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Alex Anwandter en Teatro Caupolicán: La intensidad de lo divino

Escrito por Rocío Villalón

Foto por María José Muñoz

Rebelde, audaz y teatral. Alex Anwandter no decepcionó la noche del 11 de abril en el Teatro Caupolicán, ofreciendo un show de otro nivel a su público. El cantante demostró, una vez más, por qué sigue siendo uno de los grandes referentes de la escena contemporánea chilena.

Anwandter es mucho más que un artista: es un referente identitario, cultural y social. Su música ha sido refugio y compañía para miles de personas, muchas de las cuales se encontraban presentes esa noche, coreando cada canción con el alma, como si en cada verso se encontraran a sí mismos.

Su fusión característica de synthpop con toques de funk hace que sus canciones resulten hipnóticas y adictivas. Pero verlo en vivo es una experiencia completamente distinta: es intensidad pura, teatralidad brillante y emoción a flor de piel. Es algo que no se puede describir con palabras exactas; simplemente hay que vivirlo, al menos una vez en la vida.

Primero la solemnidad

Cerca de las 20:00 horas, Alex salió a escena con un traje impecable y un cigarro en mano. Acompañado por una banda espectacular, dio inicio al show con “Te enamoraste”, seguido por “Fin de semana en el cielo”, “Malinche” y “Tatuaje”. Esta última marcó un momento íntimo y especial, ya que no la había interpretado en mucho tiempo, lo que generó una conexión inigualable.

Momentos más cálidos llegaron de la mano de la guitarra acústica de Alex Anwandter, cuando, solo con su voz y esas seis cuerdas, interpretó “Cordillera” y “Axis Mundi”.

El show se dividió en dos bloques: uno más solemne, centrado en baladas de desamor, y otro completamente explosivo. Al cierre del primer segmento, se vivieron momentos intensos con canciones como “Tormenta”, “Dime Precioso” y “Vanidad”.

Segundo lo explosivo

Tras una breve pausa, Alex y su banda regresaron como un torbellino: con nueva vestimenta, actitud encendida y desbordada. El segundo acto estaba por comenzar, y no dejó nada en su camino.

El Teatro Caupolicán se transformó en una pista de baile total. No solo la cancha: también los dos pisos estaban completamente de pie, bailando sin miedo, sin pudor, con la rebeldía a flor de piel. Era una celebración colectiva de la libertad.

Este segundo bloque arrancó con “Pueblo Fantasma”, seguido de “No te puedes escapar”, “Precipicio”, “Unx de nosotrxs” y “Ahora somos dos”. Los sintetizadores estaban en su punto más alto, los coros estremecían, y la banda vibraba con precisión quirúrgica.

Más que un concierto

La iluminación también fue protagonista: un trabajo visual notable que acompañó cada canción como si fuese una extensión de la música misma. Luces, colores, movimientos, todo estaba en sintonía para generar un impacto emocional y sensorial difícil de olvidar.

Entre los temas que desataron la locura del público estuvieron “Traición”, “Shanana”, “Locura”, “Siempre es viernes en mi corazón” y “Como puedes vivir contigo mismo”. Verdaderos himnos que encendieron a todos los presentes, haciendo saltar a todo el Caupolicán al unísono.

La noche fue un viaje emocional completo, intimidad, desamor, baile y éxtasis. Un carrusel de sensaciones orquestado con precisión. Alex Anwandter nos regaló una montaña rusa de emociones a través de 26 canciones, cada una con su propia historia y con su propio significado.

Fue más que un concierto, fue una ceremonia de identidad y catarsis. Un recordatorio de por qué su arte sigue siendo imprescindible en la música chilena y latinoamericana. Fue una noche que no solo quedará grabada en la memoria de quienes asistieron, sino que se sumará con fuerza al legado que Anwandter continúa construyendo.

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