Escrito por Eleonora Olave Vásquez
Fotos por Nicolás Rosales
Refugiados del frío, los fanáticos de Jazz se reunieron en el Teatro La Cúpula este 7 de septiembre para ser parte de una experiencia religiosa y disfrutar el show de una de las bandas más virtuosas del género en la actualidad. Después de dos años desde la última vez que pisaron escenarios nacionales, el colectivo musical estadounidense de Jazz fusión Snarky Puppy fue el plato fuerte de la segunda jornada del festival Tiny Fest.

La tarde inició con los paisajes sonoros de la artista chilena Valentina Maza, que desde el minimalismo y su fuerte propuesta visual, maravilló a quienes comenzaban a ingresar al recinto.
Más tarde, fue el turno de Antonio Monasterio Ensamble, quienes cautivaron a un público que se rendía ante sus sonidos y vibraba con la interpretación refrescante e innovadora de lenguajes musicales que se entrelazaban de forma perfecta.

El fuego del Jazz fusión
Finalmente, a las 21:30, los espectadores, ya ansiosos por lo que iban a presenciar, vieron entrar a Snarky Puppy al escenario. Entre gritos, aplausos y silbidos, el colectivo musical originario de Texas encendió La Cúpula y partió con los primeros rasgueos de bajo de “While We’re Young”, que comenzó con una conversación musical entre el bajista Michael League y el brillante baterista Jamison Ross.
El fuego se avivó en el Parque O’Higgins cuando se unieron los demás instrumentos, generando las alabanzas de los asistentes, que en total éxtasis seguían el ritmo de la música, moviendo su cabeza y cerrando los ojos, como si de un trance psicodélico se tratara.

El público se fascinó con la complicidad entre los integrantes de Snarky Puppy, sentimiento que se percibió durante todo el concierto. No eran necesarias las palabras, solo bastaba que sus instrumentos hablaran entre ellos, uniéndose de forma impecable y creando un nuevo lenguaje que solo tuvo sentido esa noche, pero que la audiencia pudo entender a la perfección, e incluso, pudo unirse a la conversación de emociones con la banda.
Luego de un comienzo magistral, Michael League, líder de la agrupación, se dirigió de forma cercana y carismática a los fanáticos, en un español fluido, para agradecerles e introducir el debut de nuevas canciones, que de manera inédita, los chilenos pudieron escuchar en vivo.

Lo que siguió fue “Waves Upon Waves”, que se había lanzado hace tan solo 48 horas. En ese momento, la gente ya estaba en llamas, casi sintiendo devoción por la compleja mezcla de caos y perfección que se estaba presentando. Las diferentes energías de cada miembro se fusionaban con fuerza para dar clases de lo que es el buen jazz.
La locura llegó a su clímax cuando el violinista Zach Brock, protagonizó uno de los momentos más psicodélicos de la noche, tocando un solo con distorsión que provocó los gritos y entusiasmo del público.

El fin del show comenzó a tomar forma cuando los percusionistas se quedaron solos en el escenario, electrizando La Cúpula gracias a las perfectas improvisaciones que dieron el pie al comienzo de “Sleeper”.
Snarky Puppy se retiró de escena, dejando a una audiencia sedienta de más música. Sin embargo, las súplicas de los chilenos fueron escuchadas y la banda regresó en un bis que quedará en la memoria de sus seguidores, interpretando junto a la artista nacional Pascuala Ilabaca una de las canciones chilenas más populares en el mundo: “Gracias a la Vida”.
El cierre fue magistral con “What About Me?”, dando fin a un show que convirtió al Parque O’Higgins por aproximadamente dos horas en un hogar del jazz en el que los adeptos pudieron embriagarse e inmortalizar la magia del género gracias a Snarky Puppy.

