Por Barbara Conejero
Con una historia y protagonistas locales de San Carlos, Denominación de origen, es la más reciente cinta del director chileno. Galardonada en la reciente edición de BAFICI 2025 (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) con el premio a Mejor Dirección, el largometraje llega a los cines el 24 de abril.
Para Tomás Alzamora, parte de la identidad de su autoría y de su última cinta ha sido el proceso de buscar en la cercanía historias potentes, desapercibidas a simple vista, pero que puedan conectar de mejor manera con las personas. Sin la necesidad de buscar superestrellas, Alzamora afirma: “Las riquezas a veces están más cerca que lejos”.
El sancarlino, además de realizador, es fundador del Festival de Cine Nacional de Ñuble. Es desde esa posición, sumado al éxito que ha significado contar una historia única que transita entre documental y ficción en código de humor, que declara la misión que él y otros realizadores tienen. “Tenemos que hablarles a las audiencias y acercar los lenguajes a nuestros espectadores”.
Denominación de Origen se apoya en el hecho real de la derrota de San Carlos en la clásica Fiesta de La Longaniza de Chillán en 2018. Es a partir de este evento que la cinta retoma un conflicto local que ha existido desde siempre entre los sancarlinos y chillanejos por determinar de dónde viene la longaniza.
Motivados por esta disputa, un viejo productor de longanizas, una activista social, un DJ, un historiador y un abogado se unen bajo el lema “Vecino, Vecina: la longaniza es Sancarlina” para conformar el Movimiento Social por la Longaniza de San Carlos y conseguir la ansiada Denominación de Origen (D.O) que permite la certificación oficial.
Entre los premios más destacados, la cinta ha sido reconocida por el Festival de Cine Chileno de Quilpué como Mejor Película. Por parte del Festival Internacional de Cine de Valdivia, fue reconocida con los premios del público y especial del jurado. Además del reciente reconocimiento por parte de BAFICI.
En conversación con Expectador, Alzamora relata la experiencia de trabajar con actores no profesionales, sello característico de su filmografía, que espera poder seguir haciendo ya que se ha dado cuenta de lo gratificante que es, como también del gran potencial que hay en San Carlos “tierra de actores y actrices”.
También revela la recepción por parte del público extranjero y la clave del balance entre el humor y el mensaje social para conectar con las audiencias.
Quería partir felicitándote por todo lo que has podido lograr con la realización de Denominación de Origen. Tuve el honor de ver la película el año pasado en el FIC Valdivia, el primer festival en el que exhibiste la película. Tu discurso en ese minuto era “De San Carlos para el mundo” y efectivamente se ha cumplido; has recorrido distintas partes del continente estando en los festivales de BAFICI, SDLFF, FECHICH. Es por eso que quería preguntarte: ¿te esperabas este recibimiento?
De cierta manera, uno siempre lo está esperando; no es el primer objetivo, porque también hemos aprendido a bajar las expectativas (…) pero siempre uno espera que se muestren las cosas, y ahí uno va esperando que el universo te dé los pases gol y te ponga en los lugares que a la gente le hace sentido.
También hemos aprendido, con el tiempo y las películas que hemos estado haciendo, que uno tiene que estar donde lo quieren, y en los lugares que ha estado la película nos han querido mucho y eso nos hace muy bien, porque es una película que tiene mucho cariño, y yo creo que ha estado en los lugares que corresponde.
¿Cómo ha sido el recibimiento en el extranjero en ese sentido?
¿Sabes qué? Me sorprendí mucho; hemos tenido dos experiencias en el extranjero: una en Estados Unidos, en San Diego, y fue súper sorprendente porque siento yo que los norteamericanos son mucho más expresivos. Entonces, en las salas se escuchaban ruidos y se reían de otras cosas de las que no nos reíamos nosotros. Y, bueno, comprobamos dos cosas: que el humor funciona y que los subtítulos también funcionan.
Nosotros estuvimos en el Festival de Cine Internacional de San Diego, un festival latino, entonces también hubo conversaciones posteriores a la película súper enriquecedoras respecto a la organización, porque ellos están pasando como latinos una etapa bien compleja con todo lo de Trump.
Y en Argentina funcionó también súper bien (…) risas muy fuertes y muy buena crítica.
Estuvimos leyendo en Internet de distintos críticos y también de estas redes sociales como Letterboxd y en todas las reseñas cinco estrellas, amando a los personajes, así que ha conectado muy bien.
Nos deja muy tranquilos que la película, a pesar de ser algo muy local, conecta tan bien con los distintos públicos y mercados.
Eso demuestra al final lo transversal que puede ser el cine… Ya que hablaste de que es una película muy local, ¿qué expectativas tenías con cómo recibiría la película la gente de San Carlos, que al final son los protagonistas de esta historia?
Ya habíamos tenido una experiencia antes con la película anterior: La Mentirita Blanca, que es mi primera película y que también tiene un gran elenco ciudadano. La verdad, las expectativas con ellos eran que tuvieran un buen proceso, que lo disfrutaran, que se enorgullecieran de lo que están haciendo, que aprendieran y creo que eso se cumplió.
Ya tuvimos la oportunidad de mostrarlo en San Carlos y la gente está feliz y muy agradecida con la oportunidad.
En San Carlos pasan cosas, pero no tantas; entonces, darle la oportunidad a gente que quizás nunca pensó estar en el cine, en la pantalla grande, es algo muy lindo que tiene trabajar con elencos ciudadanos (…) Aquí se me acercan y me dicen: “Gracias por esta oportunidad, mi hija, mi hijo están orgullosos de mí”. Se sienten parte de algo importante.
Es un hecho transformador al final, porque, como tú dices, no son personas que están muchos años de su vida preparándose para estos papeles; llega de manera repentina y los transforma completamente.
Sí, respecto a eso, en la ciudad hicimos un casting masivo durante tres días, donde llegaron más de 200 personas. Y llega una señora y me dice: “Este es el sueño de mi vida, siempre quise ser actriz, nunca pude estudiar, me casé, mi marido nunca me dejó cumplir mi sueño, y ahora que me dejó, vengo a cumplir este sueño”. Y se me quiebra y yo pienso que es muy fuerte trabajar con gente real y natural, creo que tiene una riqueza única, y esa yo la tomo y la pongo en valor en la película y también la trato con mucho respeto. (…) Uno empieza con la idea del chiste, pero, cuando llega gente a cumplir estos sueños de vida, es como que esto tiene que ser más cuidadoso, hay que respetarlos, darles dignidad, no reírse de ellos.
Es un proceso de aprendizaje tanto para ellos como para ti y todo tu equipo. Ya que se trata de personas que de profesión no son actores o actrices, ¿cómo fue el proceso de trabajar los diálogos y la dinámica de poder explicarles lo que tú querías transmitir?
Es una película a la que ellos no tienen acceso al guion. Básicamente, se plantean las situaciones, yo los organizo, armo equipo, grabo los ensayos, los observo mucho y veo quiénes están mejor y quiénes están más sobreactuados.
Hay mucha improvisación… “Improvisación organizada”, podríamos llamarle, y el proceso es súper rico porque la gente se lo toma en serio. Después que improvisan, agarramos lo mejor de la improvisación y lo mecanizamos.
Algo muy representativo de Denominación de Origen, además de sus protagonistas, es el tono de humor que posee a pesar de la temática social que trata. ¿Cómo manejaste el balance entre estos dos elementos?
El humor creo que es mi forma de hablarle al mundo; creo que no tengo otro tono. No soy tan dramático, a pesar de que esta película, pa’ mí es un drama; igual no es tan chistosa. Lo de la longaniza es algo que carga con nosotros; yo soy san carlino, entonces desde muy chiquitito ha sido como “Ah, ¿de dónde eres tú?”, “de San Carlos”, “¿y dónde queda San Carlos?”, “al lado de Chillán”, “ah, sí, Chillán, la longaniza”. Como que San Carlos al tiro desaparece y es todo Chillán.
Para mí el cine es político igual; no puedo pasarme cinco años sin decirle nada a la gente, tratar de comunicarle algo o dejar un mensaje, no podría hacer solo humor. Me gusta esa mezcla del humor porque, al final, la comedia dice la verdad. Me encanta ese contraste, creo que es más cercano a la gente.
¿Cómo ha sido el proceso de crear historias que son diferentes a lo que se está acostumbrado a ver?
Siempre les recomiendo a mis alumnos, ahora que estoy haciendo clases, que uno, más que ir a buscar afuera historias, uno tiene que ir hacia dentro. Ir a la esencia de uno y también descubrir quién es uno realmente, qué le gusta.
Creo que por eso hay algo tan distinto, porque no busca nada, sino que solamente conectar con la esencia, con lo nuestro, con lo que está aquí al lado, con mi casa, con la gente que conozco.
Denominación de origen ya se encuentra disponible en cines logrando ya mas de 25.000 espectadores a lo largo de todo Chile.
Es una película familiar en la que lo van a pasar muy bien. Es una película muy entretenida, con un ritmo muy ágil, fresca y muy chilena. Van a ver a sus personajes del barrio y, al mismo tiempo, creo que va a ser un buen espacio de reflexión para que, como sociedad, veamos qué cosas podemos mejorar.
