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Hozier en Chile: Las raíces de una noche brillante

Escrito por Rocío Villalón
Fotos por Aarón Castro

Una vez más, Hozier se presentó en Chile, pero esta no fue como las anteriores. Este show fue distinto, porque fue la primera vez que el irlandés se presentó en solitario en nuestro país, además de toda la magia que transmitió en casi dos horas de buena música.

Es increíble pensar en cómo la lírica y la profundidad de miles de poetas se encuentran con un coro tipo gospel y una banda espectacular. Es una mezcla que culmina con la voz del cantante de una manera conmovedora.

Dos brillantes diamantes

La primera encargada de aliviar la espera latente para el acto principal fue Karla Grunewaldt, quien conquistó a un público a lo largo de media hora. La joven era la indicada para abrir esta velada, estaba claro; su música era parte de la magia y seguía el camino a la fogata que se prendería en totalidad un par de horas después.

Era tan refrescante como un río, ella era el agua que necesitaba la gente que quería más.

Algo que fue notable es la puntualidad en la que todo funcionó, todo estaba bien, y así tenía que ser. A las 20:00 horas, Gigi Perez se apoderó del escenario con sus cuerdas imparables y su banda. La cantante no soltó la guitarra en ningún momento, y pudimos escuchar “Please Be Rude”, “Fable”, “Twister”, “Chemistry” y “Sailor Song”.

Gigi podría calificarse como la relación entre el viento y el fuego; este último necesita oxígeno para surgir, así es la música de la cantante. Puede ser un calmante, el cual, en cualquier instante, puede convertirse en fuego con la potencia de su voz.

Florecer y expandirse

Hozier siempre se ha caracterizado por alzar su voz en su arte, en echar raíces para que, en algún momento, pueda florecer y expandirse. Las críticas sociales, llamados de ayuda, y los simbolismos que sus letras tratan lo han posicionado como el hogar de muchos. No le teme a expresarse.

A las 21:00 horas, la banda tomó su lugar en el escenario. Había de todo lo que te pudieras imaginar: violinchelo, guitarras, bajos, coros, triángulo, viola, violín y batería. Solo faltaba el árbol, Hozier.

Después de unos minutos, el protagonista de la noche ya se encontraba en el escenario para abrir con canciones como “De Shelby (Part 1)”, “Jackie And Wilson”, “Eat Your Young”, “Dinner & Diatribes” y “Francesca”. Un buen comienzo para la jornada.

El show estuvo cargado de energía y delicadeza, como las propias canciones del intérprete, que siguieron esta línea: “From Edén”, “Too Sweet”, “Someone New”, “Would That I” y, por supuesto, “Take Me To Church”.

Música como hogar y raíz

Asimismo, Hozier se presentó con un carisma que sacó varias carcajadas entre canciones, como usar Duolingo, y le obedeció a sus fans al soltarse su pelo.

Por otro lado, la magia de ver crecer un árbol se potenció a lo largo de dos horas, las cuales, con buena música y discursos sobre el poder que tenemos con nuestras decisiones, fueron claves para nutrir a los presentes con la exaltación que se vivía.

En este show, todos fueron afortunados. El irlandés tocó “Cherry Wine” en el segundo escenario, lo que hizo correr de un lado a otro extremo de cancha. Finalmente, las elegidas para la despedida, ya en Santiago, fueron “Nina Cried Power” y “Work Song”.

En conclusión, el reciente show de Hozier en Chile no solo marcó un hito por ser su primera presentación en solitario en el país, sino que también reafirmó por qué su música resuena con tantas personas, logrando ser un hogar, una raíz.

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