, y con la partida de Nico que comenzaría su propia -y celebrada- carrera solista, The Velvet Underground buscó reflejar la versión más cruda del proyecto. Atrás quedaron los tiempos en The Factory, continuando la enorme tradición experimental que los hizo una banda única, desde una vereda ruidosa con su segundo disco, ‘White Light, White Heat‘ (1968).
Si bien la química entre Lou Reed y John Cale se percibía en su debut con portada de banana, las cosas adquirieron aún más experimentación. Ambos concedieron una reveladora visión sobre cómo llevar el rock a terrenos menos convencionales, desarrollando un sonido ruidoso y distorsionado, en plena sintonía con las búsquedas que iban surgiendo en el camino, donde las restricciones fueron disueltas en base a pura innovación.
La experimentación es inmanente a la esencia The Velvet Underground, quedando demostrado en una obra que yace con el corazón puesto en el caos, la disonancia, y ciertos tabús. Entre temáticas relacionadas al uso de drogas, sexualidad ajena a la lógica binaria, o estados mentales de lo más maniacos, se encumbra un registro que sublima ese costado de transgresoras ideas retorcidas, tanto en lo lírico como en lo musical.
Desde el inicio con la canción que da nombre al disco, se visualiza la ruta a tomar en ‘White Light, White Heat‘. Poco menos de 39 minutos fueron suficientes, trayendo un cuento escrito por Reed recitado por de Cale en «The Gift», inspirándose en leyendas medievales inglesas con «Lady Godiva’s Operation», o bien tocando una balada en «Here She Comes Now». Para el final la contracultura guitarrera se deja sentir en «I Heard Her Call My Name», pero sobre todo la epopeica «Sister Ray» resumiría los desafíos que el grupo estuvo dispuesto a tomar.
