Live Reviews

Los Bunkers en Teatro Nescafé de las Artes: Diferente forma, mismas (grandes) canciones

Escrito por Alex Castillo
Fotos por Bárbara Hernández

Después de un exitoso paso por México, Los Bunkers completaron su segunda noche de residencias en un Teatro Nescafé agotado, entregando la increíble experiencia del MTV Unplugged en un formato más distendido, que los perfila en su mejor momento desde el regreso, pero desaprovechando la oportunidad de expandir en el repertorio.

Cuando salió a la luz el anuncio de que Los Bunkers grabarían su propio MTV Unplugged nacieron en mí dos preguntas. La primera: ¿por qué no se los habían ofrecido antes, cuando estaban en la cúspide de su fama pre-receso? Y la segunda: ¿cómo es posible que hayan pasado más de 20 años sin que otra banda chilena tuviera la oportunidad de hacer un unplugged? Dejo las incógnitas abiertas a discusión, creo que dan para mucho más que un apéndice en una reseña.

Lo que pasó, pasó, dice la canción y, después de un regreso más que triunfal a las pistas, Los Bunkers se transformaron —merecidamente— en la tercera banda nacional en ser parte de los desenchufados de MTV. 

Un logro que no fue desperdiciado en lo absoluto y que nos dejó, además de una grabación cinematográfica y un álbum destacable, un interesante documental y una gira acústica que incluyó el paso de la banda con este nuevo formato por México y una residencia de 25 fechas en el Teatro Nescafé de las Artes en Santiago, donde me encontré cara a cara con la #ExperienciaMTVUnplugged de Los Bunkers en la noche del 12 de abril, segunda fecha de la residencia.

Dulce y Agraz, mi corazón por ti responde

De Concepción al mundo y del poema al ritmo pop, Dulce y Agraz fue la invitada estelar de las dos primeras jornadas de Los Bunkers en el Nescafé, así como de tres fechas en el Teatro Metropolitan de México.

Con una propuesta de pop suave y sintético, que contrastó de la mejor de las formas con el espíritu acústico de los teloneados, la chilena no tardó en ganarse a un público intergeneracional que poco a poco, durante su presentación, fue llenando las butacas del recinto. No necesitó más que un micrófono, pistas y buenas canciones para dejar en claro su nivel como artista, contando con un repertorio que le ha permitido atravesar una década en la música y radicarse, con éxito, en México.

Quizá el momento más lindo de su show fue al momento de cantar “Cuándo y Dónde”, su más reciente sencillo, donde aprovechó la conexión que hizo con el público para instarles a cantar con ella las respuestas en el coro, un ejercicio de carisma y presencia escénica que coronó lo que fue una corta pero muy agradable introducción a la velada.

MTV Unplugged: en vivo

Si algo quedó demostrado desde que regresaron, y antes incluso de que se fueran, es que Los Bunkers comparten varias cualidades con las grandes y reconocidas bandas nacionales y mundiales, entre ellas la capacidad de siempre cautivar corazones jóvenes por más años que pasen. Hacer música que no solo perdura en el tiempo, sino que pasa de generación a generación.

Así como fueron el soundtrack adolescente de quienes, allá por comienzos del milenio, descubrieron en Los Bunkers un espacio de cobijo e identificación, también lo fueron para mí y varios otros que fuimos lolos en la década pasada. Hoy lo son para toda una nueva camada de adolescentes y niños, que formaron parte importante del público de la noche, acompañados por sus padres que, en más de un caso, deben ser bunkeritos veteranos.

En un Teatro absolutamente copado, no fue sorpresa de nadie el estallido de gritos y aplausos que se produjo apenas se abrió el telón. Sobre el escenario, el montaje era el mismo del MTV Unplugged, desde el trazado hasta las lámparas de vidrio, y la formación extendida de Los Bunkers —con una Cancamusa muchísimo más cómoda y confiada en su posición de baterista oficial— no se queda corta con la denominación de “orquesta”.

Lo que vino fue una velada de festejo y canto, de Los Bunkers al público y del público a Los Bunkers; un repaso por un setlist híbrido entre los grandes éxitos del Unplugged y otros grandes éxitos que son parte del repertorio “enchufado” de la banda, sin mucha irrupción de cortes más oscuros de su discografía. Para prender desde el inicio: “No me hables de sufrir”.

Es cosa de escuchar las interpretaciones para notar que Los Bunkers están en uno de sus mejores momentos musicales. Desde la impecable voz de Álvaro, que no quebró en ningún momento, hasta la exhaustiva labor de los nuevos multi-instrumentistas que acompañan a la banda en el acordeón, el theremin, teclado, órgano, charango y así un largo etcétera de instrumentos que añadieron capas y capas a la música —¡aplausos al Cuarteto Austral!—. Gracias a esto, himnos beatlescos, como “Las cosas que cambié y dejé por ti”, se revistieron de sazón y sentimiento latinoamericano para darle una frescura muy apreciada.

Más allá de la emotiva interpretación de “Canción para Mañana”, muy bien acoplada a este sonido acústico —pero masivo en matices— que contó con la misma integración de “Al final de este viaje” de Silvio Rodríguez que en el Unplugged, se agradece la incorporación de “La Exiliada del Sur” directamente desde La Culpa (2003), una canción que resalta por completo en el formato y que es, al igual que “Calles de Talcahuano”, un homenaje musical a las raíces folclóricas que corren por las venas de Los Bunkers y de Chile.

Nada nuevo bajo el sol

En un momento de la presentación, la banda comentó que trabajar este nuevo formato les permitió ahondar en la discografía que vienen armando desde el año 2000 y el setlist, de cierta forma, lo reflejó. Al menos en lo que respecta a los hits que han estrenado en sus veinticinco años de trayectoria, revisitando temas del estilo de “El Necio” y  “Quien Fuera” de su álbum Música Libre (2010), “Si estás pensando mal de mí” de La Velocidad de la Luz (2013), y otros clásicos como “Miño” de Canción de Lejos (2002) y “Yo sembré mis penas de amor en tu jardín”, del homónimo (2001), además de dar espacio a temas del álbum Noviembre (2023), su último hasta la fecha.

Que haya sonado “Me muelen a palos”, quizá una de las canciones “no tan conocidas” de la banda, —proveniente de Barrio Estación (2008)— planta una semilla de incógnita: ¿por qué no darle el mismo foco a otros deep cuts de la amplia discografía de Los Bunkers?. Si se comparan los setlists del Unplugged con lo que viene tocando la banda desde el regreso no hay mucha diferencia entre las canciones, obviando la eliminación de aquellas más rockeras. Este no deja de ser un show de “Grandes Éxitos”, muy bien reversionados y con un sonido espectacular, pero “Nada nuevo bajo el sol”.

Se entiende que la idea es replicar la experiencia del MTV Unplugged y que, además, los shows se planifican para todos, no sólo para los fanáticos acérrimos, ¿pero qué tipo de fanáticos son los bunkeritos sino acérrimos amantes de la música de los penquistas? Creo que esta residencia en el Nescafé, que los tendrá por meses sobre el escenario del Teatro, es una oportunidad perfecta para meter mano en el baúl de los recuerdos y traer de vuelta canciones que fácilmente se pueden acoplar a este formato musical, incluso hacerles justicia, como “Culpable” de La Culpa (2003) —¡tenían todos los instrumentos ahí!— o “Canción de Lejos”, del disco del mismo nombre (2002), y un montón de otros temas que, por una u otra razón, han tenido la desdicha de ser olvidados en el en vivo.

Fueron aproximadamente dos horas de música, interrumpida únicamente por el cambio de instrumentos hecho de forma eficaz por un esforzado equipo técnico al que hay que aplaudir. La buena onda del grupo, los chistes fugaces y el agradecimiento a los fanáticos más jóvenes antes de cantar “Una Nube Cuelga Sobre Mí” marcaron una velada que nos entregó un estupendo formato nuevo para la banda, pero las mismas —aunque excelentes— canciones.

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