Robert Wheaton, longevo periodista musical, tuvo la oportunidad de conversar con Expectador sobre su útlimo libro: Trip Hop, el primero de la serie de géneros de la colección de 33⅓ y también el primero en ser editado en español por Clubdefans, la disquería y editorial chilena. Esto fue lo que conversamos:
La colección 33⅓ está centrada en álbumes, y tú escribiste el primer libro para la editorial sobre un género musical. ¿Cómo le presentaste esta idea al editor? Porque, de alguna manera, va en contra el espíritu inicial de la colección. Aunque se trata de música, no responde a la fórmula clásica.
Wheaton: Sí, en realidad yo ya había escrito un libro anterior.
Sobre Dummy, ¿cierto?
Wheaton: Sí, exactamente. Y creo que fue en 2019 cuando el equipo editorial de 33⅓ en Bloomsbury tuvo la idea de lanzar una nueva serie enfocada en géneros musicales. Me preguntaron si me interesaría escribir uno de esos volúmenes. Al principio tenía algunas ideas y, de hecho, dudé un poco sobre escribir acerca del trip hop, porque ya había escrito sobre Dummy, y ese libro contiene bastante material relacionado con el género. Pensaba que ya había cubierto mucho el tema.
¿Y entonces propusiste otra cosa?
Wheaton: Pensé en eso, pero también el trip hop es un género muy «sospechoso». Todos los músicos de ese primer grupo —Portishead, Massive Attack, Tricky, el sello Mo’ Wax— se burlaban de la idea del trip hop. Lo rechazaban totalmente, decían: “Esto es una mala idea, no hacemos trip hop”. Se definían más como artistas de hip hop o de otros orígenes, y veían el término como algo inventado. Así que inicialmente pensé que no quería acercarme a eso. Pero luego lo reconsideré: ¿qué significa escribir sobre un género que duró apenas unos años, que sus propios músicos rechazaron… pero cuya etiqueta ha sobrevivido?
Claro, aunque todavía hay playlists en Spotify, hilos en Reddit, discusión en Rate Your Music…
Wheaton: Exacto. Tiene una vida muy larga para un concepto tan frágil. Y eso me pareció fascinante. Así que eso fue lo que le propuse al equipo editorial de 33⅓: una guía de un género que teóricamente fue una mala idea en términos taxonómicos.
Pero cuando escribiste el libro sobre Dummy, tuviste que establecer ciertos parámetros sobre lo que es trip hop, ¿cierto? Aunque no he podido leerlo porque no está en español, imagino que escribir sobre un álbum te obliga a posicionarlo dentro de un género y definir este mismo.
Wheaton: Sí, hay un capítulo largo sobre el “sonido de Bristol” en ese libro. Porque muchos periodistas de la época atribuían el género a esa ciudad: Massive Attack, Tricky, Portishead, Smith & Mighty, todos venían de ahí. Pero incluso esa idea fue rechazada por los propios músicos, porque Bristol tenía una escena muy diversa. Y luego, claro, se suma el término trip hop, que fue inventado en 1994 por un periodista de Mixmag. Era como una especie de combinación: ya existía el acid house, el acid jazz… entonces esto era algo así como un «acid hip hop».
Una etiqueta mediática.
Wheaton: Sí. Y cuando escribí Dummy, analicé cómo todos los músicos rechazaban esa etiqueta. Aun así, durante un tiempo —entre 1994 y 1998— hubo mucha energía comercial detrás del término. Sellos discográficos clasificaban a artistas como Sneaker Pimps, Hooverphonic, Morcheeba como trip hop. Fue un fenómeno real, si no musical, al menos de marketing.
En tu nuevo libro también hablas de eso. De cómo estas etiquetas responden más a necesidades taxonómicas de la industria.
Wheaton: Exactamente. Sirven para descubrir música, ayudan a algunos artistas a posicionarse… pero también limitan. Obligan a los músicos a permanecer dentro de ciertos márgenes, y excluyen a otros que no encajan perfectamente. El caso del trip hop es especialmente problemático porque deriva de músicas negras: reggae, dub, hip hop. Y si dices que Massive Attack hace trip hop, estás diciendo que no hace dub, o que Tricky no viene del punk, lo cual es ridículo. Estás blanqueando la historia musical.
Incluso lo comparas con lo que pasó con el jazz en los años 50…
Wheaton: Sí, cuando el «cool jazz», asociado con músicos blancos, desplazó a figuras como ¡Miles Davis! en la narrativa mediática. Me pregunté si el trip hop no era una repetición de ese mismo patrón: un sonido “seguro” que desplazó a expresiones más radicales del hip hop negro.
Interesante, ¿Y cuál fue tu metodología para recopilar la información del libro? ¿Investigación de archivo, entrevistas…?
Wheaton: Mucha investigación histórica y de archivo. Leí revistas, periódicos, entrevistas de la época. También hice algunas entrevistas nuevas, y reutilicé algunas que ya había hecho para el libro de Dummy. Pero sinceramente, había tanto material que no fue necesario hacer muchas más. Tuve que recortar mucho. Al final, trabajé con el editor para condensarlo y que fuera un libro más corto y efectivo.
Escribí una reseña del libro y uno de los puntos que destaqué es que tiene una visión muy periférica del trip hop. No te enfocas en los clásicos como Dummy, Mezzanine o Maxinquaye, sino en sus raíces (reggae, dub, downtempo) y también de sus “consecuencias”, como los “chill beats” de internet. ¿Fue una decisión deliberada?
Wheaton: Sí, totalmente. Había una versión más larga del libro que incluía descripciones más tradicionales de discos al final de cada capítulo. Pero me pregunté: ¿cuánto valor le aporta eso a la experiencia del lector? Hoy en día, si alguien lee sobre un disco, lo va a buscar en Spotify. Preferí enfocarme en historias como la relación entre Tricky y Martina Topley-Bird, o hablar del diseño gráfico, la arquitectura sonora, el cine. Y sí, Dummy casi no aparece porque ya le dediqué un libro entero.
Entonces, más que escribir sobre los discos, tu idea fue guiar hacia ellos.
Wheaton: Exactamente. Menciono discos como Radar de Earthling o material de Bomb the Bass, pero preferí abrir temas más amplios que detallar discos archiconocidos. Creo que menciono más de 120 discos en el libro.
¿Qué libros te sirvieron de inspiración para escribir este?
Wheaton: Volví mucho a los textos de Greg Tate, especialmente Flyboy in the Buttermilk y su segundo volumen. Él tenía una mirada muy aguda, con entrevistas y ensayos muy potentes. También leí libros sobre jazz como Hard Bop o As Serious as Your Life, de Val Wilmer. Y otros sobre género y dislocación como Noise Uprising, que analiza cómo muchos géneros populares emergieron en ciudades portuarias, entre comunidades de inmigrantes y desplazados. Eso me ayudó a entender al trip hop como un fenómeno multicultural y deslocalizado. De hecho, también hablo sobre arquitectura o películas que de alguna manera se relacionan con el trip hop.
¿Leíste otros libros de esta nueva colección de géneros de 33⅓ a ver si existió alguna influencia formal de tu libro?
Wheaton: No todavía, aunque quiero leer el Folk Soul. Es difícil escribir uno de estos. En solo cuarenta mil palabras hay que cubrir mucho terreno. Me interesa ver cómo lo han abordado otros autores, pero no creo que hayan leído el mío. Es un tema muy específico.
Tal vez fue una pregunta muy chilena, porque aquí el mercado editorial es más pequeño, y hay escritores que sí piensan en dejar una huella o influir en cómo otros escribirán después. Por último, tienes un disco perfecto de trip hop que quieras recomendar?
Podría decir Dummy, pero recomendaré Like Wheater, de Leila. Es muy experimental, pero a la vez digerible.
Creo que con eso podemos cerrar, gracias.
Trip Hop puede conseguirse en la tienda oficial de Clubdefans o en distintas librerías de Chile. También tendrá una ventana para conseguirse en Buenos Aires durante la Feria De Editores (próxima a celebrarse entre el 7 y 10 de agosto), pues Clubdefans estará presente ahí. Además, Expectador tiene una reseña del libro en cuestión, que se puede revisar aquí.

